No debí hacer match contigo Capítulo 23. Belisa
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Capítulo 23. Belisa

Belisa

Llego a la cafetería antes de que abran.

Ayer fue un día de locos y esta mañana me tuve que duchar con agua fría.

Estoy helada. Congelada. Y eso que me he pasado toda la noche soñando con un hombre sin cara y Sedrik.

Cuando me desperté, estaba ardiendo. La otra noche con Mocca fue excitante.

Estar desnuda en mi casa me hizo sentir sexi, muy sexi.

Me gustaba estar ahí sentada. Haciendo algo cotidiano y sabiendo que, al acostarme, mis manos se perderían entre mis piernas pensando en él.

Él lo sabía, Mocca sabía cómo excitarme.

¿Cómo será en la cama? Nada egoísta, se fijaría en lo que deseo en lugar de hacer solo lo que se espera.

Miro hacia el interior de la cafetería, apartando mis ardientes pensamientos, y veo al otro hombre que me pone a cien.

Y ni eso me calienta tras mi ducha fría. Llevo hasta bufanda, aunque estamos en mayo.

Sedrik me ve en la puerta y se acerca a abrir lo justo para dejarme entrar. Paso muy cerca de él y, a pesar de los cientos de capas que llevo, mi cuerpo reacciona a su cercanía. Nos quedamos mirándonos.

Sus ojos dorados estudian los míos como si quisiera leer todos mis secretos.

Seguro que no está pasando eso, pero mi mente está disfrutando de este instante de tenerlo tan cerca.

Y qué bien huele: a ropa limpia, jabón y un perfume con toques de madera y bosque.

Me gusta mucho el rizo que acaricia sus cejas.

Siento deseos de enterrar mis dedos en él y ver si es tan suave como parece.

—Buenos días —le digo, y espero que me diga lo mismo y luego hablemos de cientos de cosas.

—Buenos —dice, y se corta la magia, porque de golpe parece tenso. Como si no me quisiera aquí.

Con él nunca sé cómo actuar. A veces siento que me mira con anhelo, y otras como si me quisiera lejos.

Me señala una mesa cerca de la cocina que parece más acogedora. Ando hasta ella y me quito todas las capas mientras entro en calor. El lugar huele a canela, a mantequilla derretida, a especias. Tomo una bocanada de aire y me empapo de todos los olores.

Lavi se me acerca.

—Buenos días. ¿Siguen los problemas con la caldera? Por la bufanda en primavera, intuyo que sí.

—Sí, y, bueno, siento estar aquí y molestar. —Miro de reojo a Sedrik, que de golpe da un respingo. Vaya. Siempre la cago con él.

—No molestas. Si yo estuviera congelado, también buscaría cómo calentarme.

—Le doy las gracias—. ¿Y dónde vives? Tengo un amigo que se muere por reparar cosas de otras personas.

—Lo miro sin entender—. Hace buen precio reparando calderas.

Lo mismo puede ir y ayudar a que tu casero la arregle. ¿Tienes casero?

—Sí, tengo, y es un idiota. Dudo que pueda cambiar eso. No vive en el edificio. Con eso te lo digo todo.

—Anota tu dirección, seguro que mi amigo lo convence para arreglarlo.

Anoto mi dirección y se la doy.

—Perfecto.

Se marcha y al poco aparece Sedrik con mi mocca y unas galletas.

—No tengo dinero para todo.

—Invita la casa.

—Creo que para la casa sería mejor que yo dejara de venir.

Espero que diga algo, pero solo parece nervioso y como incómodo de estar aquí.

Y enfadado. Por eso miro mis galletas y aparto la mirada, haciéndome muy pequeña.

No sé qué hago aquí. Debe de pensar que soy una acosadora de primera.

Debería irme al despacho. Seguro que el de seguridad no ve raro que llegue tan temprano, no es la primera vez.

Recojo todo.

—¿Adónde vas? —me pregunta Lavi.

—Ni siquiera habéis abierto. No quiero molestar…, no sé en qué pensaba. A veces me siento cómoda en un sitio y no me paro a pensar en lo raro que es para el resto de la gente que yo lo sienta enseguida parte de mí…

—No molestas. A nadie. —Mira hacia la cocina.

—¿Seguro?

—Segurísimo. —Parece sincero, por eso dejo mis cosas donde estaban y saco mi ordenador para trabajar mientras desayuno.

Como no me han cobrado, les hago un estudio de mercado y cómo pueden reforzar la publicidad y aprovecharse más de las redes. Me despido de ellos y sigo trabajando en ello en mis ratos libres del trabajo.

—¿Por qué te gusta tanto esa cafetería de mierda? —Miro a Defin tocar el envoltorio de las galletas que me sobraron y que me he subido.

—Tienen buen café.

Y un barista que me atrae mucho. Demasiado para lo incómodo que parezco ponerle. Portia dice que es raro. Nela ni ha respondido.

—Ya, claro, el café. ¿Te estás acostando con alguien para encontrar el amor de película?

Esa es una de las razones por las que es una mierda salir con alguien a quien luego ves a menudo.

Que las cosas dulces que le cuentas te las echa en cara años más tarde para burlarse de ti.

Yo me abrí a él sin pensar que un día toda esa información la usaría como arma.

En su día le pareció dulce. Ahora la usa para mofarse de mí.

—Solo es una cafetería, Defin.

—Ya…, claro, eres una rarita. De la que me libré contigo.

—Lo mismo digo. —Le sonrío como si acabara de echarle un piropo, aunque por dentro esa cantilena duela, porque la he escuchado demasiadas veces—. Y ahora, si no te importa, déjame trabajar, porque si no trabajo yo, tú no lo harás, o sí, usando ChatGPT. ¿O vas a empezar a trabajar por primera vez?

—Soy supervisor de tu trabajo y eso es lo que hago.

No vayas de lista conmigo. Gracias a que estoy encima de ti no te pasas el día con la cabeza en las nubes y haces tu trabajo.

—Ya, claro, como si no trabajara aparte de soñar…

, idiota—. Y gracias a mí, el jefe no te ha sustituido por la IA.

Le dije que esto es más personal. —Abro la boca pensando en el morro que tiene por atribuirse también mis palabras.

Se atusa la corbata y se marcha. Hago mi trabajo y acabo el informe de la cafetería. Pongo posit y notas de colores cuando lo imprimo. Lo meto en una carpeta y por la tarde, antes de irme a casa, paso a dejarlo.

Cerca de la barra está solo Sedrik. Al verme se queda quieto y no sé si avanzar o salir corriendo. Lo mismo le parezco demasiado intensa. O ridícula…, o…, mierda, los pensamientos negativos se están montando una fiesta en mi cabeza.

Quiero ser esa mujer valiente de la app. Esa que se se come el mundo. Esa que no tiene miedo a mandar una foto medio desnuda. Pero aquí, ante él, me hago pequeña bajo su intensa mirada. Porque cuando lo miro… tiemblo, y no de miedo.

—Es para tu jefe. En agradecimiento por dejarme tomar cafés gratis. —Muerdo mi labio—. Lo mismo es malo…, lo mismo…

—Gracias. —Sedrik lo coge. Nuestras manos se tocan y las dejo ahí, notando como la piel me vibra en contacto con la suya.

Está muy caliente. La piel, no él; él creo que ahora mismo solo desea que esta loca se pire.

—Puede tirarlo a la basura…, solo es que…, bueno, quería. Perdón. —Alza una ceja—. Por mirarte. Sé que te puedo incomodar. Lo sé. Soy muy intensa. Pero cuando te miro…, bueno, mirarte, es decir… ¿Puedes hacer algo para que me calle, por favor?

Y lo hace. Alza la mano y pasa una de mis ondas tras la oreja. Me quedo de piedra. Petrificada. No recuerdo cómo cojones se respira ahora mismo.

Sedrik señala un trozo de papel.

Vale, solo me ha quitado el papel del pelo. Pero ha servido para callarme y excitarme a partes iguales. Madre mía, solo con una leve caricia mi sexo ha dado una sacudida. Lo que siento al mirar a este hombre no es ni medio normal.

Entra una clienta y él se marcha con el informe. Le digo adiós con la mano y me voy a mi casa. Por hoy ya he hecho el idiota suficiente.

Al llegar a casa y ducharme, espero que el agua salga congelada.

Pero no. Está caliente. Va a ser verdad que el amigo de Lavi era bueno para convencer a mi casero.

Me preparo mi supersopa de sobre tras ponerme un pijama cómodo.

Quedan pocos días para final de mes. A final de mes siempre ando agobiada, por si surge un imprevisto y me toca usar todo lo que me queda.

Sé que, si lo necesito, mis padres me lo prestarán, pero cuando me marché de casa decidí solucionar mis problemas por mi cuenta.

Es triste, pero, aunque los quiero, hemos pasado tanto tiempo lejos, tanto cuando vivía con ellos como cuando me fui a la universidad, que no me sale el llamarles a menudo para contarles cómo me va todo.

Solo hablamos por mensajes, les digo que todo va bien, les pregunto cómo están y cada uno sigue con su vida.

Es raro, son mis padres. Con mi tía hablo más, pero está siempre muy liada y eso hace que me aleje.

Si cada vez que llamas a una persona te dice «hablamos luego, tengo algo importante que hacer»… , pues el luego acaba siendo nunca.

Escribo a mis amigas para contarles mi día y Nela me recuerda que en unas semanas nos vamos de viaje un fin de semana.

Belisa: Como para olvidarme. Sigo sin llevar bien que tu primo nos invite.

Portia: Yo no, le pidió que invitara a sus amigas. Y nos ha invitado. Le sobra el dinero, al parecer. ¿Qué culpa tengo yo?

Nela: No es que le sobre el dinero a mi primo, es que sabía que yo me lo pasaría mejor con vosotras. Él necesitaba un acompañante y me dijo que si quería podía invitar a mis amigas. Así todos salimos ganando.

Me sorprende que Nela conteste tan rápido. Lo mismo está enferma, pienso de broma.

Portia: Qué ilusión. Estoy deseando ver si tu primo se enamora de mí y me saca de la pobreza.

Nela: Dudo que eso pase. Mi primo es solitario.

Belisa: Yo solo estoy pensando en el bufet libre del desayuno.

Nela: Intenta no comer demasiado, que luego no podrás moverte y la cagas en la gala. Tienes que caber en el vestido.

Belisa: Ya me has jodido la fantasía :P

Portia: A mí no, yo prefiero otro tipo de calentamiento. Yo haré a tu primo hablar.

Nela: Me estoy arrepintiendo de llevaros. Una que seguro que la lía con sus mundos de fantasía y la otra que seguro que se olvida las bragas en su casa.

Portia: Cómo lo sabes…

Belisa: Intentaré controlarme y no mirar todo embobada.

Nela: Os dejo. Que tengo muchas cosas que hacer.

Qué raro, Nela con mil cosas que hacer y sin tiempo para seguir hablando…, ironizo. Con ella me pasa como con mi familia: si tengo que hablar con alguien urgentemente, no la pondría la primera en la lista. A Portia, sí.

Portia: ¿Alguna novedad con Mocca?

Pensar en Mocca, como siempre, me hace arder. Le digo que no y me pregunta si alguna novedad con Sedrik.

Belisa: Creo que le caigo mal. Aunque no me extraña. No es el primer hombre que sale espantado por mi culpa.

Portia: Eres idiota, y si sale espantado es que no merece ni que lo mires.

Belisa: Puede ser.

Nos despedimos y me pongo a dibujar con la tableta. Al rato escribo a Mocca30, que está extrañamente callado.

B26: ¿Todo bien?