No apartes la mirada 40
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El tiempo triplica su velocidad esta tarde.

Blázquez se queda unos segundos frente al quinto establecimiento estético que visita. A través del cristal ve a dos mujeres sentadas, con las manos extendidas sobre una mesa iluminada, y a cuatro más sentadas a la espera. El zumbido de un aparato que parece un torno se filtra hasta la calle.

Empuja la puerta.

Un olor químico similar al pegamento le golpea de lleno.

—Buenas —saluda sin mirar a ninguna mujer en concreto.

Nadie responde de inmediato. Una de las chicas levanta la vista, lo evalúa: ropa, gesto, postura defensiva. No tiene pinta de venir a hacerse las uñas.

—¿Quieres una cita?

—No, quiero respuestas.

Las dos manicuristas se miran.

—Estamos trabajando —responde una de ellas.

Blázquez enseña la placa para dejarles claro a todas que es policía. Luego saca el móvil de su bolsillo. Busca la foto y se la enseña.

—¿La conocéis?

Las dos se inclinan para ver con claridad. La primera de ellas frunce el ceño. La otra se acerca más.

—Espera... ¿Puedes ampliar un poco?

Blázquez lo hace.

—Esa chica ha pasado por aquí.

Sonríe. Al fin ha dado con el lugar correcto.

—¿Cuándo?

—La semana pasada. O la anterior. No estoy segura. Pero vamos... yo la he atendido.

—¿Vino sola?

—No, estaba su amiga también. Las dos se hicieron el mismo esmaltado. Ahora está de moda que las besties vayan iguales.

—¿Puede describirme a la amiga?

—Puedo decirle quién es, si lo prefiere.

Blázquez no se cree la suerte que está teniendo. Guarda el móvil y asiente despacio.

—Patricia, la hija de Cristina, la que trabaja en el banco que está al lado del hotel.

Sabe a qué banco se refiere.

—Gracias —le dice.

—¿Ha pasado algo? —se interesa.

—No. Pero necesitaré el esmalte que usó. ¿Lo recuerda?

—Sí, claro. Todas las adolescentes quieren el mismo.

Se levanta y el crujido de las suelas de goma de sus deportivas la acompaña hasta el centro de la sala. Regresa enseguida con un pequeño bote de tapa negra en la mano. Rojo Russian.

Blázquez se despide dejándolas con tema de conversación para toda la semana.

Lena termina su trabajo y se lo acerca a Daniela, que ahora tiene la mano en su costado.

—¿Va todo bien?

—De maravilla —responde forzando una sonrisa.

Quince minutos más tarde una orden falsa está circulando hacia la gasolinera donde trabaja Sirope14. Está tan bien hecha que al mismo Pajés le costaría darse cuenta de que no es suya. Eso es lo que le ha dicho Moreno cuando se han subido al coche.

El trayecto lo hacen los tres en silencio. Cada cual pensando en lo suyo.

Los tres pensando en Lucas.