No debí hacer match contigo Capítulo 30. Belisa
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Capítulo 30. Belisa

Belisa

Observo a Sedrik asimilando que es Mocca.

Su mirada es seria mientras sujeta la puerta del coche.

Así vestido, con ese traje de chaqueta a medida, parece otro.

No el hombre de la cafetería, aunque tampoco sé mucho de Sedrik, sé más de Mocca.

Pero la atracción física siempre ha estado ahí.

Y Mocca me dijo que era el CEO de la empresa.

Sé que Sedrik pasa tiempo en su despacho… haciendo de CEO, al parecer.

Sedrik es Mocca… y hemos intercambiado fotos. Fotos subidas de tono.

Su mirada es ardiente. Sé que le gusta lo que ve, que mi vestido llamativo le parece perfecto. Siempre he esperado que alguien me mirara así, como si siendo yo misma luciera mi mejor versión.

—Tengo mucho que asimilar.

—Lo supongo —su voz, me encanta su voz. Ronca y sexi. Se agacha y recoge mi móvil. Está sonando—. Ten. Por suerte no se ha roto.

—Por suerte. —Cuando lo cojo, sus dedos tocan los míos y ahí están esas cosquillas que siempre han vibrado al tocarlo.

Cojo la llamada, porque Portia debe de estar a punto de llamar a la policía.

—Es Sedrik…, Mocca.

—No me jodas… y no la jodas, por favor, es lo que querías.

—Sí… ¿Hablamos mañana?

—Claro, no seas tu peor enemiga. Disfruta de esto.

Guardo el móvil y Sedrik me hace señas para que entre al coche.

Tomo aire y lo hago; ahora no puedo irme.

La curiosidad me mata. Era lo que quería, pero que se haga realidad es raro.

Porque espero que me tiren la basura, como la noche de graduación, y alguien me recuerde que un hombre como Sedrik nunca se fijaría en mí.

Entra tras de mí y, al tomar aire, su perfume me llena los pulmones. Recuerdo cuando lo olí en la corbata. Cuando imaginé sus manos sobre mi piel mientras me tocaba. Miro sus manos. Grandes y fuertes. Ahora las recuerdo poniéndome los cafés.

—Es como si fueras dos personas.

—Desde que soy CEO de la empresa es así, pero donde más disfruto es haciendo cafés o en mi despacho. Estas galas, para mí, son horribles.

Horribles, pero está muy guapo. Impresionante. Sus ojos dorados no dejan de fijarse en mí. En cada cosa que hago. Su mirada es ardiente y recorre cada rincón de mí, ahora sin ocultarlo.

—¿Haces esto a menudo? —Espera que me explique—. Conocer a alguien en la app e invitarla.

—No, era la primera vez que entraba en esa app, como te dije, y verte en la cafetería fue impactante para mí también.

—¿Pensaste dejar de hablarme por eso?

—Sí, me parecía lo justo, por eso te dije que sabía quién eras.

—Me daba más morbo no saberlo. —Muerdo mi boca y sigue mis dientes tirando del labio inferior mientras noto como los latidos de mi corazón se disparan ante su intensa mirada.

—¿Y haces esto a menudo, Belisa? —Disfruto de mi nombre en su boca.

—No, desde hace tiempo no he estado con nadie. Y quería dar un paso para intentarlo de nuevo. Entonces te encontré.

—Yo no he salido con nadie desde que lo dejé con mi ex hace tres años.

—Hablar de ella le duele, lo veo en sus ojos—.

Hay algo que debes saber, Belisa. —Espero atenta—.

Esta noche ella estará ahí, y egoístamente no quería ir solo.

No quería estar como siempre que la veo, solo, y que crea que me sigue importando.

No siento nada por ella, salvo un odio —siempre he creído que si existe odio hay amor, pero no se lo digo, claro— que me ha tenido recluido durante años, centrado solo en el trabajo.

—Algo gordo tuvo que hacerte. Y yo mejor que nadie sé lo que es tener un ex horrible cerca. Defin me amarga el día. Pero en mi caso es por existir. No me hizo nada salvo ser él mismo, y siento que es no es el caso con tu ex.

—No, y nunca he hablado de ello.

—Lo siento.

—Es pasado, o no, porque te he usado para estar ante ella esta noche y que no crea que no fui capaz de avanzar tras lo que me hizo.

—Entiendo lo que es eso. Lo de no saber cómo avanzar.

—Para mí es más fácil no hablar con nadie, pero eso no es vida —admite—. Cuando era pequeño me costaba hablar, y si a eso le sumas que era tímido…

—Blanco fácil de capullos en clase. —Asiente y se arregla los gemelos.

—Creo que de no ser por esa app, aunque es evidente que me atraes, no estaría aquí contigo. —Su confesión desata los desenfrenados latidos de mi corazón.

Llegamos y eso evita que diga algo, o que le confiese que a mí me gustó desde el primer instante que lo vi. Es mejor así, aún tengo que asimilar que son la misma persona.

Sedrik sale del coche y me sujeta la puerta.

Tomo aire; todo esto es como deseaba, pero a la vez distinto.

Cuesta asimilar que el hombre con el que casi no me atrevía a hablar es el mismo al que le mandé todas esas fotos.

Noto como me sonrojo. Lo miro esperando.

Es Sedrik y a la vez no. Porque conozco otra faceta de él que me encanta.

Una que sin app tal vez nunca hubiera descubierto. Como pasa conmigo.

Ya tendré tiempo luego para asimilar todo. Ahora solo quiero dejarme llevar, porque a veces pienso demasiado y eso no me deja avanzar. Quiero ser más como B26. Dejarme llevar por lo que quiero sin pensar.

Al salir lo miro de cerca. Me saca una cabeza y a su lado me siento pequeña, a pesar de los tacones. Por cómo nos miramos sé que está recordando todos nuestros mensajes en los que le expresé mis deseos, mi fuego. En los que fui más yo misma que nunca.

—Nunca usaré lo que has dicho contra ti. Conmigo no tienes que protegerte.

—¿Cómo sabes que pensaba eso?

—Porque hemos estado en el mismo bando, el de las personas que han sobrevivido a las injusticias.

Me tiende la mano y, tras un instante de duda, la cojo. Sus dedos rodean los míos y me siento bien a su lado, demasiado bien. Lo peor es que el fuego que siento por este hombre no deja de crecer, de latir entre mis muslos ansiando cada una de las promesas que nos dijimos entre mensajes.

Entramos a la recepción y vamos hasta los ascensores. Hay más gente de fiesta y al mirarlos me hago pequeña. Tomo aire y siento unas caricias en mi espalda, y luego el aliento de Sedrik en mi oído.

—Estás preciosa, Belisa. El verde te sienta bien. Pareces un hada. Eso fue lo primero que pensé el verte en la cafetería. Y siempre, siempre he sentido debilidad por las hadas.

Lo miro, estamos muy cerca. Sus ojos parecen oro líquido.

No miente, veo la verdad en ellos. Solo es deseo, me digo, dos personas pueden sentir atracción sin sentir nada más.

El problema es que nunca, en toda mi vida, he conocido a alguien que me hiciera arder de esta forma tan intensa.

No necesito que me toque para sentir como mi cuerpo vibra por él.

El fuego arde entre mis muslos solo por pensar en él.

Llegamos a la última planta y al salir veo la ciudad extenderse a nuestros pies.

Está todo precioso. Hay muchos adornos florales y pequeñas luces.

Se ve todo muy elegante. Ando con Sedrik por el lugar.

Algunas personas lo saludan. Su mano no se aparta de mi espalda.

Me encanta sentir la presión de su mano, me da seguridad.

Hace que deje de agachar la cabeza. Me hace ser esa mujer valiente que le mandaba fotos sexis porque me sentía así a su lado.

Andamos hasta la barandilla y me encanta ver el parque bajo nuestro pies.

—Siempre me gustó esta ciudad.

—¿Porque salía en casi todas las películas románticas de tu infancia?

—Que lo adivines me preocupa. —Sonríe—. Sí, es como si de alguna forma me hubiera acompañado mientras crecía. Pasé mucho tiempo sola. ¿Y tú?

—No, bueno, con mis padres. Tienen una cafetería, allí aprendí todo lo que sé. Pero me era más fácil estar en la parte trasera, donde mi madre había puesto una salita con televisión y sofás, o en la zona de cocina. Ahí tenía una mesa para hacer mis deberes.

—Entonces el olor a café es para ti hogar.

—Exacto, estar aquí es como vivir la vida de otra persona. —Mira a nuestro alrededor, a la gente hablando unos con otros.

Un hombre se nos acerca y lo reconozco enseguida. Es Gunther Moore, el crítico gastronómico en redes que hizo posible el éxito de RHC. Al ver a Sedrik, se saludan.

—Esperaba verte por aquí —le dice, y por cómo lo mira se nota que se llevan bien—. ¿Y ella es…?

—Belisa Howard, una de las mejores clientes de RHC.

—Y de las más guapas, seguro. —Coge mi mano para dejar un beso—. Encantado. Esta fiesta era un muermo antes de vosotros. Por cierto, no probéis los canapés de salmón. Me va a doler hacer una mala crítica, pero no se los daría ni a mi peor enemigo.

Es raro estar al lado de un famoso al que sigo en redes y que nos habla con tanta naturalidad. Creo que la culpa es nuestra, por poner en pedestales a gente que solo se gana la vida como puede y le gusta.

—No lo haré —le garantiza Sedrik.

Gunther coge una bandeja y nos dice cuáles son los mejores.

No puedo comer, tengo el estómago cerrado. Todo esto es demasiado. Pero Sedrik coge mi mano y pone ante mí un canapé.

—No me entra nada.

—Si yo hago el esfuerzo, tú también. —Choca su canapé con el mío y me lo meto en la boca.

Enseguida siento una explosión de sabores. Gunther nos mira satisfecho.

—La he visto —le dice a su amigo. Sedrik se tensa. Y sé que hablan de su ex.

Por la mirada fría de Sedrik sé que esa mujer le hizo mucho daño. Su actitud ha cambiado. Se ha cerrado en sí mismo. Y noto como el ambiente también cambia. Tal vez por eso le paso la mano por el brazo.

—Podemos bailar.

—Odio bailar —me dice tenso—. Es mejor acabar esto cuanto antes.

Veo como la busca por el baile. Sé cuándo la ve porque se pone rígido. Entrelazo mis dedos con los suyos y se deja cuidar. Gunther no se marcha mientras una rubia preciosa se nos acerca al lado de un hombre. Ambos me suenan de algo, pero no sé de qué. No los he visto en mi vida, o eso creo.

—Hola, Sedrik. —La ex tiene el descaro de esperar que Sedrik le dé dos besos. Este se queda rígido y me adelanto para plantarle dos besos yo a esta rubia espectacular que ya me cae como el culo.

—Encantada, soy Belisa. La novia de Sedrik. —Vale, me he venido arriba.

—¿De verdad? —Me mira de arriba abajo y casi puedo sentir como se ríe de mí.

Esta mirada me la han lanzado muchas veces. No me hago pequeña, levanto la cabeza, porque estoy defendiendo a Sedrik. Tomo aire y la miro firme. Con un sonrisa que me hace de escudo.

—¿Y tú eres…?

—Su exprometida. ¿No te ha hablado de mí? —Sonríe sobrada.

—Ah, vale, la verdad es que te imaginaba con más verrugas y pelos en la barbilla. Por eso de ser una bruja. Pero, al parecer, las brujas han evolucionado. Al igual que los sapos. —Miro a su pareja—. Cuesta verlos ocultos entre la gente.

—Qué descarada. Al menos, antes tenía buen gusto.

—¿Te refieres a antes de ti, espero? No es por nada, pero no estás en el peldaño de diosa. Tal vez del montón… o no. —Estoy temblando y solo espero que alguien me detenga.

Me miran y se marchan tras decirle ella a Sedrik que lo llamará.

—Vale, acabo de estropearlo todo —digo, y no me atrevo a mirar a Sedrik—. Me vine arriba.

—Ya sabía yo, al verte, que me caerías bien —apunta Gunther. Lo llaman y dice que nos vemos luego.

Miro a Sedrik, que solo me mira sin decir nada. Cuando nuestros ojos se encuentran parece… ¿divertido?

—¿Lo he estropeado todo? —Niega con la cabeza—. Siento lo de novia y eso…, es que no quería que te hiciera de menos.

—¿Y por qué no usas ese fuego para defenderte a ti?

—Por la misma razón por la que oculto mis deseos más fogosos. Me hago pequeña.

Alza la mano y me acaricia la mejilla. Su forma de hacerlo me encanta y deseo esa mano por todo mi cuerpo. La baja por mi cuello y siento como mis pezones se ponen duros como piedras.

—Sedrik…

—Me encanta mi nombre en tu boca. Y gracias, Belisa, gracias por ponerla en su sitio. Ahora tengo que hablar con algunas personas. ¿Estarás bien aquí un momento?

—Sí.

Asiente y se acerca para besarme en la frente mientras su mano acaricia de nuevo mi mejilla.

Cierro los ojos para disfrutar del contacto.

Se marcha demasiado pronto. Gunther regresa a mi lado y le ponen de todo para que se grabe para redes.

Veo a Sedrik al fondo con unos hombres y mujeres.

No deja de mirarme. Su beso sigue ardiendo en mi frente.

No, nada está saliendo como esperaba, es como si estuviera viviendo la vida de otra mujer. O tal vez de la mujer que siempre escondí en mi interior por miedo.