Capítulo 33. Belisa
Belisa
Miro el móvil cientos de veces cada vez que el trabajo me lo permite. Un cliente importante se ha marchado, tras una reunión con Defin, y estamos buscando como locos más clientes y haciendo propuestas de campañas nuevas a los que tenemos.
Bueno, eso de «estamos haciendo» es demasiado genérico. En realidad, yo voy como loca haciendo todo y me toca quedarme horas extra. Me las van a pagar, dicen, pero no sé si está pagado trabajar tanto, casi sin tiempo para comer.
Cuando acabo y puedo irme paso por la cafetería, ya cerrada.
¿Y qué esperaba? Esperaba ver a Sedrik. Me gusta mucho, más de lo que nunca me ha gustado nadie, y me pasé esos días dando vueltas a que yo no estaba a la altura de él.
Portia me echó la bronca y me dijo que dejara de hacer eso.
Que yo era increíble. Y que no podía dejar que un pasado de mierda con gente que nunca me supo apreciar me hiciera perderme de nuevo.
Me costó, pero reuní el valor para presentarme antes de que abriera para verlo.
Ser amigos es lo mejor mientras aunamos los dos mundos, el real y el de la ficción.
Se han caído las máscaras y debemos saber si podemos ser los mismos.
El problema es lo mucho que lo deseo. Esta mañana hubiera dejado que me hiciera lo que le diera la gana mientras estaba en la mesa de la cocina.
Mi sexo aún recuerda el leve roce de sus dedos.
Llevo todo el día ardiendo por eso y por la promesa de algo más placentero en su mirada.
Saco el móvil de camino a mi casa y veo que tengo un mensaje de él:
Sedrik: ¿Qué tal el día de trabajo? ¿Vemos una serie esta noche?
Belisa: Acabo de salir de trabajar y tengo que pasar a comprarme algo de cena.
Sedrik: Vaya… Mi casa está de camino a la tuya. Puedo compartir mi cena.
Belisa: ¿Me estás pidiendo que pase a por la cena y hasta mañana, o que me la coma contigo?
Sedrik: Dejo que elijas. Ya sabes que me encanta cuidar de ti.
Me manda la dirección y cuando la busco en el móvil veo que estoy a dos calles.
Nerviosa, voy hasta allí y cuando llego toco a la puerta.
Se abre y aparece Sedrik con un delantal puesto y una sudadera.
Lo miro. Solo lo miro, y él a mí. Y el deseo que siento por este hombre explota en lo más profundo de mi ser.
Si antes lo deseaba, ahora mucho más. Mi cuerpo grita que me acerque y haga realidad todas mis fantasías con él. Pero no hago nada, solo lo miro, porque tengo miedo de hacer algo y estropearlo.
Era más valiente tras una pantalla. Soy como toda esa gente que se crece cuando el dedo escribe y nadie mira.
Sus ojos dorados me estudian. Mientras entro, me ayuda a quitarme la chaqueta vaquera. Su casa es acogedora. Papel pintado y una decoración anticuada. Habla de él y a la vez no. Es como si algo no encajara aquí.
—Esta casa era de una tía de mi madre. La vendió a buen precio —da vueltas a lo que sea que tiene en el fuego— y la compré. He cambiado algunas cosas, pero me gusta que tenga un aire de vida pasada. Aun así, sé que no es mi hogar definitivo. No me encuentro a mí en esto.
—Te entiendo. Yo vivo en una casa vieja, que se cae casi a pedazos. Cuando pueda tener dinero, o tendré demasiadas canas o habré perdido la esperanza de encontrar la casa de mis sueños. Nunca se sabe.
—Seguro que eso pasa antes, eres muy buena en tu trabajo. —Muerdo mi boca y su mirada se posa en ella. Joder, si me mira así voy a arder.
Me cuesta tragar recordando cómo me daba órdenes, cómo mi cuerpo se excitaba por él. Aún más ahora, al saber que era él quien miraba mis fotos.
¿Amigos? No sé cómo hacerlo, con lo que siento cuando me mira así.
Por eso me concentro en la casa, y Sedrik en la cena. Como lo haga en sus manos, las voy a ansiar recorriendo los contornos de mi cuerpo o haciendo realidad cada una de las fantasías que creamos.
La casa, Belisa, la casa.
Es bonita, ha puesto cosas nuevas, más modernas, pero quedan muy bien entre lo que ya estaba y que fue parte de una vida seguramente feliz. Se nota que ha tirado paredes para hacerlo todo más diáfano, y la isla de la cocina comunica con el salón.
Nos miramos de reojo y no digo nada. Pero es tomar aire y su perfume me atonta los sentidos.
—¿Cómo sabías dónde vivía? —Mira mi boca y luego aparta la mirada.
—Lavi me dio tu dirección para lo de la caldera y fui a ayudar con la reparación. —Por cómo lo dice, sé que no solo ayudó.
—¿Lo pagaste?
—Déjalo estar.
—Pero…
—Me gusta cuidar de ti —repite.
De nuevo nos miramos como si quisiéramos devorarnos las boca. Joder, es que es lo que quiero. Por eso voy al frigorífico y veo qué tiene puesto en él, para distraerme y no joderlo todo, porque es mirarlo y perderme en lo que siento.
—Luego te acompaño a casa.
—Vale.
—Empiezo a pensar que te pone cuidar de mí. —Me apoyo en la encimera cerca de él.
—Tal vez sí. —Mi sexo tiembla por cómo lo dice, y más cuando enfría lo que tiene en el fuego y me da a probar. Mis ovarios dan una sacudida por cómo me mira la boca mientras como.
—Estas muy bueno…, digo que… la comida está buena.
—Cobarde.
—Los dos lo somos, ¿no? —Asiente y sigue con la cena—. Gracias por la comida y por todos los cafés.
—No es nada. Me gusta hacerlo.
Ponemos la mesa y decidimos cenar delate de la tele para ver la serie.
El salón es pequeño, pero acogedor y calentito.
Tiene una manta rosa fina que me pongo sobre las piernas, sonríe y se sienta a mi lado.
Nuestras piernas se tocan. Los latidos de mi corazón se aceleran y cuando me giro me está mirando de una forma que no sé descifrar.
Nunca nadie, en toda mi vida, me ha mirado así. Entre deseos de quitarme la ropa y devorarme lentamente.
Sedrik
Sabía que tenerla en mi casa sería bueno, pero está siendo mejor. Ella llena de vida este espacio que a veces se me antoja demasiado silencioso. Lo malo es recordar que vamos despacio y no ir hacia ella y coger su cara entre mis manos para comerle la boca. Joder, la deseo demasiado.
La miro de reojo mientras cenamos. Su perfume me vuelve loco, y la ropa que lleva. Esa falda que sé que esconde su fuego. Quiero arrodillarme a sus pies, separar sus muslos y bajar lentamente sus medias mientras su sexo se contrae de placer.
Esa manta fina que ha cogido la compré pensando en ella.
Un impulso, cuando la vi en una tienda de decoración.
Me recordó a ella, la empleada me dijo si la quería, y como me sabía mal decir que no, la compré.
Y aquí está. No esperaba que Belisa, un día, se la pusiera sobre sus piernas y me mirara con esa dulce sonrisa cargada de ilusión, alegría y vida.
Podría pasarme horas mirándola, sobre todo porque hablar con ella delante se me antoja siempre muy complicado.
Empezamos a cenar tras poner la serie y la va comentando. Al acabar la cena recojo los platos y me ayuda a fregar. Es demasiado fácil tenerla aquí. Sentirla a mi lado. Es demasiado perfecto y eso no sé si me gusta o me altera.
Se mueve y la manta se le cae cuando regresamos al sofá a ver algún episodio más. Puedo ver sus ligas bajo la falda algo subida. No puedo apartar la mirada de sus muslos. Cuando la miro a la cara, tiene la boca entreabierta y la respiración agitada. Está necesitada y a mí me encanta cuidar de ella.
Junta los muslos y estoy perdido.
—El sexo solo lo puede complicar todo. —Acerco mi cabeza a la suya.
—Tal vez… ¿Y si solo fuera una vez?
—Es mejor que te acompañe a casa. —Su boca está muy cerca de la mía.
Tomo aire y su perfume me hace olvidarme de todo. Y de todas las razones por las que dar un paso más ahora puede echarlo todo a perder cuando sepa lo que le oculto y mis mentiras.
Y una parte de mí sigue en esa cueva donde me metí tras lo de Salma para no sufrir por nadie de nuevo. Veo la desilusión en sus ojos cuando no hago nada por besarla. Joder, no puedo alejarme de ella cuando la tengo así de deseable en mi sofá.
Su boca me tienta y al final no puedo resistirme al néctar de sus labios.
El beso empieza lento, pero pronto se nos va de las manos. Se ha quitado los zapatos y me pasa una pierna por la cadera mientras yo me acomodo entre sus piernas para devorar mejor su boca. Joder. Estoy perdido en ella. En su cuerpo caliente bajo el mío en este sofá.
Se frota contra mí notando la dureza de mi excitación.
Nuestras caderas se mueven buscando alivio.
Voy a explotar, y solo nos estamos besando.
Mi boca se adentra en su boca. Tiro de la suya con mis dientes y luego la chupo.
Ella hace lo mismo. Estoy perdido. Noto el calor de su cuerpo traspasar sus finas bragas.
Se roza contra mí de arriba abajo buscando alivio.
Beso su mentón y voy bajando mis besos por su cuello.
Quiero sus pezones duros en mi boca…, lo quiero todo.
Subo la mano y toco sus turgentes pechos sobre la ropa.
—Sedrik… —me suplica, y eso hace que me pierda.
—¿Necesitas correrte? —Muerde su labio y lo chupo con mi lengua—. ¿Quieres que te toque con mis dedos? —Asiente. Subo mi mano por el interior de su muslo, donde mi boca se muere por estar—. Habla, Beli, dime dónde quieres mis dedos.
—Quiero que me toques el coño. —Gruño y sonríe.
La beso en la boca y llevo mis dedos a su sexo sobre la ropa interior.
—¿Todo esto es por mí? —Pregunto lamiendo su boca al notar la humedad traspasar la tela.
—¡Sí! —Paso los dedos por su humedad sin quitarle la ropa—. Te necesito…
—No esta noche… —Lamo su boca—. Pero te daré algo, por lo mucho que me gusta cuidarte.
Froto mis dedos sobre su ropa mojada. Es de encaje y seguro que transparente. No debería, pero me aparto lo justo para ver mis dedos frotándose contra sus bragas. Son de color negro y sí, transparentes. Atisbo a ver lo justo de su sexo para que se me nuble la mente.
Es preciosa.
Con esos labios rojos por mis besos y el pelo sobre los almohadones. No me canso de mirarla. Ojalá pudiera ofrecerle todo, pero no sé cómo hacerlo sin estropearlo por no estar listo.
Muevo mis dedos viendo como sus ojos castaños se nublan por la pasión.
Los muevo cada vez más rápido, perdido en ella.
En los ruidos que hace y cómo se va sonrojando cada vez más.
Quiero tocarle el sexo. Adentrar mis dedos en su interior, pero si lo hago no podré dejarla ir. Ya me cuesta horrores viéndola así.
Por eso aumento la fricción hasta que se corre con fuerza y es lo más hermoso que he visto en mi vida.
Cierra los ojos y la beso dulcemente. Nos quedamos abrazados un rato.
No puede moverse y yo no quiero hacerlo si esto la aleja de mí.
Solo un poco más, me digo mientras se aferra a mí como si fuera su salvavidas.
Pero todo llega a su fin.
—Te acompaño a casa. —Abre los ojos de golpe y mira mi polla presionando contra el pantalón—. Esto era solo para ti.
—Sedrik…
—Es mejor así.
Me levanto y le dejo espacio para que se ponga las botas. Cuando regreso está en la puerta, aún sonrojada, y no besarla de nuevo me cuesta horrores. Solo el peso de la mentira hace que abra la puerta para irnos en lugar de arrastrarla hasta mi cuarto.
Su casa no queda muy lejos y caminamos en agradable silencio. Cuando nos cruzamos con varios hombres que andan por las calles desiertas, se pega a mí buscando protección.
—Lo malo de tener tanta imaginación es que veo peligros en cada sombra.
—Es un don.
—Sí, lo es. Al principio pensaba que lo que me gustaría sería ser dibujante gráfica, pero tras hacer un curso, y como mi madre tiene una tienda de diseño gráfico, me di cuenta de que no era lo mío.
Luego intenté componer historias, pero solo me gustaba escribir la escena erótica —sonríe descarada—, tal vez por mi frustración sexual —a pesar de la oscuridad veo como se sonroja—, y luego me di cuenta de la fuerza que tenía la publicidad en redes hoy en día y cómo una buena campaña puede hacer a alguien famoso de la noche a la mañana.
Empecé a estudiar sobre eso y me gustó el reto de superarme.
—Pero tu trabajo… no te llena.
—No, no me llena. Cuando empecé, tras acabar la carrera, pensé que tenía mucha suerte.
Y además, Defin se interesó por mí y dije, trabajo y novio, todo en uno.
Pero pronto él empezó a delegar todo en mí.
Y como novio era peor. Pero no fui yo quien lo dejó.
Es como si siempre esperara que las cosas mejoren si tengo un poco de paciencia.
Y me dejan con las excusas más tontas y toda la rabia que siento se queda ahí.
—Llegamos a su casa—. En verdad es mi culpa, si cuando algo te duele no lo dejas salir y te callas.
Al final eso hace herida, y es complicado explicar luego por qué te dolió tanto callarte cada vez que te defraudaron.
La entiendo, la entiendo muy bien. Porque en mi caso, para no hablar y estropearlo todo más me guardaba para mí todo lo que me molestaba.
—Debes cambiar eso.
—Lo sé. La próxima vez diré todo lo que piense. En todos los aspectos. —Sé que habla del plano sexual.
—Es importante que nunca más escondas tu fuego. A mí me gustó ver como te dejabas llevar en la app o en mi sofá.
Nos miramos y no sé cómo cortar esta noche que no quiero que se acabe. Al final lo hace ella, como si hubiera notado todas mis dudas en mis ojos, y, tras darme las gracias y prometerle que le escribiré cuando llegue a mi casa, se marcha a la suya.
Regreso a mi casa y al entrar su perfume a flores sigue impregnado en el aire. Miro la manta que ha usado y pienso en lo mucho que una persona es capaz de removerte por dentro.
Lo triste es que sé que al final haré algo que seguro lo estropea todo.
Como no contarle que soy el jefe de RHC.
Y como no saber cómo ser el hombre de la app cuando la tengo delante.
Ella no es la única que esconde una parte de sí misma al mundo.
Todo era más fácil cuando solo jugábamos en la app.
Porque ahí pensaba en irme cuando las cosas se pusieran feas, y ahora quiero ser fuerte para no irme de su lado.