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Lena está a punto de salir de casa para dirigirse a la reunión de la unidad. No llega a meter la llave en el contacto cuando le suena un mensaje. Se queda paralizada. Sabe que no es un mensaje normal. Proviene del juego.
Casi al mismo tiempo Alicia también sale de su casa.
Su padre puede tenerlo todo controlado, pero el sopor de una película romántica es superior a sus fuerzas.
Ella lo sabe y le ha insistido en poner la última de Blake Lively; le encanta Blake, aunque la peli es un truño.
Su padre ha batido el récord y en menos de diez minutos está emitiendo sus desagradables ronquidos.
La verdad es que ella no tenía pensado escaparse, hace frío y no le apetece ni un poco atravesar el parque de noche para ir a la casa de Patricia.
Y Patricia no ha contestado, eso la acojona.
Su amiga la está evitando y eso solo puede significar que se ha chivado.
Alicia no tiene claro qué hará cuando vea a su amiga frente a frente. O sí, claro que sí lo tiene claro, se la va a cargar.
El teléfono de Lena vibra en el bolsillo de su abrigo.
Acaba de llegar al parque. Lo ha hecho por el lado este, el más cercano a la caseta de mantenimiento que se encuentra junto al pequeño lago.
Es el lado opuesto al que encontraron a Lucas, pero desde ahí tiene una visión perfecta del resto de las entradas.
El teléfono le vuelve a vibrar.
Lena no se atreve a moverse hasta que no vea llegar a Sirope14.
Pasan los minutos. El frío le está atravesando las capas de ropa. El teléfono vibra de nuevo. Ve a una pareja entrar. Los músculos se le tensan, la saliva se le evapora de la boca y en un acto reflejo se lleva la mano al arma.
Falsa alarma.
Esos dos solo han ido al parque para meterse mano.
Alicia reconoce a Lena en cuanto la ve. Es la poli a la que su padre llevó a casa para arreglar el ordenador hace unos cuantos años.
Lleva el pelo más corto y mucho más oscuro que la única vez que la vio.
Su mierda de memoria es muy selectiva y nunca olvida las caras de quienes le joden la vida.
Por culpa de esta tipa su padre descubrió que su madre hacía sexting con unos cuantos tíos.
Normal que lo hiciera, su padre era un triste y físicamente estaba acabado.
Pero su odio no se debe a eso. Si la poli no hubiese abierto la boca ella seguiría teniendo un ordenador en casa, su padre no pensaría que la tecnología es el anticristo y ahora ella podría stalkear las redes de su amiga y averiguar dónde está sin necesidad de estar recorriendo parques oscuros.
Le intriga saber qué hace la poli por la noche en un parque donde solo van las parejas a enrollarse. Si Patricia estuviese ahí la trolearían un rato, pero no está y a ella no le mola seguir ahí sola. Además, su padre puede despertarse y comprobar que se ha escapado, y entonces estará bien jodida.
Los pasos de Alicia se alejan y Lena se percata. Corre hacia la dirección del sonido y descubre a la joven con la capucha.
—Eh. Eh. Espera un momento.
Alicia se gira y al ver que la poli corre hacia ella, echa a correr también.
—No te vayas. Solo vamos a hablar.
Mierda. Mierda. Mierda. Correr para salir del parque es complicado cuando la suela de las deportivas le resbala al avanzar por la hierba mojada. La sensación le produce un déjà vu.
Por suerte Lena lleva un calzado más apropiado y avanza con más rapidez.
Se acerca. Se estira y consigue agarrar una porción de la tela de la capucha y tirar de ella.
La chica ve cómo sus pies se elevan para un segundo después sentir cómo su culo choca contra el suelo.
Lena no cree que pueda salir victoriosa así que aprovecha que la chica está en el suelo para inmovilizarla.
—¿Qué coño haces, loca de mierda? —Las palabras le salen exhaladas en busca de respuestas y también de aire.
—Tenemos que hablar.
—Yo no tengo nada que hablar contigo. Y que sepas que mi padre te va a crujir. No puedes tocarme, soy una menor.
—Técnicamente no te he tocado y estoy aquí porque me lo has pedido.
—¡Yo no te he pedido nada!
—¿Eres Sirope14?
Mierda. Mierda. Mierda. ¿Cómo sabe esta tía lo de Sirope14?
—No.
—No me vaciles. Eres Sirope14 y me has escrito hace una hora para que me reuniera contigo aquí. ¡Habla!
—Yo no te he escrito. ¡No sé qué mierda de Sirope dices! ¡Suéltame! —grita retorciéndose.
Da igual lo que diga la chica, Lena no escucha, no razona, no piensa. Está tan cerca de saber lo que se esconde detrás de ese perfil de Trenit que no va a permitir que se le escape la oportunidad.
—Te soltaré si prometes no salir corriendo.
Alicia asiente y en cuanto Lena afloja un poco la presión grita con toda la fuerza de sus pulmones pidiendo ayuda.
La policía no tiene otro remedio que ponerle la mano en la boca para amortiguar los chillidos.
Puede que no haya mucha gente por los alrededores, pero no puede jugársela y que alguien acuda en su ayuda.
Lena sabe que ha traspasado los límites de la legalidad y ella no es Blázquez.
Ella no tiene carta blanca para hacer lo necesario con tal de obtener resultados.
Piensa que ojalá hubiera avisado a su compañero. Él encontraría la forma.
Blázquez permanece ajeno a todo lo que está sucediendo a su compañera de unidad.
Se ha pedido una hamburguesa doble con carne a la brasa de doscientos gramos cada filete.
Por supuesto no le faltan unas cuantas cervezas.
Dos se había bebido ya cuando a su teléfono llegó una localización a tiempo real y la palabra «Ven».
No se hubiera planteado ir si no fuese porque es el número privado de Lena quien se lo envía, y ella nunca se pone en contacto con él por canales no oficiales.
No tarda más de diez minutos en estar alumbrando con una linterna a su compañera.
—¿Qué cojones está pasando aquí, Lena?
—Ella... ella es Sirope14. Sabe algo, Blázquez, sabe algo. Ayúdame a llevarla a la unidad. Hay que tomarle declaración ya mismo. ¡Avisa a Pajés! —grita señalando a Alicia una y otra vez.
—¡Hostia puta! —Mira a la chica, que llora a mares mientras el cuerpo le tiembla. Blázquez la ha reconocido de inmediato—. ¿Sabes quién es?
—¡Acabo de decírtelo! ¡Es Sirope14!
—¡Es la hija de Martín!
La luz le da de lleno en la cara y la chica se protege con las manos antes de sollozar aún más fuerte.
Mierda.
Las facciones más afiladas, el pelo largo, más alta, mayor. Sí que es ella. La única vez que la vio era una niña, es normal que no la haya reconocido como adolescente.
Blázquez se lleva las manos a la cabeza y da una vuelta sobre sus pies. Lena se ha quedado petrificada en el sitio. A la pareja que se comía a besos le han cortado el rollo y salen del parque con pasos rápidos.
—La he cagado —murmura Lena.
Blázquez se pone en cuclillas y hace un gesto para que se calle.
Necesita pensar. Tienen que arreglar esto.
Tienen que minimizar el daño como sea. Mira a Lena y, salvando mil diferencias, reconoce mucho de él en ella.
Entiende qué la ha llevado hasta allí. Entiende que en algunos casos el instinto es más fuerte que el raciocinio.
Se pone de pie.
Aleja a Lena de la chica y muy despacio se quita la chaqueta. La coloca sobre los hombros de Alicia, que sigue temblando.
Toma aire.
A Moreno le falta el aire con la llamada que recibe. Le cuesta entender la voz femenina que habla de forma atropellada al otro lado. Es Lena.
Diez minutos más tarde, a Martín lo despierta el timbre del teléfono.
Se levanta desubicado sin tener claro si lo que suena es la alarma o una llamada o si la oscuridad es porque es muy tarde o demasiado temprano.
No reconoce el número que le llama, aun así responde y hubiera deseado no hacerlo.
Al otro lado una voz llorosa dice cosas inconexas, aunque llega a entender lo importante. Es su hija.
La casa de Carlos y Carmen es el último lugar en el que suena el teléfono. Ambos se miran con el convencimiento de que una llamada a esa hora no puede traer buenas noticias y, por supuesto, no se equivocan.
A Pajés le encantaría llevar a rajatabla la norma de no responder fuera del horario laboral, pero su trabajo no le da esa opción.
Disponibilidad permanente. Responde sin ganas.
Moreno no está en su lista de personas favoritas.
No apoya sus métodos, aunque es cierto que es el único que podría gestionar una unidad con casos tan sensibles.
—Espero que esta llamada sea importante —responde con sequedad.
—Lo es. Créeme —le dice Moreno.