No debí hacer match contigo Capítulo 10. Belisa
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Capítulo 10. Belisa

Belisa

Sonrío y termino la cena. Luego pongo una de mis pelis favoritas románticas. Me la sé de memoria. Cuando la veo me siento en casa, abrazada por esa calidez de sentir que mientras la peli se proyecta estoy bien.

Se lo digo y lo hacemos. Le parece ridícula la mitad de las cosas. Me río por lo que dice y sí, es muy ridícula. Pero me gusta perderme en su felicidad y hacerla mía.

Miro el mensaje y lo pienso. Si me dijera que me ha visto haría todo esto más real. Y ahora mismo no sé si estoy preparada para que la «realidad» se cargue esto. Tal vez estoy siendo una cobarde. O estoy tan destrozada que no saberlo me da la fuerza que necesito para tontear con alguien sin miedo.

B26: Prefiero no saberlo. Ah, no soy tonta, que te cruces conmigo es una casualidad. Y más con mi forma de vestir tan llamativa, pero… así está bien.

Mocca30: Perfecto, así está bien. Y ahora, por la app… ¿Hoy llevas sujetador o tampoco?

B26: No llevo, no. Solo una camisa de dormir ¿Y tú?

Mocca30: No, tampoco llevo sujetador.

No puedo evitarlo y me río. Me río y luego le doy las buenas noches; es mejor dejarlo aquí, por ahora. Miro de nuevo sus fotos. ¿Volveremos a hacer de nuevo algo tan loco y excitante? Espero que sí…, antes de que la magia explote nuestra burbuja.

Sedrik

¿Qué narices estoy haciendo? Debería haber cortado con esto.

Esta mañana, cuando la vi, me perdí en ella y luego recordé su cuerpo perfecto y mis ganas de apartar esa camisa y bajar sus bragas para verla bien.

Y ahí estaba, con esos grandes ojos castaños y esa ropa peculiar.

Llevaba una camiseta de manga larga rosa con topitos de corazón, una falda vaquera y medias de color rosa.

No lo vi, pero la conozco lo suficiente para saber que llevará liguero.

Es su rebeldía. Y su forma de jugar con fuego sin que nadie lo sepa.

Me atrae como no recuerdo haberme sentido atraído por nadie. Pero estoy oxidado; hablar con ella en persona está descartado, me impone demasiado, más allá de hablar de cosas de mi cafetería. El daño que me hizo Salma está ahí, arraigado.

Cuando se fue, su perfume a cerezas se quedó anclado en el aire.

Seguir hablando con ella sin que sepa quién soy es un error. Por eso le pregunté. Dejé que decidiera y dijo lo que yo esperaba leer. Así no tengo que esforzarme por salir de la cueva en la que me metí tras romper mi compromiso con Salma tras su traición.

Así sigo viviendo a medias mientras fantaseo con la mujer más fascinante que he conocido en mi vida.