Capítulo 22. Sedrik
Sedrik
He soñado con ella y, como me desperté temprano, he estado planeando algo nuevo para el negocio mientras pensaba en si vería a Belisa hoy en la cafetería. Espero que sí, quiero perderme en ella.
—Tenemos que poner una sección de comida salada para por las tardes y el mediodía. —La cocinera, Malem, me mira y piensa que me he vuelto loco cuando entra por la puerta a primera hora—. La gente no siempre es de dulces.
—Ya, claro, y no tendrá nada que ver con esa joven a la que no paras de mirar. Que no soy tonta. Lo veo todo, y seguro que ella apreciaría el detalle.
Cierto es que saber que Belisa cena siempre tan mal ha sido lo que ha iniciado la idea. No todo el mundo tiene tiempo para hacerse comidas y cenas. Proponer algo que se pueda comprar, llevártelo y calentarlo es una buena idea para esos momentos.
—Tú solo piénsalo.
—No. Ya lo he pensado. Si quieres que coma algo diferente, dejas de ocultarte tras la puerta y la invitas a cenar a tu casa. Que me consta que haces cenas increíbles y, de paso, os tomáis el postre en tu cama. Que hace tiempo que no follas. Lo veo todo. —Sonríe y se marcha a preparar mesas.
—En eso tiene razón. —Lavi aparece no sé de dónde y me mira sonriente—. Y en lo otro, también. Ella te busca con la mirada, tío. Arriésgate.
—De momento, no, y ahora a trabajar.
—Sí, voy a atender a los clientes invisibles que han venido a primera hora a comprar café.
—Tal vez vendrían si hubiera algo más que café.
Lavi pone los ojos en blanco y luego se marcha.
Voy a mi despacho y trabajo en estas ideas antes de ir a ver cómo va todo con la rotura.
No puedo regresar en todo el día. Lavi me dice que Belisa se ha pasado, pero solo para saludar.
Él cree que me estaba buscando. Se marchó antes de que Lavi pudiera ofrecerle algo para tomar y que ya lo pagara luego…
o nunca. No es tonto para no saber que para mí es importante.
Escribo a Belisa cuando estoy cenando, para ver qué tal su día. Al parecer, su ex se ha puesto muy pesado, porque necesitaban la campaña de publicidad cuanto antes y decía que ella estaba perdiendo el tiempo.
B26: Toda la campaña la he hecho yo. Pero él es mi superior… y como somos un «equipo» se atribuye el mérito. Lo felicitan y le pagan un plus si va bien. Estoy cansada, Mocca. Y no me sale otra cosa.
Mocca30: Lo siento.
B26: No es tu culpa, es del sistema, que premia a los inútiles si tienen enchufe. Te voy a dejar…, a ver si consigo dormir. Buenas noches. Piensa en mí. Te mando una foto…, pero solo de mi cara. Nada excitante.
Miro la foto: no lleva maquillaje, solo una preciosa sonrisa en esa boca que me pierde.
Mocca30: Buenas noches.
Miro su foto antes de irme a la cama. Puedo distinguir las pecas de su nariz.
Sus ojos brillan por la ilusión. Nunca había visto unos ojos marrones tan cargados de matices.
Es como si en ellos se reflejaran todos los colores que brillan a su alrededor.
Me pregunto qué brillo tendrán cuando esté a punto de correrse.
Noto como me invade el deseo de saberlo de primera mano.
¿Qué estoy haciendo? Esto no va a acabar bien.
En cuanto le diga que soy yo y espere de mí que sea como en los mensajes, la cosa empezará a estropearse entre los dos.
He pasado muchas veces por eso. Desde niño he visto como la gente a mi alrededor se cansaba de seguir mis tiempos. Al final, eso te hace muy solitario.
Pasé casi toda mi infancia en la cafetería de mis padres.
En la trastienda, haciendo los deberes o jugando a videojuegos.
Pocas veces lo hacía con algún amigo. Mi padre, a veces, se sentaba conmigo a jugar a la consola, y mi madre estaba siempre pendiente de mí.
Pero cuando salía a la cafetería y me ponía a hablar con la gente, mi madre, alterada, me decía que me fuera adentro.
—Es mejor así, hijo. —Me daba un beso y se marchaba a trabajar.
Yo no sabía si lo era o no, solo pensaba que ojalá fuera diferente.
Al final, no sé si estoy alentando la ilusión de que un día, frente a ella, pueda ser yo mismo sin miedo.