No debí hacer match contigo Capítulo 32. Sedrik
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Capítulo 32. Sedrik

Sedrik

He salido a correr temprano; necesitaba pensar en todo, especialmente en lo que pasó con Belisa.

En ese beso que no para de repetirse en mi mente, y en su foto.

Me costó mucho no ir a su casa y mandar todo a la mierda.

Quiero hacerla mía con tanta fuerza que temo volverme loco si no lo hago pronto.

El problema no es lo mucho que la deseo o las ganas que tengo.

Es el secreto que aún hay entre los dos.

Dolerá más si pasa algo más. Pero tampoco confío en ella tanto como para dar un paso tan grande aún.

Tras darme una ducha voy temprano a trabajar.

Las calles parece que despiertan. Me encanta esta hora.

Cuando toda la ciudad parece toda para mí.

Cuando puedo escuchar mi respiración sin el ajetreo de los coches o de la gente corriendo de un lado a otro.

Estoy a punto de llegar a mi cafetería cuando una mancha rosa me hace alzar la cabeza.

Belisa está ahí plantada, congelada y mirándome con intensidad.

Aunque hace mejor tiempo, a estas horas refresca y su camisa rosa no parece calentar demasiado.

Lleva una falda negra ajustada que resalta su culo.

Ese culo redondo y tentador que me pone tanto.

Y unas medias azul clarito. Seguramente atadas a sus muslos.

Solo pensarlo noto como mi polla da un respingo, y más al recordar sus fotos.

Su cuerpo sonrojado… Joder, tengo un problema si no quiero ir hacia ella y seguir donde se quedó ayer nuestro beso.

—Buenos días. He llegado temprano, puedo esperar a que abráis. Quería verte antes de que pasaran más horas sin saber si todo había cambiado para siempre. —Muerde su boca y alzo la mano para cogerle el labio y tirar de él.

—Todo está bien, Belisa —paso los dedos por su labio inferior—, no voy a cambiar contigo.

La miro: está agitada, nerviosa y helada.

Y jodidamente preciosa. Podría perderme horas en sus ojos castaños.

—Vamos.

Entramos y voy a preparar todo para abrir y encender las luces tras quitarme la chaqueta.

Cuando regreso veo el liguero sujeto a sus medias.

Joder, esta imagen me enciende y mucho. Es muy sexi.

Y más si sé lo que lleva debajo. Cuando me mira estoy acalorado solo de imaginarme pasando mi mano por el interior de sus cremosos muslos…

—Es raro verte aquí y saber que eres el mismo hombre de anoche y el de los mensajes. No es que no me guste. Me gusta todo lo que estoy conociendo de ti. Siento que hay muchas cosas que saber de ti, ahora que hemos dejado las cartas sobre la mesa.

—No todas, Belisa, hay cosas que no puedo contarte y temo que un día me las eches en cara.

—¿Y si te tomas tu tiempo para poder ordenar tus pensamientos sin miedo a darles voz ante mí? Yo también necesito tiempo para no boicotearme a mí misma.

Sus ojos castaños se iluminan. Me está dando una salida para contarle todo cuando esté preparado.

—Vale. Puedo intentarlo.

—Y yo tener paciencia. —Sonríe y sé que estoy perdido. Ya es tarde para evitar enamorarme de ella algún día. Estoy cayendo sin remedio en lo que siento cuando la tengo cerca.

—Me ha costado mucho dar este paso —admite—.

Estar así contigo, viendo unidos a Mocca y Sedrik en la misma persona…

Aunque en el fondo esperaba que Moca fueras tú, por eso sabía que, si no lo eras, lo mío con él había llegado a su fin.

—Veo la fuerza en sus ojos castaños. Ese brillo y ese miedo—.

Lo supe cuando me trajiste el café. Era raro que estuvieras ahí sin saber de mi mensaje y esa posibilidad cobró fuerza en mi pecho.

Porque, sin yo quererlo, te había imaginado como Mocca.

—Su confesión habla de lo valiente que es.

—No te rindas nunca, Beli. —Porque yo a veces no sé cómo luchar por lo que siento. Pero esto no se lo digo. Solo la miro y acaricio su cuerpo con mi mirada.

Quiero acariciar su boca de nuevo. Pero mejor esperar… Me aparto y me pongo a preparar todo tras ponerle su mocca .

Preparo las galletas, ya congeladas en bandejas, mientras la observo de reojo.

Las meto al horno y cuando me giro su mirada es ardiente.

Sé que está recordando el beso. Yo no puedo dejar de pensar en él y en su foto.

Ando hasta ella, no sé si para pedirle que pare o para rogarle que nunca deje de mirarme así.

—Sedrik… —Mi nombre en sus labios parece una súplica.

La acorralo contra la mesa y se apoya en ella. Abre las piernas y me deja asomarme dentro. Mi mirada va a su falda, que se sube y muestra su liguero de color negro. El encaje de sus medias me vuelve loco, así como sus muslos.

Acerco mi nariz a la suya, absorbiendo su aroma.

—Quiero hacer las cosas bien. —Llevo mi mano a su liguero y tiro de él—. Pero es difícil si te tengo así. No sabes cómo me pones. —Apoyo mi frente en la suya.

—¿Y si yo no quisiera que te retuvieras?

—Beli…, quiero hacer las cosas bien. —Quiero no sentirme mal por mentirte…, pero esto no se lo digo, mientras su boca me llama.

Subo la mano que tengo en su liguero lo justo para sentir el calor de su sexo.

Su mirada se hace más vidriosa. Se mueve y mis dedos tocan su sexo lo justo para que a ambos se nos escape un gemido.

Todo esto era más fácil cuando podía desaparecer de su vida sin arrepentirme por no contarle todo de mí.

Pero ahora es real. Y la deseo tanto que duele.

—Beli…

Va a decir algo, pero escuchamos a Lavi y Malem. Se baja de la mesa.

—Sal fuera, ahora te llevo algo de comer.

—No puedes evitar cuidar de mí.

—No, no puedo, me encanta darte de comer. —Su mirada se pone vidriosa y su respiración se acelera. Cuando entreabre la boca sé que estoy perdido. Ser su amigo va a ser una puta tortura, porque mis dedos no dejan de recordar lo cerca que han estado de su sexo.

* * *

Belisa se está tomando un café mocca mientras trabaja. He salido a mirar qué hacía mientras metía al horno las galletas que tenía ya listas, congeladas, a falta solo de hornear.

—¿Habéis arreglado las cosas? —pregunta Malem.

—Sí.

—Bueno, entonces hoy eres un poco menos idiota.

—Opino igual, aunque aún puede cagarla —añade Lavi.

—¡A trabajar! —les digo, y se ríen.

Los nuevos trabajadores no tardan en llegar. Belisa se marcha a su trabajo y cuando entro en mi despacho me llega un mensaje suyo:

Belisa: He tenido que subir a trabajar, mi ex estaba como loco al teléfono. ¿Hablamos luego?

Sedrik: Será un placer.

Miro el móvil un rato, y cuando Lavi entra estoy como ido.

—No tiene por qué salir mal.

—Ya, esa frase no me da ánimos. —Sonríe—. De momento solo vamos a ser amigos.

—Va a ser gracioso ver cómo aguantas las ganas de ponerle las manos encima. —Lo fulmino con la mirada y se ríe.

Luego me dice que los trabajadores están contentos con esta nueva ubicación. Hemos tenido que cerrar un local y toca buscar otro. Por eso me pongo manos a la obra y me marcho a mirar algunos. Ninguno me llama. Ninguno me hace sentir nada.

Hace tiempo que dejé de hacer las cosas por hacer en mi negocio. Si hacía algo tenía que poner el alma, y para ponerla necesitaba sentir una chispa al mirar el local y verme ahí. De momento, eso no ha pasado.

Me tienta escribir a Belisa, pero lo dejo pasar y sé que eso es signo de que esta amistad nos va a costar.