Capítulo 11
—Bueno, esto se acaba de poner interesante —dije, mientras sacaba el contenido de la caja fuerte y lo dejaba sobre el escritorio.
Por segunda vez, le lancé el móvil a Emma.
—Añádelo a tu colección. Ya echaremos un vistazo a los dos cuando volvamos a la estación.
Tommy echó un vistazo al sobre clasificado y se volvió para marcharse.
—Creo que es aquí donde me despido. Os mandaré a uno de mis hombres con vuestro coche. Aunque me encantaría quedarme a admirar el escandaloso desprecio de Tucker por la seguridad operativa, vosotros dos me habéis dejado un buen lío que limpiar.
—Te agradezco la ayuda, coronel. De verdad. Con suerte, podremos pasar el resto del día sin tener que matar a nadie más.
—¡Suerte con eso! —bromeó Tommy mientras se iba.
Cogí una silla de la cocina y la acerqué al escritorio. Me volví hacia Emma.
—Siéntate y veamos qué tenemos aquí.
VENONA. Ahí estaba otra vez. La mujer de Tucker había farfullado la misma palabra con la mandíbula destrozada. Recordaba vagamente ese nombre, pero no conseguía situarlo. Por suerte, la carpeta llena de artículos de prensa e internet me refrescó la memoria de inmediato.
—¿Y qué cojones es Venona? —preguntó Emma.
Se lo expliqué.
—La Unidad de Inteligencia de Señales del Ejército de Estados Unidos concibió el Proyecto Venona, como se lo bautizó en clave, durante la Segunda Guerra Mundial.
El Ejército sabía que comprender lo que planeaba la Unión Soviética sería crucial para el esfuerzo bélico.
Era un programa de contrainteligencia altamente clasificado destinado a descifrar los mensajes secretos que transmitían los servicios de inteligencia soviéticos, como el KGB y su predecesor, el NKVD.
Aunque los soviéticos eran nuestros aliados, no nos fiábamos de ellos, ni ellos de nosotros.
—Ya. Mi abuelo combatió en la guerra. En la 82.ª División Aerotransportada. Solía decirme que deberíamos haber seguido adelante tras la caída de Alemania y haber acabado con los soviéticos cuando tuvimos la ocasión.
—Un hombre listo —convine—. El general Patton defendía lo mismo.
En cualquier caso, cuando terminó la guerra, la recién creada Agencia de Seguridad Nacional absorbió la misión Venona.
La NSA siguió recopilando y analizando el tráfico de cables soviéticos durante toda la Guerra Fría, hasta que el proyecto se dio por terminado a finales de 1985.
Aquí dice que, para cuando concluyó, habíamos descifrado más de 3. 000 mensajes soviéticos.
—Sé que los alemanes usaban máquinas Enigma para sus mensajes cifrados. ¿Qué usaban los soviéticos? —preguntó Emma.
—Libretas de un solo uso —respondí—. Creían que su sistema era completamente indescifrable.
Y tenían razón, pero solo si se seguían al pie de la letra los pasos correctos.
Las más de las veces, no era así. El sistema era simple en su concepto, pero difícil de ejecutar.
Cifrar y descifrar mensajes era un proceso complicado y laborioso.
Cada libreta estaba compuesta de hojas de papel pequeñas, fáciles de ocultar.
Cada página contenía una serie de letras generadas al azar.
Para que el sistema funcionara, hacían falta dos libretas idénticas.
Una en poder del emisor y la otra en manos del receptor.
Cada día, la hoja superior de la libreta se usaba para un mensaje o se descartaba, garantizando que cada página solo fuera válida una vez.
Una vez enviado un mensaje, las partes de ambos extremos emparejaban cada letra del mensaje con la letra correspondiente de la clave.
—La verdad es que he visto libretas de un solo uso antiguas expuestas en el museo de la central —me dijo Emma.
—No soy tan viejo como para haber usado una, pero yo también las he visto —repliqué.
—¿Y cómo conseguimos romper su sistema? —preguntó Emma.
—Los soviéticos la cagaron. Necesitaban tantas libretas durante la guerra que violaron la regla más importante del cifrado con libreta de un solo uso: no reutilizar jamás las libretas viejas.
Pero lo hicieron. Lo cual permitió a nuestros criptólogos romper el código.
No es que fuera tarea sencilla. Cotejando las libretas capturadas con los mensajes sin descifrar, los criptólogos esperaban dar con alguna página que ya se hubiera usado antes.
Era un trabajo tedioso y embrutecedor. Pero dio sus frutos.
Incluso después de la guerra. De hecho, Venona nos ayudó a atrapar a Julius y Ethel Rosenberg.
—Vale. Interesante. Pero todo eso es historia antigua, ¿no?
—Bueno, en realidad, no tan antigua. Sí, el programa terminó en 1985.
Y la comunidad de inteligencia estadounidense ni siquiera reconoció la existencia del proyecto hasta 1995.
Aquí dice que, hace un par de años, la NSA empezó a desclasificar y publicar copias de los mensajes Venona interceptados y descifrados.
Para consulta pública y estudio académico.
Aquí es donde la cosa se pone interesante.
Hace tres meses, la NSA publicó los últimos mensajes interceptados.
Todos ellos sin descifrar. Gracias al milagro de la internet moderna, cualquiera con un ordenador y un módem puede descargar los mensajes sin descifrar directamente de la NSA.
—Vale, otra vez: todo esto puede ser muy interesante para los aficionados a la Segunda Guerra Mundial y los frikis de la criptología, pero ¿por qué cojones le interesaba tanto a Tucker el tráfico de mensajes soviéticos de hace treinta años? —preguntó Emma.
—Ni idea —admití, centrando mi atención en el sobre marcado con TOP SECRET/EYES ONLY .
Deshice el cordel que mantenía cerrada la solapa, le di la vuelta al sobre y volqué el contenido sobre la mesa.
De él se deslizó una libreta de un solo uso parcialmente intacta, amarillenta por el paso del tiempo.
Muchas páginas tenían los bordes chamuscados y curvados, casi como si alguien hubiera intentado quemarla.
Salvo por haber escapado de un incendio, era idéntica a la que Emma y yo habíamos visto en el museo de la Agencia.
Las letras de cada página eran cirílicas.
A Emma se le abrieron los ojos de la sorpresa.
—Joder, vale, explícame cómo funcionan estas cosas. Cuéntamelo como si estuviera en preescolar.
Cogí un bolígrafo y un bloc de papel y di una clase rápida de iniciación al cifrado con libreta de un solo uso.
—No soy criptólogo, pero entiendo lo básico.
Imagina que hace treinta años un operativo del KGB necesitaba enviar un mensaje secreto, algo como RENDEZVOUS AT MIDNIGHT.
Para cifrar este mensaje con una libreta de un solo uso, el operativo empareja cada letra del mensaje original, o «texto en claro», con la letra correspondiente de la libreta.
Aquí tienes un ejemplo —escribí lo siguiente:
Texto en claro: R E N D E Z V O U S A T M I D N I G H T
Libreta de un solo uso: K Z P X J L B Q G Y R A S E N B C D U
—Primero, convierte cada letra del mensaje en claro en un número, con A=0, B=1, C=2, y así sucesivamente, hasta Z=25.
Luego haz lo mismo con las letras correspondientes de la libreta de un solo uso.
Por supuesto, el mensaje original se habría transmitido en ruso, con el alfabeto cirílico, así que 33 letras en lugar de las 26 del alfabeto inglés.
Pero ciñéndonos al inglés, nuestro ejemplo quedaría así:
Texto en claro: 17 4 13 3 4 25 21 14 20 18 0 19 12 8 3 13 8 6 7 19
Libreta de un solo uso: 10 25 15 23 9 11 1 16 6 24 17 0 18 4 13 1 2 3 20
—Ahora suma cada número del texto en claro al número correspondiente de la libreta de un solo uso. Si el resultado es 26 o más, resta 26 para mantener los números dentro del rango del alfabeto, de 0 a 25. Quedaría así:
(17+10) 27-26=1, (4+25) 29-26=3, (13+15) 28-26=2, (3+23) 26-26=0, (4+9) 13 (25+11) 36-26=10, (21+1) 22, (14+16) 30-26=4, (20+6) 26-26=0, (18+24) 42-26=16 (0+17) 17, (19+0) 19, (12+18) 30-26=4, (8+4) 12, (3+13) 16, (13+1) 14, (8+2) 10, (6+3) 9, (7+20) 27-26=1
—A continuación, volvemos a convertir los números en letras. El mensaje cifrado resultante, BCBAN KV EAPRS EMQ OKJI B, parece una serie aleatoria de letras. Sin la libreta de un solo uso, es imposible descifrarlo.
Emma asentía con la cabeza mientras seguía la explicación.
—Ahora bien, otro operativo del KGB recibe el mensaje cifrado y dispone de un duplicado de la libreta de un solo uso que se usó para cifrarlo. El descifrado consiste en invertir el proceso. Primero, volvemos a convertir en números las letras cifradas y las de la libreta de un solo uso.
Texto cifrado: 1 2 1 0 13 10 21 4 0 15 17 18 4 12 16 14 10 9 8 1
Libreta de un solo uso: 10 25 15 23 9 11 1 16 6 24 17 0 18 4 13 1 2 3 20
—Resta los números de la libreta de un solo uso a los números del texto cifrado. Si obtienes un número negativo, suma 26 para mantenerlo dentro del rango del alfabeto.
(1-10) -9+26=17, (2-25) -23+26=3, (1-15) -14+26=12, (0-23) -23+26=3, (13-9) 4 (10-11) -1+26=25, (21-1) 20, (4-16) -12+26=14, (0-6) -6+26=20, (15-24) -9+26=17 (17-17) 0, (18-0) 18, (4-18) -14+26=12, (12-4) 8, (16-13) 3, (14-1) 13, (10-2) 8, (9-3) 6, (7-20) -13+26=14, (1-0) 1
—Convierte de nuevo estos números en letras y el mensaje descifrado dice RENDEZVOUS AT MIDNIGHT, revelando el texto en claro original.
—No bromeabas cuando dijiste que era laborioso y complicado. No hay manera de que Tucker descifrara todo esto él solo —masculló Emma, con un tono rebosante de desdén.
Asentí, dándole la razón.
—Me apostaría la pensión a que, cuando arranquemos ese portátil, habrá dentro algún programa automatizado.
Lo único que tendría que hacer es introducir las letras del texto en claro y la clave correspondiente.
El programa hace el trabajo pesado. Escupe el cifrado o el descifrado en segundos.
No era lo bastante listo como para hacerlo todo a mano, a la antigua.
—Bueno, vamos a averiguarlo —dijo Emma, y abrió el portátil.