No debí hacer match contigo Capítulo 20. Belisa
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Capítulo 20. Belisa

Belisa

Madre mía, me está viendo. Está cerca. Hay mucha gente en la cafetería, y en la calle, igual.

Cada vez hace mejor tiempo y la gente se anima a salir a pasear.

Miro hacia la calle y también a la cafetería; puede ser cualquiera.

Y saber que me mira sin que yo sepa quién es me excita demasiado, y también me pone nerviosa, pero aquí sigo, aferrada a esta aventura.

Es como cuando te montas en la montaña rusa, sabes que gritarás de terror cuando caigas y, sin embargo, te montas buscando esa adrenalina, ese subidón.

Esa sensación de sentirte viva mientras caes y sobrevives.

¿Cuántos años llevo reprimiéndome? Creo que demasiados.

Quizás desde que me conformé con el primer chico que quiso hacer el amor conmigo y me hizo daño.

Quizás la segunda vez, que fue igual de horrible y dolorosa, y me obligué a pensar que había algo mal en mí.

Al final, siempre dejé a un lado cada una de mis fantasías para cumplirlas en la oscuridad de mi cuarto, a solas. Sin nadie que me juzgara.

Hasta ahora.

Mocca30: Me gusta mucho y me hace preguntarme qué llevas debajo de la falda.

B26: Un tanga… y un liguero, ambos de encaje, de color negro. El sujetador es igual. Semitransparente.

Mocca30: Eres una mujer de contrastes y eso me gusta. Porque habla de quiénes somos si rascamos la superficie. ¿Quieres jugar, preciosa?

B26: Sí. ¿Qué propones?

Mocca30: Ve al aseo y quítate el tanga. Solo tú y yo lo sabremos.

Muerdo mi labio agitada, me remuevo en la silla y de nuevo lo busco. Dudo hasta que soy sincera conmigo misma y me marcho al aseo, porque quiero seguirle el juego.

Recojo mis cosas y solo dejo los apuntes y la gabardina, para que no me quiten la mesa. Entro al aseo con mi bandolera y una vez dentro me levanto la falda y llevo el tanga por fuera del liguero; puedo sacarlo sin quitarlo todo. Lo bajo por mis muslos y se me ocurre una idea.

Me hago una foto de los muslos y el tanga entre ellos. La miro y le doy toques de luz para que sea sexi y no vulgar. Miro la foto, y me excita verme y saber que él verá esto. Se la mando y luego otra del tanga en mi dedo.

Noto mi sexo dar una sacudida, quiero tocarme. Pasar los dedos por mi sexo mojado.

Me llega un mensaje:

Mocca30: No te toques. No aún.

B26: ¿Cómo sabes que es lo que quería?

Mocca30: Estoy empezando a conocerte muy bien. Regresa a la mesa. Estaré cerca…, aunque no me vas a ver. Pero veré tu piel sonrojada y cómo te excita hacer algo tan salvaje y que nadie lo sepa salvo nosotros.

Cojo todo y regreso a la mesa. Al llegar, miro a mi alrededor. Me está viendo. No sé quién es, pero siento su mirada, o la imagino. Noto los pezones duros. Están sensibles y el roce con el sujetador me excita. Madre mía, voy a explotar.

Miro el trabajo y me concentro en él. Mocca no dice nada.

Van a cerrar la cafetería y sigo sin saber nada de él.

Recojo y, cuando voy a despedirme, veo a Sedrik tras la barra.

Sus ojos dorados están fijos en mí. Contengo el aliento por lo sexi que está con el pelo caído sobre sus cejas.

Le digo adiós con la mano y voy hasta la puerta preguntándome si me estará mirando el culo y notando que no llevo nada.

Joder, he pasado de huir del sexo a ser un pedazo de zorrón.

Y así se lo digo a las chicas por el chat.

Como siempre, solo responde Portia, y a veces cansa, pero no queremos dejar a Nela fuera.

Portia: No me puedo creer que hayas hecho algo tan… ¡Tan yo, joder! Estoy orgullosa de ti. ¿Qué sientes al ir a tu casa en pelotas?

B26: Llevo una falda y no se ve nada. Pero es… excitante.

Portia: Y no te dijo nada más y estaba cerca. Joder, qué intriga. Me muero por saber quién es.

B26: Yo no, tal vez cuando lo sepa me recluya en mí misma pensando en todas las razones por las que no soy perfecta.

Portia: También idiota, por cierto.

Llego a casa y me cambio de ropa. No sé nada de Mocca y eso me crea ansiedad. Me dijo que esperara para correrme. O tal vez solo estaba jugando conmigo. Busco algo para comer sin saber nada de él.

Y las dudas hacen que me enfríe… de golpe.

Cuesta ser valiente y sexi, cuando has sido blanco de tantos insultos.