No debí hacer match contigo Capítulo 31. Sedrik
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Capítulo 31. Sedrik

Sedrik

Observo a Belisa con Gunther. Él conoce esta historia.

Fue él quien me propuso dar este paso. Ir más allá.

Dejar de usar la app como escudo. Si tenía dudas, cuando le subí el café y me miró con tanto anhelo supe que quería decirle la verdad.

Dar un paso más. Dejar de esconderme, aunque haya partes de mí que me da miedo revelar.

Sobre todo tras ver a Salma con su marido.

No porque siga sintiendo algo por ella, sino porque al mirarla veo el precio que se paga para guardar tus secretos.

Ellos están aquí gracias a mí. Todo lo que tienen es gracias a mí.

No quiero pasar por eso de nuevo y, aunque Belisa parece diferente, hasta el último instante también pensé amar a Salma y creí en ella.

Pero aquí estoy, con una mujer preciosa y única que sonríe cuando Gunther le dice algo mirando un vestido de plumas blancas.

Por la cara de Belisa es evidente que le gusta.

Gunther piensa que es horrible. No los escucho, pero sé que están debatiendo sobre el vestido mientras su mesa no para de llenarse de canapés y comida.

—Yo me quedo con ella —me dijo al teléfono—. Tú haz tu magia como jefe infiltrado para esa nueva sección de productos salados y yo la cuido.

—Eso si no sale corriendo cuando sepa que soy yo.

—Bueno, por tu cara tan fea, seguro —se rio. Y aquí está. Haciendo la velada más fácil para los dos.

Él sabe lo que me pasó. Se quedó ahí, aunque no hacía falta. Fue un amigo cuando yo no quería serlo de nadie. Tres años, joder, tres años he tardado en tener una cita. En salir con alguien, y para hacerlo primero he necesitado ser Mocca.

Nuestras miradas se cruzan entre este mar de gente y por primera vez en tres años tener a Salma cerca no me incomoda tanto. Solo me recuerda cómo puede cambiar todo. Pero Belisa hace que me olvide por un momento de todo eso.

Tardo más de lo que esperaba en volver a su lado. Gunther y ella están probando el postre y, a juzgar por la cara de Belisa, no le gusta nada. Intenta disimular, pero no lo logra.

—Está muy malo, amigos, solo hay que ver su cara. —Gunther le da un beso en la mejilla—. Lo has hecho genial.

Gunther me mira y guarda el móvil. Se aleja y dice que va a por algo de beber.

—Me cae bien —opina Belisa—. Y por su culpa me aprieta la falda. —Toca su estómago y miro sus manos. Gran error, porque imagino las mías recorriendo sus curvas.

Llevo semanas obsesionado con ella, con sus fotos, con verla cada día. Y ahora está aquí, y nuestros mundos se han unido. Quiero perderme en ella, en su cuerpo, hacerla gemir mi nombre con fuerza.

—Tu ex no deja de mirarnos, creo que no se cree que seas mi novio.

Noto las dudas y los miedos en sus grandes ojos castaños. Odio a cada persona que la convenció de que no era digna de cualquiera. Que puso ese dolor en sus ojos y le hizo creer que las estrellas deben apagarse para no eclipsar a los que nunca brillarán con luz propia.

Cojo su cara entre mis manos y me olvido de todos mis miedos. Solo quiero que ella brille a mi lado. Solo quiero quemarme con su fuego y que nos consuma a los dos.

—Tal vez con esto deje de dudar. —Acaricio su mejilla—. No te beso porque ella mire, te beso porque me muero por hacerlo desde hace tiempo. No quiero que tengas dudas de eso.

La dejo apartarse, negarse. Que ponga fin a esto. No hace nada de eso. Se alza, tira de mi corbata y no necesito más aliciente para besarla.

Acerco mi boca a la suya y disfruto del roce de sus labios contra los míos.

Su boca es tan dulce como imaginaba. Llevo años sin besar a nadie, pero sé que este cosquilleo que recorre mi cuerpo no se debe a eso.

Es a ella, a su gemido solo con un roce, al temblor de su cuerpo y a cómo se acerca a mí buscando sentirme.

Profundizo el beso perdido en ella. Bajo una mano a su cintura y la acerco a mi cuerpo.

Sus curvas encajan perfectamente con las mías.

Su perfume afrutado, con ese toque a cereza, me vuelve loco.

Gime y uso eso para adentrar mi lengua en su boca y devorar cada resquicio de ella.

Madre mía, o detengo el beso, o no podré apartar las manos de ella.

Me separo y le doy un leve beso en la boca.

Está sonrojada y jadeante, y odio ahora mismo que otros hombres vean esa imagen tan sexi de ella.

—Si habéis acabado, es hora de probar más postres. —Gunther se acerca y le traen varias cosas para probar. Veo como un hombre me hace señas—. Yo me quedo con ella.

Doy un apretón a Belisa y me marcho agitado y excitado. Esta mujer me hace arder y querer experimentar con ella todo lo que me he estado negando durante años.

Temo ir demasiado rápido cuando ella está aún asimilando quién soy.

Belisa

Sedrik tarda en volver. Está hablando de algo importante, aunque no deja de mirarme.

Y esa mirada me recuerda su boca sobre la mía.

No me puedo creer que esto esté pasando de verdad.

Que yo sea esta mujer que lo mira ansiando sus manos en mi cuerpo.

Su beso ha cambiado algo en mí. Porque ha sido un beso de verdad, uno increíble que no hacía falta edulcorar con la esperanza de que mejoraría al cabo de unos cuantos más.

Sus labios calientes aún arden en los míos, noto el cuerpo pesado por la carga del deseo corriendo por mis venas. No, su beso no ha sido como ninguno de los que me han dado. Tal vez porque a su lado no he escondido mis secretos más oscuros y, a pesar de todo, aquí sigue.

Miro a Salma grabar para sus redes. Ahora sé de qué me suena: es influencer , habla de comida y moda. Nunca me gustó, por eso solo la vi un par de veces y pasé. Pero sigo sin saber por que su pareja también me resulta familiar. Tal vez lo haya visto en alguno de sus vídeos.

Cuando Sedrik regresa, sugiere que nos vayamos. Nos despedimos de Gunther. Lo sigo en redes y me ha etiquetado en su vídeo. No me puedo creer que haya dejado que probara cosas con él. Ha sido divertido.

Andamos hasta los ascensores con tan mala suerte que su ex también va hasta ellos. Siento que lo ha hecho aposta, porque sabe que tiene poder sobre Sedrik. Por eso entrelazo mis dedos con los de él. Lo miro al entrar al ascensor. Clava sus ojos en mí. Pero el espacio es pequeño para los cuatro.

—¿Me vas a dar tu corbata? —Su mirada se enciende—. Tengo en mente algo con ella.

—Por supuesto. Estoy deseando ver qué tramas.

Pasa mi pelo tras mi oreja y me acaricia. Luego toca mis labios y ellos dejan de existir. Salimos del ascensor y ninguno mira hacia atrás, aunque siento que, a pesar de eso, Sedrik sigue anclado en lo que sea que les pasó.

Vamos hasta un coche negro.

—Dejé mi coche aquí y pedí un Uber para ir a recogerte. Pensé que así podría hablar contigo mejor cuando supieras la verdad. Mirarte y ver si no me odiabas.

—No te odio.

—Lo sé, pero tienes mucho que asimilar. —Abre la puerta y sé que es cierto.

Entro y me pongo el cinturón mientras él cierra y entra por su lado. Tras atarse el cinturón, pone el coche en marcha. Lo miro. No puedo hacer otra cosa. Sí, tengo mucho que procesar. Es como si esta noche no me hubiera pasado a mí.

—Poco a poco, Belisa, solo te pido que no me apartes de tu lado mientras te haces a la idea de que soy la misma persona.

—No quiero hacerlo. Pero tengo que unir a los dos hombres en uno.

Asiente y recorre la ciudad hasta mi edificio. El viaje dura demasiado poco. Siento que, cuando suba a mi casa, esto se desvanecerá como la carroza de la Cenicienta. Tal vez solo me ha usado para esta noche. Tal vez… No lo sé, porque no nos conocemos.

Al llegar detiene el coche y se quita la corbata. Me la pasa por la cabeza y la ata. Sus manos firmes hacen un nudo perfecto mientras mi sexo da un sacudida y noto como me mojo más por él.

—Me encanta verte con ella puesta. —Pasa los dedos por la corbata y roza mis pechos levemente.

Mis pezones presionan contra la tela. Se da cuenta de mi excitación.

Lo ve en mí. En mis jadeos sutiles—. Otro día…

, otro día no podré ignorar tu silenciosa petición de que haga algo para aliviar tu cuerpo.

Trago con dificultad mientras me bajo del coche.

Subo a mi casa y al mirar desde la ventana de mi salón, ahí está.

Le digo adiós con la mano y entonces se marcha.

Me quito el vestido dejándome la corbata puesta, pero antes de cerrar los ojos y que un nuevo día llegue y deje de sentirme tan valiente, me hago una foto con la ropa interior y su corbata entre mis pechos. Le escribo para darle mi móvil:

Belisa: Espero que guardes bien esta imagen.

Tarda un poco en escribir, debe de estar llegando a su casa.

Sedrik: La guardaré bajo llave, como el resto de ellas. Buenas noches. Espero que mañana no te arrepientas.

Belisa: ¿Lo harás tú? Sé lo mucho que te tienta seguir a oscuras.

Sedrik: Duele menos salir a la luz si es contigo. Buenas noches, Beli.

Le doy las buenas noches y me llega una foto.

Es una suya con la camisa a medio desabrochar.

Se me seca la boca por esa mirada que habla de todo lo que quiere hacerme.

Cuando me voy a la cama pienso en todo y asimilo que esto me ha pasado a mí.

A esa chica que siempre ha ansiado que una historia la hiciera sentir así de viva, pero se tuvo que conformar con sapos a medio resucitar por la falta de interés por mí.