No apartes la mirada 44
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El viejo Megane atraviesa la calle adoquinada demasiado rápido. Varios peatones le increpan a su paso. Cuando enfila la entrada del Instituto de Medicina Legal encuentra a Duarte esperándole. Tiene los labios apretados en algo que no es una sonrisa.

No espera a que llegue junto a ella para hablarle.

—El forense nos espera desde hace rato —dice con las palabras atropelladas.

—¿Te ha adelantado algo?

—Nada. Nos quiere a los dos.

Se detienen antes de entrar.

—¿La familia sigue dentro?

—Sí.

—Deberían haberse ido ya.

—No se van a mover. Lo sabes.

Moreno suspira. Daniela levanta los hombros y empuja la puerta.

Carlos se pone en pie en cuanto ve llegar al capitán. Carol está apoyada en el cuerpo de su madre, quien deja caer el rosario sobre la falda.

—Por favor... —dice el abuelo.

Moreno no le deja continuar, sabe que va a pedir respuestas. Respuestas que aún no tiene. Así que le pide calma con las manos y da dos golpes secos con los nudillos en la puerta.

Stefan abre de inmediato. Algo que Daniela agradece. No quiere permanecer bajo la mirada incisiva de la familia. Ahora no es la amiga, es la inspectora encargada del caso.

Al final de la sala de autopsias está el despacho del forense. Una habitación pequeña en la que el zumbido de la calefacción lo invade todo. Allí el olor es menos penetrante.

El forense pone el capuchón al bolígrafo y lo deja a un lado. Los policías se identifican y le estrechan la mano. Les indica que tomen asiento mientras él se levanta. Su altura y complexión imponen a Daniela.

—Voy a ser claro. No es agradable que te obliguen a revisar el trabajo de un compañero. Y mucho menos cuando se trata de Martín. Su trayectoria es intachable.

—Era necesario —responde Moreno.

—No lo era.

Moreno busca a Daniela un segundo.

—Explíquese —exige la inspectora.

—No sé qué esperaban encontrar, pero ratifico punto por punto el informe anterior. —El forense vuelve a sentarse. Apoya las manos en la mesa—. La causa de la muerte es un traumatismo craneoencefálico. Y tal y como saben, es compatible con un golpe seco.

—La científica no ha encontrado ningún instrumento con el que pudieran infligírselo —apostilla Moreno.

—Eso ya no entra en mis competencias, agentes. No pretendan que les demos todo el trabajo hecho. —Daniela se remueve en la silla, incómoda. Moreno coloca su mano en el brazo de ella.

—No pretendemos eso. Tan solo le estamos pidiendo ayuda para cerrar el círculo.

—Es lo que he hecho.

El forense no añade nada más. Con un gesto rápido les entrega el documento. Y los tres dan por terminada la reunión.

Salen y cierran la puerta. Stefan y un compañero están enfrascados en su conversación y no les prestan atención.

—¿Qué les digo ahora a la familia?

—Siempre la verdad, Duarte.

Cuando salen al pasillo, el aire parece aún más cargado. Carlos está de pie, no se ha movido desde que entraron. Los mira como si en sus caras pudiera encontrar las respuestas a todas sus preguntas.

—¿Y bien?

Moreno no contesta de inmediato.

—Este informe confirma el anterior.

Carmen se persigna con rapidez. Carol solloza de nuevo.

—Entonces, ¿de qué ha servido esto? ¿Para qué hacer pasar a mi nieto por esta perrería? —pregunta Carlos.

—Que las respuestas no estén en el cuerpo no significa que no haya respuestas.

Daniela asiente. Entiende las palabras de su jefe.

—¿Ya podemos enterrarlo? —murmura Carmen sin atreverse a levantar la mirada.

—Sí —susurra Daniela.

Los cinco salen del Instituto. Se suben al coche, cada cual en el mismo sitio en el que llegaron. Y aunque Carol abre inmediatamente la ventana, la atmósfera del interior es caliente. Como si estuvieran en una olla a presión.

Moreno espera a ver salir el coche de Duarte para llamar a Lena.

—¿Cómo ha ido todo? —pregunta en cuanto descuelga.

—Nada nuevo. —Lena suelta un par de palabrotas al escucharlo—. ¿Y por ese lado?

—Igual. Pero está aquí, Moreno. Sé que está aquí.

El capitán arranca el coche.

—Seguid buscando.

—No pararé hasta dar con ello.

Cuelgan. Lena abre otra carpeta. Contiene más de doscientos vídeos. Se cruje los dedos de la mano y se concentra en las imágenes.

Moreno pone rumbo al despacho de Pajés. Ya tiene lo que necesitaba. Han limpiado la primera parte. Ahora debe autorizar la segunda.