No debí hacer match contigo Capítulo 19. Sedrik
36%

Capítulo 19. Sedrik

Sedrik

—¡Esa peli es muy mala! La puso mi novia el otro día y casi le pedí de rodillas que la quitara. Al final hice algo mejor…, le metí mano. —Lavi sonríe descarado.

—Sí, eso es mejor.

Estamos a punto de abrir. Ya está todo listo.

El café, esperando ser servido. Las galletas recién hechas en la vitrina y el resto de los dulces colocados de forma simétrica.

Todo debe estar perfecto. Los clientes se merecen que los cuides.

Es algo que siempre aprendí de mis padres.

Eso, y a mantener la boca cerrada. Perfectos no podían ser.

Los quiero y hablamos casi todas las semanas.

Pero me pasé toda la infancia teniendo miedo de que la gente me dijera algo por cómo soy.

Al final, eso deja huella. Aunque aprendí a hablar sin trabarme gracias a ayuda profesional, una parte de mí sigue recordando aquellos momentos en que hablar en público era una tortura y los niños se reían de mí. Cabrones.

—¿Qué hace tan pronto en la puerta? Parece una flor a punto de congelarse.

—Alzo la mirada y, cuando Lavi abre, Belisa entra frotándose las manos del frío.

Aunque ya hace mejor tiempo, algunos días refresca, como hoy, y bajo la gabardina entreabierta que lleva se advierte solo un vestido de media manga amarillo con medias verdes.

La miro mientras alza la cabeza y al verlo sonríe.

Ella ignora que anoche fue a mí a quien mandó unas fotos muy sexis.

Ver su mano tocándose el sexo fue demasiado.

Al acabar esa horrible película me tuve que masturbar pensando en ella.

Si no le digo quién soy es porque a ella le pone esto y a mí me pone no tener que dar explicaciones.

Y lo más importante, sé que esto la excita y quiero excitarla.

Cumplir sus fantasías mientras ella hace realidad una mía que no sabía que tenía: ella.

—Pareces helada —le dice Lavi.

—Se ha roto la caldera de mi edificio… y, bueno, me tocó darme una ducha fría. El agua estaba tan congelada que pensé que aquí podría entrar en calor antes de ir a trabajar y además, si llegaba la primera, podría elegir qué tomar con un café muy caliente.

Se me acerca. Me mira. Lo hace intensamente.

Su mirada me intimida y me pone nervioso, y más cuando me sonríe y es como si en vez del sol del alba fuera un ardiente sol de mediodía.

Joder, es preciosa, y ella ignora todas las cosas que quiero hacerle.

Desearía ser esa mano que se tocó sobre la ropa interior. Y que la boca que muerda sea la suya.

—Hola —me dice.

—Hola. —Joder, ni una puta frase. Va a pensar que soy gilipollas. Es mirarla y todo lo que compartimos en mensajes me deja sin aliento. Y más cuando me mira con sus intensos ojos castaños.

No sé cómo ser ese hombre que se pierde entre las palabras cuando la tengo delante. Cuando ella es tan real y no solo unos y ceros en una app del móvil. La miro y pienso en mi ex. En cómo empezó todo, y me bloqueo. ¿Estaré cometiendo el mismo error?

Miro a Lavi pidiendo ayuda y se acerca.

—Te ponemos lo de siempre, preciosa —le dice—. Busca mesa y entra en calor.

Entro a la cocina para no ver su cara de desilusión. Lo peor es que hablar con ella no mejora las cosas. Porque cuanto más la conozco, más me altera. Más quiero ser ese hombre sin miedo que soy en la app. Ese que era antes de Salma, aunque me costó.

—He quedado como un idiota.

—Sí, pero, bueno, un día lo entenderá.

—O no. Da igual. Solo es una clienta más. —Alza la ceja dejando claro que ninguno de los dos piensa eso.

Me pongo a ayudar en la cocina y Malem sale a ayudar en la sala. Cuando regreso, Belisa ya se ha ido. Ojalá la vida fuera como tras la pantalla. Donde no ves las miradas de la gente a la espera de que dejes de quedarte paralizado.

La gente critica las redes sociales. El mundo irreal de las redes.

Pero yo, que he tenido tantos problemas para ser yo mismo, gracias a ellas he encontrado buenos amigos.

Como Lavi. Nos conocimos en la universidad a través de un juego.

Éramos invencibles juntos. Cuando nos encontramos en persona, me dijo:

—¡Menos mal que hablas poco! Si no, con ese pedazo cuerpo me espantas a todas las tías. —Luego me dio un abrazo—. Por suerte para ti, yo no me callo ni debajo del agua. Hacemos un gran equipo.

—Puede ser. Estás a prueba. —Se rio. Y desde entonces somos grandes amigos.

El día pasa rápido, y más porque tengo que salir a hacer unas cosas; cuando regreso, Belisa está en una de las mesas del fondo, trabajando. Como si sintiera mi mirada, alza la cabeza y me mira, y de nuevo ahí está esa sonrisa que me vuelve loco.

La saludo con la mano y me dice «hola» con esa boca que me tienta.

Entro en mi despacho y me siento un idiota cuando saco el móvil y le escribo como Mocca30. Y más cuando busco las cámaras y la miro a través de ellas.

Mocca30: ¿Qué tal va la tarde?

La miro desde el ordenador y veo como se ilusiona al ver mi mensaje; luego hace una foto de su mesa llena de apuntes y con el ordenador y me la manda.

B26: Campaña de publicidad de última hora y no sé cómo enfocarla. ¿Y tú?

Mocca30: Sin parar. Pero ahora tengo un respiro.

Sonríe, mira hacia la calle y veo como me busca en cada persona que está con el móvil. Eso me hace sentir un poco traidor. Espero que no tarde mucho en querer saber si soy yo o no.

B26: Yo sin ganas de volver a mi casa. Se ha estropeado la caldera y ducharme con agua fría no me tienta; creo que hoy ni siquiera mi sopa sosa de sobre me va a calentar.

Mocca30: ¿Y comprar algo de camino?

B26: Estamos a final de mes. Estirar el sueldo es un deporte de riesgo. Pero en dos días cobro y me podré comprar algo más.

Mocca30: O aprender a cocinar.

Pone los ojos en blanco. Sonrío. Luego se muerde la boca. Veo sus dientes blancos asomar y torturar su labio inferior.

Mocca30: ¿Y si te dijera que te estoy viendo?

Se agita y se excita. Joder, que este juego le ponga tanto hace que yo quiera seguir cumpliendo todas y cada una de sus fantasías. En la cafetería hay mucha gente. En la calle, igual, por lo que veo a través de los cristales.

Puede ser cualquiera.

B26: ¿Te gusta lo que ves?

Vale, como ya sabía, esto le pone. Me remuevo en la silla, joder. La tengo a unos metros y me desea…, aunque sé que en realidad tal vez desee este subidón de adrenalina ante alguien a quien no conoces.

No puedo ser Sedrik para ella, pero puedo ser Mocca30 y darle lo que busca.