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Daniela aparta la fina manta que le cubre el cuerpo. Necesita unos segundos para entender que está en la casa de Moreno. Se incorpora con prisa y se pasa las manos por el jersey.
—¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? —pregunta con voz rasposa.
—Casi dos horas —le responde Lena con una sonrisa amplia en el rostro.
Daniela hace un esfuerzo para que no se le note el desconcierto al ver a su compañera.
—¿Y tú cuántas horas llevas sin pegar ojo?
—Dos días, creo. Tal vez tres. No lo sé.
—¡Por el amor de Dios! Necesitas descansar, Lena.
La joven se pone de pie y se acerca a su superiora dando pequeños saltos.
—Lo sé. Lo sé. —Mueve las manos tratando de quitarle importancia al asunto—. Tienes que ver esto, Duarte —dice señalando la pantalla. Daniela no hace nada por acercarse, a lo que Lena coge el portátil y lo lleva hasta su lado.
Le indica con el dedo un fondo negro con texto en letras verdes que no deja de recibir mensajes.
—¿Te has metido algo, Lena?
—Pues claro que sí. Lo necesitaba. Pero eso no es lo importante ahora. Fíjate aquí.
En la parte superior izquierda Daniela lee un hashtag con el nombre Sirope14inocente.
—¿Qué es eso?
—Verás, he examinado un tercio de la información que contenían los discos duros y los terminales de Sirope14, el chico de la gasolinera, y nada.
Te juro que me estaba quedando ciega buscando a Lucas entre todo ese porno descargado, charlas sobre juegos y demás porquería.
¡Nada, Duarte! Estaba desesperada y entonces te vi.
—¿A mí? —pregunta la inspectora con suspicacia.
—Sí. Estabas dormida, pero se ve que estabas pasando frío y moviste la mano hacia la parte superior del sofá.
Al principio no sabía qué buscabas. Pero luego lo entendí.
Seguro que en tu casa tienes la manta sobre el sofá.
—Sonríe—. De nada por taparte —apostilla con sorna—.
De nada sirve buscar donde no hay. ¿Y dónde podríamos encontrar imágenes de ese día en el parque?
—Sácame de dudas. —Daniela quiere saber adónde conduce el delirio de su compañera.
—¡En el chat del juego! He entrado con el perfil que creé hace unos días.
He dejado caer la noticia de que a Sirope14 lo ha detenido la policía por asesinar al niño.
Se creó un gran revuelo, pero seguí agitando el avispero, ya sabes: policía malos, ellos buenos.
Creé el #Siropeinocente y su sentimiento de comunidad hizo el resto.
Mira esto —le dice, dando toquecitos a la pantalla.
Daniela deja el portátil sobre la mesa y se sienta. Entiende lo que tiene ante sí. Decenas de jugadores enviando fotos y vídeos de la tarde en la que murió Lucas.
Lena suelta una enorme carcajada y se deja caer en el sofá.
—Nos han dado el trabajo masticado, Duarte.
—¿Has encontrado algo? —inquiere con incredulidad.
—Algo no. Todo. Mira los vídeos y las fotos que están en el escritorio.
Daniela clica en el primero. Son apenas veinte segundos. Se ve el parque y dos adolescentes hablando a cámara. Lucas aparece al fondo. Solo. Sin moverse.
En otro vídeo se ve al joven de la gasolinera hablando con una chica y a Lucas caminando tras ellos. Solo.
En una foto una pareja se da un beso y Lucas está a su izquierda mirando hacia ellos.
En otro vídeo se ve a la hija de Martín hablando con un chico. Sonriendo. Se toca el pelo. Lucas aparece a su lado en el momento en el que se corta.
Patricia sale en una foto haciendo el signo de la victoria, justo detrás está Alicia. Y Lucas.
En el penúltimo vídeo se ve al chaval de la gasolinera rodeado de gente de su edad hablando de cómo sacar rédito al juego. Por detrás, a lo lejos, Lucas cruza corriendo la pantalla. Casi llegando al final, desaparece.
En el último, se ve el parque y a varios grupos andando hacia las escaleras de salida. En una esquina un pequeño bulto. Casi no se aprecia lo que es. Parece una mochila abandonada.
Daniela da un respingo.
—Llama a Moreno— le dice a su compañera.
Lena no obedece. Hace rato que se ha quedado dormida.