No debí hacer match contigo Capítulo 9. Belisa
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Capítulo 9. Belisa

Belisa

Llego a tiempo a la cafetería, que está llena de gente.

Al ser novedad, toda la gente quiere un café y subirlo a redes.

Voy con tiempo antes del trabajo, pero la cola es tan larga que pronto me desespero por si no puedo llegar a tiempo.

Me cuesta dormirme por las noches, por el estrés con mi trabajo, y eso hace que cuando suena el despertador esté tan agotada que lo voy dejando sonar cinco minutos más, que se convierten en veinte.

Cuando puedo mirar la vitrina de dulces casi no queda nada y dicen que hay que esperar a que se hagan más.

Han vendido más de lo esperado. Alzo la cabeza y me encuentro con el barista de los ojos dorados.

Juro que intento mirarlo sin que note lo mucho que me gusta lo que veo.

Recordaba que era sexi, pero es como si hoy lo fuera mucho más.

—¿Qué te pongo? —su voz es firme y parece tenso. O molesto. No sé muy bien.

—Hoy no tengo dudas de lo que quiero, no hay de nada. —Miro la vitrina, solo con las migas—. ¿Quedaría mal si me llevo la bandeja para chuparla? —Lo miro y se ríe. Su risa es bonita, una dulce carcajada.

—Quedaría raro, sí. ¿Un moca con doble de chocolate?

—Lo recuerdas.

—No todas las clientas pagan con un dibujo.

Sonríe, pero la sonrisa no llega a los ojos. Está tenso. Y que yo lo devore con la mirada seguro que no ayuda.

Está muy bueno, es mi tipo, sin lugar a dudas, pero sé lo suficiente del amor para saber que yo no soy el suyo. Un hombre así puede tener a cualquier mujer. Y pocos ven más allá de mi forma alegre de vestir. Pero no pienso cambiar para encajar. Lo he intentado y solo pierdo yo.

La gente protesta porque soy muy lenta. Asco de gente…

—En una hora habrá de todo. —Mira la vitrina.

—En una hora estaré al lado del lameculos de mi compañero y no podré respirar haciendo su trabajo y el mío, y eso que trabajo aquí arriba, en la oficina de publicidad.

—Vaya, pues al acabar…

—O mañana…, o pasado. Quién sabe. —Le doy un billete para que se cobre, nuestros dedos se tocan y siento un leve cosquilleo traspasar mi piel. Cuando lo miro, se me seca la boca por lo sexi que es. Aparto la mano, agitada.

Cuando me da el cambio, de nuevo ahí está ese cosquilleo.

Su compañero me da el mocca y le digo adiós con la mano. Corro hasta el trabajo y mi mente soñadora recuerda unos ojos dorados. Es tan guapo que duele mirarlo. No recuerdo la última vez que miré a un hombre y me pareció irreal de tan sexi. El cosquilleo de mis dedos sigue ahí.

Eso ha sido… raro.

* * *

Llego a mi trabajo y, como siempre, tenemos un montón de faena que recae en mí.

Estaría bien saber que soy tan útil si el resto no cobrara más que yo por no hacer nada.

Intento no pensarlo mucho; al final, esas cosas me amargan y me hacen sentir angustia mientras lucho por un sueldo decente que no esté tan lejos de lo que merezco.

Les pedí un aumento de sueldo al principio, pero me dijeron que yo no valía más de lo que me pagaban, y ahora me da miedo pedirlo de nuevo y que me despidan.

Ya me cuesta suficiente llegar a fin de mes sin estar en números rojos.

Y Defin no piensa darme ese placer de cobrar más.

Ahora me mira desde su despacho y cuando paro sale, seguramente para regañarme.

—No soy una IA, yo tengo que comer. —Gruñe y mira el reloj. Luego se marcha, y no creo que vuelva. Seguro que ya da por terminada su jornada laboral.

Miro el móvil mientras como un sándwich de la máquina que no tiene muy buena pinta. Otra vez me olvidé de hacerme la comida antes de acostarme. Soy un desastre con patas. Me llega un mensaje de Mocca, y eso me parece raro y a la vez me encanta; de momento no ha salido corriendo.

Mocca30: ¿Qué tal va tu día?

B26: Todo lo bien que puede ir con un jefe explotador, una hija del jefe idiota y su novio, que es mi ex, que trabaja conmigo y supuestamente lo hace todo él…, pero yo soy la que resuelve todo. ¡Va genial! (Nótese la ironía).

Defin regresa, para mi desgracia, y empieza a mandarme trabajo mientras come. Luego se marcha con su bolsa de comida al despacho y me mira desde allí tras el cristal.

Mocca30: Ánimo. Siempre puedes escribirme cuando te sobrepase la situación. No me importará hablar contigo.

B26: No te importará… De verdad, eres pésimo haciendo halagos. Te dejo, que mi ex, el capullo, me mira enfadado porque te estoy escribiendo y no trabajando.

Mocca30: ¿Tampoco tienes descanso para comer?

B26: Estoy comiendo… mientras trabajo. Hablamos luego…, si no has huido otra vez.

Guardo el móvil y miro a Defin enfadada cuando sale, molesto porque escriba en el móvil.

—Podrías hacerlo tú y dejar de mirarme con cara asesina mientras descanso.

—Lo estás haciendo tú, no quiero molestarte mientras trabajas.

—Ni molestarme ni dar palo al agua —murmuro, y sigo haciendo un informe de ventas de un producto de publicidad en el que estamos analizando si la campaña está ayudando o tenemos que cambiar el enfoque.

No van tan bien como esperaba, de modo que tengo que pensar una campaña nueva.

Acabo tarde y lo dejo sobre la mesa del jefe con mi nombre en todas las páginas.

Espero que Defin no se atribuya el mérito mañana.

Se han ido todos menos yo. Algo que no es la primera vez que pasa.

Me despido del de seguridad de la planta al irme y voy hasta la cafetería; por la hora que es, no debe de quedar nada.

Salgo del trabajo y, para colmo, está lloviendo. Yo soy de las que miran el tiempo en el móvil, y si pone que no va a llover no cojo el paraguas. Como si nunca se equivocaran…

Llego al súper mojada y no me dejan pasar por ir tan empapada. Voy a protestar, pero decido callarme e irme a casa a darme una ducha y comer sopa de sobre. Que en el fondo, la sopa de sobre no está tan mal.

Las voy a aborrecer…

Hago todo eso y cuando tengo preparada la sopa de sobre le hago una foto y se la mando a Mocca28 diciendo: «Un saludo a mi mierda de cena».

Tal vez no responda y eso remate mi día. Pero lo hace… y eso llena de color todo este día. Hasta la sopa me parece de golpe maravillosa.

Hasta hace poco no lo conocía y ahora es lo más excitante de mi jornada. Cuando me escribe, claro.