No abras la puerta CAPÍTULO 58
97%

CAPÍTULO 58

Cuando Laura volvió a casa ya era de noche.

Habían pasado varias horas desde la detención de Javier.

Primero la trasladaron al hospital para comprobar las lesiones, hacerle analíticas y tratar la deshidratación.

Después llegó una primera declaración que Salas interrumpió en cuanto vio que empezaba a agotarse.

Daniel y Nora la esperaban en el salón. La puerta se abrió y Laura apareció acompañada por una agente.

Nora fue la primera en levantarse.

—¡Mamá!

Laura apenas tuvo tiempo de dejar la bolsa que llevaba antes de que su hija se abrazara a ella. Cerró los ojos.

—Mi niña.

Nora hundió la cara contra su cuello. Durante unos segundos ninguna dijo nada. Daniel se quedó a pocos metros, observando cómo Laura recorría con las manos la espalda de su hija, sus hombros, el pelo, como si necesitara comprobar que estaba entera.

—Pensaba que no ibas a volver —murmuró Nora.

—Yo también tuve miedo.

Daniel apartó la mirada.

La agente se despidió y cerró la puerta al marcharse.

Laura levantó la cabeza. Entonces lo vio.

Daniel no supo quién de los dos debía acercarse primero. Fue ella. Cruzó el salón despacio y se detuvo delante de él.

—Hola.

Daniel soltó una risa ahogada.

—Hola.

Laura lo abrazó. Él respondió con fuerza, quizá demasiada. Notó los huesos de su espalda bajo la ropa y aflojó inmediatamente.

—Perdón.

—No pasa nada.

Daniel apoyó la cara contra su pelo.

La había oído por teléfono. La había visto salir de la nave rodeada de policías. Había estado con ella en urgencias. Aun así, solo entonces empezó a creer que realmente había vuelto.

—Pensé que te había dejado marchar para siempre aquella noche —dijo él.

Laura supo de qué noche hablaba. La puerta. Las dos de la madrugada. Ella al otro lado pidiéndole que no abriera.

—Hiciste lo que tenías que hacer.

—Te dejé volver con él.

—Salvaste a Nora.

Daniel cerró los ojos.

—Pero casi la mata hoy.

—Pero no lo hizo.

Nora seguía junto a ellos.

—Porque Salas está loca —aclaró Nora.

Laura la miró.

—¿Qué?

—En el buen sentido. Pero loquísima —añadió la chica.

Daniel sonrió por primera vez.

—Se ha tirado encima de Javier cuando tenía una navaja en el cuello de tu hija.

Laura perdió la sonrisa. Miró a Nora.

—¿Una navaja?

—Estoy bien.

—Nora...

—De verdad.

Laura le apartó el pelo del cuello buscando alguna herida.

—Mamá, para.

—Déjame verte.

—Solo tengo esto.

Una marca rojiza recorría un lado de la piel.

Laura la acarició con los dedos y volvió a abrazarla.

—Os dejo cinco minutos y os secuestran a las dos —dijo Daniel destensando la situación.

—Técnicamente a mí no llegó a secuestrarme —puntualizó Nora.

Durante unos minutos hablaron de cosas pequeñas porque las grandes parecían demasiado difíciles. Daniel calentó algo de comida que Laura apenas probó. Nora no dejó de observarla. Laura preguntó dos veces si Javier seguía detenido. Las dos veces Daniel respondió lo mismo.

—Sí.

La tercera no llegó a preguntar.

Fue Laura quien reparó en la ausencia cuando ya estaban sentados alrededor de la mesa.

—¿Y Teresa?

Daniel dejó el vaso.

—En comisaría.

—¿Detenida?

—No sé exactamente en qué situación está. Salas dijo que tenían que tomarle declaración formal y aclarar su participación en todo esto.

Laura percibió algo más.

—¿Qué ha pasado?

Daniel miró a Nora.

Ella no se movió.

—Mamá puede saberlo.

Daniel decidió no buscar una forma amable de decirlo.

—Mi madre era la mujer con la que Javier mantenía una relación.

Laura tardó unos segundos en reaccionar.

—¿Qué?

—La otra mujer de la que hablaba Marta.

La expresión de Laura cambió.

—¿Teresa?

—Sí.

—¿Marta lo sabía?

—Sí, había descubierto quién era.

Laura se reclinó contra la silla.

—Todo este tiempo...

Daniel asintió.

—Mamá estuvo aquella noche en casa de Nicolás. Llegó mientras yo huía. Vio a Javier salir detrás de mí y encontró a Marta muerta en la habitación.

Laura cerró los ojos.

Daniel continuó.

—Después fue a buscar a mi padre. Él supo que Javier me había perseguido y, cuando tuve el accidente, decidió romper cualquier vínculo entre la fiesta, Marta y yo.

Por eso había declaraciones modificadas.

Por eso no aparecía el Renault. Por eso mi accidente nunca quedó conectado con la investigación.

Laura permaneció unos segundos callada.

—Al principio pensaba que Andrés te estaba protegiendo de algo que habías hecho —dijo finalmente.

—Yo también.

—Pero le estaba protegiendo de Javier —intervino Nora.

Daniel asintió.

Laura observó a los dos.

—Lo siento.

Daniel levantó la vista.

—¿Por qué?

Ella tardó en responder.

—Porque durante mucho tiempo pensé lo mismo que acabas de decir.

Nora bajó los ojos hacia la mesa.

Daniel ya sabía lo que venía.

—Laura, dime la verdad. Quiero oírtelo a ti.

Laura respiró hondo.

—Cuando me acerqué a ti, no fue por casualidad.

—¿Qué significa eso? —preguntó Nora mirando a sus padres alternativamente.

Laura no apartó los ojos de Daniel.

—Yo era Elena Robles. Era amiga de Marta. Cuando desapareció, sabía que Daniel había estado en aquella fiesta y que había sufrido un accidente esa misma noche. Después empezaron a aparecer cosas raras alrededor de la investigación y el nombre de Andrés estaba demasiado cerca de algunas de ellas.

Daniel no añadió nada, solo escuchaba.

—¿Pensabas que papá tenía algo que ver?

—Sí.

Laura no buscó excusas.

—Me acerqué a él porque quería averiguar qué recordaba. Qué sabía. Al principio creía que quizá estaba fingiendo la amnesia o que Andrés lo había protegido de algo.

Nora miró a su padre.

—¿Y tú no sabías nada?

—Nada.

—¿Nunca?

—No.

Laura bajó la vista.

—Tardé poco en darme cuenta de que no fingía. Daniel no sabía quién era Marta. Ni siquiera sabía que había estado allí.

—Pero seguiste con él.

—Sí.

—¿Para seguir investigándolo?

Laura negó.

—Al principio seguí buscando respuestas. Después... ya no era por eso.

Daniel no necesitaba preguntarle qué quería decir, pero lo hizo.

—¿Cuándo dejó de ser por eso?

Laura lo miró.

—No sé darte un día concreto. Solo sé que llegó un momento en que empecé a tener miedo de encontrar algo no porque cambiara lo que pensaba de ti, sino porque sabía que tendría que contarte por qué me había acercado.

Daniel apartó la mirada.

—Entonces te enamoraste de papá y decidiste no decirle que habías empezado a salir con él porque sospechabas que podía haber estado relacionado con la muerte de tu amiga.

—Sí.

—Joder, mamá. Eso es bastante fuerte.

—Lo sé.

—Muy fuerte. Pero, en el fondo, es bonito también.

—Nora —intervino Daniel.

—¿Qué? Es verdad.

Laura asintió.

—Tiene razón.

Daniel volvió a mirarla.

—¿Me querías cuando nos casamos?

Laura respondió sin vacilar.

—Totalmente.

—¿Cuando nació Nora?

—Claro que sí.

—Pero nunca me lo contaste. Ni siquiera cuando empezaste otra vez a investigar.

Laura tragó saliva.

—Pensé en hacerlo muchas veces.

—Pero no lo hiciste.

Daniel se levantó de la mesa y caminó hasta la ventana.

—No sé qué hacer con esto —dijo él.

Laura no se movió.

—No tienes que hacer nada esta noche.

—Nuestra relación empezó con una mentira. No intentes decirme que después dejó de importar.

—No iba a hacerlo.

Laura sostuvo su mirada.

—Lo que hice estuvo mal, Dani. Que después me enamorara de ti no cambia cómo empezó. Y que hayamos construido una vida juntos tampoco borra que te lo oculté.

Daniel se quedó observándola.

—Pero tampoco convierte todo lo que vino después en mentira —añadió Laura.

Nora dejó escapar el aire.

—¿Podéis intentar no divorciaros hoy? Ahora que ha vuelto mamá, estaría bien seguir siendo una familia normal. ¿No? —pidió Nora, esbozando una media sonrisa inocente.

Los dos la miraron.

—Nora... —empezó Laura.

—No estoy diciendo que no os enfadéis. Podéis enfadaros muchísimo mañana. Pero llevo semanas sin mamá, hoy Javier me ha puesto una navaja en el cuello y la abuela resulta que tenía una relación secreta con un asesino. Creo que ya hemos tenido suficiente por un día.

Daniel no pudo evitar sonreír.

Laura también.

Nora se levantó.

—Me voy a duchar.

Antes de marcharse se acercó a su madre y la abrazó otra vez.

—Por favor, en lo que tardo en ducharme, que no desaparezca nadie más.

Laura cerró los ojos.

—No pienso hacerlo.

Nora subió las escaleras.

Cuando se quedaron solos, Daniel volvió a sentarse frente a Laura. Ninguno habló durante un rato.

—No sé si voy a poder perdonarte esto —dijo finalmente.

Laura asintió.

—Lo entiendo.

—Pero tampoco quiero perderte.

Los ojos de Laura se llenaron de lágrimas. Daniel alargó la mano sobre la mesa. No fue una reconciliación. Laura lo entendió antes de tocarla. Entrelazó los dedos con los suyos y permanecieron así, en silencio, mientras arriba empezaba a escucharse correr el agua de la ducha.