Capítulo 14 #3
Siguieron caminando. Teo miró la acera durante unos segundos, reorganizando lo que había ocurrido.
Hasta entonces había imaginado el problema de Adrian de una manera más sencilla.
Tal vez como el deseo de poder cogerle la mano en público, demostrar cariño o ser presentado formalmente como su novio.
Cosas que Teo todavía no sabía si sería capaz de hacer con naturalidad.
Pero Adrian no estaba pidiendo ninguna de ellas.
La incomodidad venía del hecho de que Teo había alterado activamente la realidad entre los dos en cuanto apareció alguien conocido.
—Pensé que te había molestado porque retiré la mano —dijo Teo.
—Tampoco fue maravilloso —respondió Adrian con una pequeña sonrisa—. Pero puedo sobrevivir sin ir de la mano.
—Sabes lo que quiero decir.
—Sí. —La sonrisa desapareció—. Teo, no necesito demostraciones públicas. No estoy intentando sacarte del armario por la fuerza. Después de lo que me contaste sobre tu padre y tu ex, sería especialmente cruel hacerlo.
Teo asintió.
—Solo no quiero tener que estar preparado para desaparecer cada vez que alguien conocido se acerque.
La frase se quedó con Teo.
Adrian volvió a meter la mano en el bolsillo.
—Y antes de que conviertas esto en una catástrofe, no estoy diciendo que se haya acabado ni te estoy dando un ultimátum. Es la primera vez que pasa desde que decidimos estar juntos. Te asustaste. Lo entendí.
—Pero te dolió.
Adrian respiró hondo.
—Un poco.
Teo habría preferido que lo negara. Sería más fácil considerar su propia reacción como algo pequeño si Adrian dijera que no había importado. En cambio, estaba siendo cuidadoso y, aun así, sincero.
—Perdón.
—No necesito que te disculpes por sentir miedo.
—No me estoy disculpando por eso. —Teo lo miró—. Me disculpo por cómo te traté cuando lo sentí.
Adrian sostuvo su mirada durante unos segundos y asintió.
—Eso sí lo acepto.
Teo redujo un poco el paso.
—No sé si puedo prometer que estaré completamente tranquilo si vuelve a pasar.
—No quiero esa promesa.
—Pero puedo intentar no reaccionar de aquella forma.
Adrian permaneció en silencio.
—En serio —continuó Teo—. Quizá todavía no pueda presentarte como mi novio ante cualquiera que aparezca. Quizá me ponga nervioso. Pero puedo intentar no actuar como si necesitara crear distancia inmediatamente solo porque alguien me haya reconocido.
—Por ahora, eso es suficiente para mí.
—¿Por ahora?
Adrian soltó una pequeña risa.
—No empieces una investigación por una palabra.
—Tú elegiste la palabra.
—Y tú sigues siendo tú.
La tensión disminuyó lo suficiente para que Teo sintiera ganas de responder con alguna provocación, pero el tema todavía no parecía completamente resuelto dentro de él.
—¿Estás seguro?
—Estoy seguro de que no quiero que cada dificultad tuya termine convirtiéndose en un ultimátum. —Adrian miró al frente mientras caminaban—. Esto es nuevo para ti. Y, después de ayer, sé que hay toda una historia detrás. Puedo tener paciencia sin fingir que nada me afecta.
Teo asimiló la frase.
—Parece justo.
—Milagro. Estuviste de acuerdo sin convocar a Helena.
—No existe ningún reglamento del edificio para esto.
—Todavía.
Teo sonrió. Adrian también, y unos pasos después su mano rozó brevemente el brazo de Teo. El contacto fue discreto, fácil de ignorar para cualquiera que pasara cerca. Esta vez, Teo no se apartó.
La relación seguía intacta. No había amenaza de ruptura, ninguna exigencia nueva, ningún conflicto lo bastante grande como para cambiar lo que habían decidido antes.
Aun así, algo había quedado expuesto. Teo ahora sabía que el miedo que siempre había tratado como un problema exclusivamente suyo tenía la capacidad de alcanzar a Adrian.
Cuando llegaron frente al edificio, Adrian solo lo besó después de que entraran en el ascensor vacío.
Teo correspondió, pero la conversación del camino seguía presente.
Más tarde, solo en el apartamento, encontró a Milo tumbado en el árbol para gatos que durante semanas prácticamente había ignorado y se sentó en el sofá.
El episodio del restaurante volvía en detalles incómodos: la mano retirada, la silla apartada, el cambio instantáneo de postura, la presentación sin ningún contexto.
No había planeado hacer nada de aquello.
Su cuerpo simplemente había reaccionado antes de que tuviera tiempo de decidir.
Eso era precisamente lo que más le molestaba.
Años antes, cuando su antigua relación había empezado a exigir demasiado espacio fuera de los lugares privados, Teo había resuelto el problema reduciendo ese espacio.
Había evitado situaciones, separado personas, impedido encuentros y, cuando aquello se volvió demasiado difícil, terminó la relación.
En aquel momento había conseguido llamar a todo eso protección, prudencia, necesidad.
Ahora le había prometido a Adrian que intentaría hacerlo de otra manera, pero la primera aparición inesperada de alguien conocido había bastado para devolverle un reflejo que Teo conocía mejor de lo que le gustaría.
Milo levantó la cabeza cuando Teo pasó una mano por su pelaje.
—No es lo mismo —murmuró.
El gato volvió a cerrar los ojos.
Teo permaneció sentado, mirando la sala silenciosa.
Todavía no era lo mismo.