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La sala de estar de la casa de Moreno se convierte en la nueva sala de reuniones del CEIMD. Es una forma de optimizar el tiempo.
En este momento Daniela está al teléfono con su antiguo compañero Stefan.
—Tengo una buena noticia y otra mala. ¿Cuál quieres primero?
—Ahora mismo, la buena —responde sin dudar.
—Todo el equipo ha pasado la noche trabajando. Tenemos los resultados de la composición química de la muestra dubitada y la indubitada presentan un 99,9 de similitud. No hay duda.
—Bien. —Daniela levanta el pulgar a Lena, que la mira con los ojos muy abiertos—. ¿Y la mala?
—El otro tema es complicado.
—Como siempre.
—No ha dicho que no. Tampoco que sí. Tiene muchas preguntas.
—Tengo muchas respuestas —replica.
—¿Burocráticas?
—Los padres han firmado el consentimiento.
—No son ellos los que nos preocupan —matiza Stefan en un tono seco.
—Tendrás esa firma estampada en un papel, pero no podemos esperar.
—No depende de mí, Duarte. Has pinchado en hueso. La sombra de Pajés es alargada y aquí hay fronteras que no todo el mundo se arriesga a cruzar. Entiéndelos.
—Sí, por supuesto. —Daniela cierra los ojos un segundo—. Y gracias por lo otro.
Moreno mira el gesto contrariado de Duarte y coge las llaves del coche. Antes de que Daniela cuelgue, él ya está bajando las escaleras hacia la calle.
Lena se inclina sobre el lavabo. Se echa agua en la cara una vez. Y otra. El frío la despeja, pero no lo suficiente. Demasiadas horas sin dormir. Demasiadas horas analizando los vídeos del portátil del chaval de la gasolinera.
Blázquez dormita sentado en el sofá.
Una pelota pega con el frontón con un sonido seco que se mezcla con el gruñido gutural que se escapa de la boca de Pajés. Se prepara para golpearla de vuelta cuando ve llegar a Moreno. No disimula su molestia al dejar la pala apoyada junto a la puerta.
—Espero que me hayas sacado de un partido que voy ganando por algo importante.
Moreno no se detiene a su lado. Le indica con la cabeza que le siga hasta salir del recinto deportivo y llegar al amplio aparcamiento de la entrada. El día está soleado, aunque el viento evita que se sienta su calidez.
—Lo es.
Pajés lo observa unos segundos.
—Pues no lo parece. —Usa la manga de su camiseta para secarse el sudor—. Habla.
—Necesito que firmes dos órdenes.
—¿Para eso has venido hasta aquí? Envíamelo mañana.
El juez se da la vuelta para volver al juego.
—No. Tiene que ser ya. Tienes los documentos en tu correo.
—Lo leeré mañana —bufa sin girarse.
—Hemos requisado material sin esperar tu firma. Hay una orden circulando que no ha salido de tu despacho. Y no será la única.
Pajés se detiene.
A lo lejos el sonido de varias pelotas chocando contra la pared.
Se gira muy despacio y se acerca a Moreno, quien ni siquiera parpadea.
—¿Me estás diciendo que habéis falsificado una orden judicial?
—Estoy diciendo que no podíamos esperar.
Pajés da un paso más. La distancia entre ellos es tan corta que Moreno puede oler el sudor que emite el cuerpo del juez.
—¿Eres consciente de lo que estás diciendo?
—Por completo.
—Te estás cargando la unidad. —El juez levanta la mano y roza la cara de Moreno, quien no se inmuta.
—El caso está contaminado. Es cuestión de horas que reciba una llamada en la que nos dejen fuera. Tú y yo lo sabemos. Solo te estoy pidiendo que nos dejes cerrar el caso antes de que nos aparten. —Pajés niega despacio—. La cuenta atrás ya ha comenzado.
—No me la pienso jugar por vosotros, Moreno.
—No lo pretendo.
—¿Y qué es lo que pretendes?
—Solicita una segunda autopsia. Los padres han firmado el consentimiento. La científica está esperando tu orden.
—¿Dudas de Martín?
—Ya no hay duda de que su hija está implicada.
No sabemos el grado, para eso te necesitamos.
Que su padre haya hecho la autopsia invalida la investigación, por eso te necesitamos.
También que tomes declaración a su hija y a la amiga.
Ambas tenían el mismo esmalte de uñas que encontramos en el reloj del crío.
Pajés suelta una risa breve, sin humor.
—Esto no se sostiene, Moreno.
El policía saca de su bolsillo el móvil. Va a la galería de fotos y cuando encuentra lo que busca se lo pone delante de los ojos al juez.
Lucas con sus ojos brillantes. Con su sonrisa. Con su inocencia.
Pajés traga saliva y aparta la mirada.
—Firma. Danos cobertura.
—Te van a parar —añade Pajés—. Con o sin mí.
—Nos vale con que no seas tú el primero. Regálanos ese tiempo extra. A cambio le llevarás a la Fiscalía, al ministro, la unidad en bandeja. Podrán colgarse las medallas que quieran, y Lucas tendrá la justicia que se merece.
Pajés no tiene claro si el hombre que le mira con semblante tranquilo ha perdido el juicio.
No se equivoca en afirmar que el rumor de que la unidad es ahora mismo un estorbo es un secreto a voces.
Más de una vez ha mantenido conversaciones con las altas esferas en las que le dejan caer que ese agujero negro de partida presupuestaria tiene que darse por finiquitado.
De la misma forma que otra parte afirma que es una necesidad.
Pero esos eran menos, y con menos peso político.
—Tengo que pensarlo.
—Por favor, no tenemos tiempo que perder.
—No me presiones más, Moreno. —Suelta el aire con fuerza y da un par de pasos sin perder de vista al policía—. Voy a terminar mi partida. Mañana leeré ese informe y tomaré una decisión.
No se despiden.
Moreno ve cómo el juez vuelve al interior del centro deportivo y se dirige a su coche. Da un fuerte puñetazo al techo y suelta un grito profundo. Una pareja que está cuatro vehículos más lejos lo observa con temor.
Entra.
Vuelve a sacar el móvil y deja el número de Duarte en la pantalla.
Espera.
Dos minutos. Tres. Cuatro.
Y cinco. Da otro puñetazo. Esta vez al volante.
No puede creer que se haya abierto en canal ante Pajés y no haya servido de nada. Llama a Duarte. Quiere que sea ella la primera en saber que no ha funcionado.
Antes del segundo tono, cuelga.
Pajés sale del centro. Lo hace con pasos largos y rápidos.
El policía ve cómo el juez entra en su coche y sale de allí a gran velocidad.
Moreno suelta una carcajada de alivio. Sabe que el juez no quiere perder tiempo en llegar a su despacho.
Sabe que en veinte minutos estará leyendo el informe preliminar que ha elaborado con Lena horas antes.
Sabe que en una hora tendrá todas las solicitudes de órdenes firmadas.
Sabe que el ego de un juez es importante.
Sabe que la unidad se acaba.
Sabe que Lucas no tardará en ser un caso cerrado.