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La noticia en los medios de comunicación precipita los acontecimientos en la unidad.
Moreno debe tomar decisiones rápidas. Llama a Lena, que sigue en su casa, y le pide que acuda a la central con urgencia.
A Blázquez le da carta blanca para que rastree y a Duarte le pide que lo acompañe a casa de Martín.
No lo admitirá jamás, pero no quiere ir solo a ver a su amigo.
Les abre la puerta en pijama de cuadros escoceses, con cara de asombro al encontrarle al otro lado.
—No es para tanto. Es solo un resfriado; no era necesaria una visita de despedida —dice, sonriendo.
Daniela y Moreno no pueden evitar mirarse de soslayo.
—¿Podemos pasar, Martín? —pregunta Moreno.
—Por supuesto. Acabo de preparar un piscolabis de media tarde. ¿Queréis?
—No. Es mejor que te sientes.
El forense mira confundido a sus compañeros y les indica que tomen asiento mientras él hace lo mismo.
No ha perdido la sonrisa, pero sí el hambre.
Algo le dice que la seriedad en el rostro de Moreno no se debe a que se haya tomado la libertad de cogerse un día libre.
La veteranía le otorga ciertas ventajas.
Descansar un día después de casi cuarenta y ocho horas de trabajo intensivo es una de ellas, por lo que aquella visita no tiene sentido lógico.
—¿Estás solo?
—Sí, mi hija ha decidido comer en casa de su madre y después pasar la tarde con una amiga. Luego iré a por ella y seguro que haremos una parada técnica en una hamburguesería. ¿Pasa algo?
—Pasa, Martín. Será mejor que lo veas.
Daniela saca la tablet del bolso y, sin más explicaciones, la pone en el centro de la mesa y pulsa el play .
Otra vez la imagen de Lucas con sus andares cortos, la mochila negra a la espalda y la cabeza gacha. Vivo.
A Daniela le dan ganas de vomitar. Moreno no puede disimular su malestar.
—¿Es el niño?
—Sí, es él.
—La definición no es muy buena. Tal vez Lena pueda mejorarlo. Por la hora de la muerte y el reloj de la cámara, eso debió de ser una hora antes. Ya podemos descartar que alguien se llevara al niño en coche.
—Sí. Esto cierra una línea de investigación, pero abre otras.
—¿Cuál?
—Fíjate en el margen derecho.
Las dos imágenes femeninas cobran protagonismo en el plano y, en un primer momento, Martín no reconoce a ninguna. No es hasta que la chica de pelo oscuro gira la cara para hablar con su acompañante cuando reacciona. Es Alicia. Es su hija.
Termina de ver la secuencia y pide que se la vuelvan a poner. Moreno y Daniela permanecen en silencio. Ambos saben que su compañero necesita procesar lo que está viendo y esperan a que la grabación vuelva a llegar a su fin.
—¿Sabías que tu hija conocía a Lucas? —pregunta Daniela con un intencionado tono cordial.
—Si por conocerse te refieres a que sabía que Lucas existía, es obvio. Acuden diariamente al mismo colegio; en algún momento habrán coincidido. Por no decir que esta ciudad es pequeña.
—Vamos, Martín. No nos hagas luz de gas. —La voz de Moreno suena cansada, o decepcionada. Tal vez a partes iguales.
—No me está gustando el tono de esta conversación.
—No queremos que te lleves esto al terreno personal. No es más que el procedimiento habitual.
—Duarte, ¿te ha tocado hacer de la poli buena? Compañeros, que todos somos perros viejos en esto. Habéis venido hasta mi casa a enseñarme un vídeo de calidad ínfima porque sale mi hija caminando tranquilamente por la calle.
—Tú has visto lo mismo que nosotros, Martín.
—Sí, he visto a mi hija coincidiendo en espacio y tiempo con Lucas. No será la única; su amiga Patricia también está en las imágenes. ¿Habéis hablado con los padres de ella?
—Blázquez está en ello ahora mismo.
—Entonces tengo que agradecerte que no enviaras a tu esbirro.
—Vamos a relajar el tono, porque esto no es un ataque y se tienen que hacer bien las cosas —interviene Daniela.
—Bien, pues voy a llamar a un abogado y, en cuanto lo tenga, iremos los tres a la central para que toméis declaración.
—Martín, todo eso no es necesario.
—Sí que lo es. Alicia es menor y no abrirá la boca sin un representante legal ni sin la presencia de su padre. A la madre mantenedla aparte de todo esto. Eso os lo pido como un favor personal.
—¿Estás pidiéndonos favores cuando no estás colaborando en nada?
Moreno encaja mal la reticencia del forense.
No entiende su actitud defensiva cuando no le están atacando.
Martín, en cambio, entiende la presencia de sus compañeros en su casa como un ataque en sí mismo.
De unos compañeros de fatiga hubiera esperado una llamada, un toque de atención para que él hablara antes con su hija, pero lo que han hecho lo considera invasivo.
Daniela sigue con ganas de vomitar y ya no sabe si es un efecto más del tratamiento o es la sensación de asco ante lo que está sucediendo.
Por su parte, Blázquez ha tardado menos en sacar algo en claro de la amiga de Alicia. Los padres habían visto las noticias y se mostraron proactivos con el policía. La chiquilla contó que salieron del colegio hacia el parque a las tres menos diez de la tarde.
Había una quedada de todos los jugadores de Trenit de la provincia, algo muy chulo porque al fin podrían poner cara real a los avatares con los que jugaban.
La reunión estaba organizada desde principios de año.
Con la lluvia, Alicia y ella creyeron que se cancelaría, pero durante el recreo recibieron un mensaje de que seguía en pie y continuaron con su plan.
Ella no tenía idea de si Lucas también pensaba acudir; con quien siempre hablaba era con Alicia.