Capítulo 14 #2
La conversación se mantuvo en el trabajo durante unos pocos minutos.
Teo respondió a las preguntas, hizo un comentario sobre una futura reunión y consiguió comportarse con suficiente normalidad como para que el compañero no demostrara ninguna curiosidad por las personas sentadas con él.
Adrian no intentó participar más de lo necesario.
Maya tampoco. Cuando el hombre finalmente se despidió, solo dijo que hablaría con Teo el lunes y siguió hacia otra parte del restaurante.
Teo esperó a que se alejara antes de volver la mirada hacia la mesa.
Adrian estaba bebiendo café.
Maya retomó la conversación anterior sin mencionar lo que acababa de ocurrir.
—En fin, antes de la interrupción, estaba explicando por qué nunca más deberían permitirle elegir restaurante.
—Una vez —protestó Adrian—. Elegí mal una vez.
—La comida tardó dos horas.
—Eso no estaba en la página web.
—Y tú insististe en que valdría la pena esperar.
Teo tardó unos segundos en volver a seguir el tema.
Sabía que Adrian había notado su reacción.
Era imposible que no lo hubiera hecho. Aun así, no estaba utilizándolo para provocarlo ni cambiando su comportamiento delante de Maya.
La mano que antes había estado cerca de la de Teo ahora sostenía su propia taza.
La distancia entre ellos seguía siendo mayor.
Teo intentó participar otra vez en la conversación.
Lo consiguió, pero no con la misma facilidad.
La presencia de su compañero en algún lugar del restaurante mantenía su cuerpo alerta.
Cada vez que alguien pasaba cerca de la mesa, sus ojos se movían automáticamente. Adrian no intentó tocarlo otra vez.
Eso molestó a Teo más de lo que esperaba.
El resto del brunch siguió siendo agradable, pero la ligereza de las primeras horas no regresó por completo.
Maya pareció darse cuenta y evitó cualquier cosa que pudiera aumentar la incomodidad.
Cuando terminaron, pagaron la cuenta y salieron juntos.
Hablaron algunos minutos más en la acera hasta que Maya avisó que seguiría en otra dirección.
—Me gustó conocerte por fin fuera de las modificaciones estructurales que Adrian hizo en casa —le dijo a Teo.
—No fueron modificaciones estructurales.
—Cambió las tazas de armario. Para él eso casi es una reforma.
—Los odio a los dos —declaró Adrian.
Maya lo abrazó y después se despidió de Teo.
—Nos vemos.
—Espero que sí.
Ella sonrió y se marchó.
Teo y Adrian empezaron a caminar solos. Durante los primeros minutos, ninguno de los dos habló del tema. Adrian mantuvo las manos en los bolsillos y comentó algo sobre el restaurante. Teo respondió, pero sabía que aquella conversación existía únicamente porque Adrian le estaba dando tiempo.
Fue Teo quien terminó rompiendo el silencio.
—Te molestó.
Adrian lo miró.
—Un poco.
La respuesta directa hizo que Teo respirara más profundamente.
—Por mi compañero.
—Por lo que pasó cuando apareció.
—No estaba preparado para que alguien del trabajo lo supiera.
—Lo sé.
—Ni siquiera sé qué piensa sobre esto. Y el trabajo es diferente. Algo puede empezar como un comentario y después convertirse en tema de conversación para otras personas. No quería tener que lidiar con eso sin estar preparado.
Adrian asintió.
—Tienes derecho a decidir quién sabe que eres gay.
Teo esperaba resistencia y encontró acuerdo. Eso no terminó de tranquilizarlo.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
Adrian caminó unos pasos antes de responder, eligiendo las palabras.
—No es que no nos presentaras como pareja. No necesitaba que dijeras «este es mi novio» a un compañero que apareció de la nada. Tampoco necesitaba que mantuvieras la mano cerca de la mía solo para demostrar algo.
Teo lo miró.
—Lo que me afectó fue la rapidez con la que dejé de ser lo que era cinco segundos antes —continuó Adrian—.
Retiraste la mano, te apartaste y cambiaste completamente de postura.
Cuando nos presentaste, yo no era tu novio, no era el hombre con el que estás, no era nada más que una persona sentada en aquella mesa.
—Él no preguntó quién eras.
—Lo sé. Y no quería que dieras una información que no había pedido. —Adrian sacó una mano del bolsillo y se la pasó por la nuca—. Estoy intentando explicar otra cosa.
Teo guardó silencio.
—Antes de que apareciera ese tipo, estaba sentado a tu lado y sabía cuál era mi lugar. Después de que lo viste, pareció que mi lugar se había convertido en un problema que necesitabas esconder inmediatamente. Ese cambio fue extraño.
Teo sintió surgir una defensa automática.
—No estaba escondiéndote. Solo no quería que él supiera...
Adrian lo miró.
Teo oyó su propia frase después de decirla.
Solo no quería que él supiera.
La diferencia parecía pequeña únicamente hasta que se formulaba de aquella manera.
—Eso es esconder —admitió Teo, en voz más baja.
—En aquel momento, sí. —Adrian no lo dijo como una acusación—. Y entiendo por qué. Lo que intento decirte es que comprender el motivo no hace que la sensación desaparezca.