CAPÍTULO 55
Daniel volvió a mirar la fotografía de Andrés sobre el mueble.
—¿Qué le dijiste?
Teresa respiró hondo.
—La verdad.
—¿Toda?
—La suficiente.
Daniel negó con la cabeza.
—No, mamá. A estas alturas no me vale eso. ¿Le dijiste que llevabas años acostándote con Javier?
Teresa recibió la pregunta sin apartar la mirada.
—Sí.
Nora se quedó inmóvil junto a la escalera.
—¿El abuelo lo sabía?
—Desde aquella noche, sí.
Daniel intentó imaginar a su padre escuchándolo. Andrés descubriendo en pocos minutos que su mujer llevaba años manteniendo una relación con otro hombre, que una chica estaba muerta y que su hijo acababa de salir huyendo mientras ese mismo hombre lo perseguía.
—¿Dónde estaba papá?
—Trabajando. Fui a buscarlo.
—¿A comisaría?
Teresa asintió.
—Entré preguntando por él. Debía de tener una cara horrible porque nadie me hizo esperar. Cuando salió y me vio, me preguntó qué te había pasado.
—¿Por qué pensó en mí?
—Porque lo primero que le dije fue que tenía que encontrarte.
Teresa bajó la mirada.
—Me llevó a un despacho. Cerró la puerta y me preguntó qué había ocurrido. Se lo conté.
—¿También lo de Marta?
—Todo.
—¿Le dijiste que estaba muerta?
—Sí, y que estaba convencida de que Javier la había matado.
—¿Y qué hizo su marido? —preguntó Salas.
Teresa la miró.
—Me preguntó dónde estaba Daniel.
—¿Nada más?
—En aquel momento, no.
Daniel sintió algo desagradable en el pecho.
—Acababas de confesarle que llevabas años engañándolo. ¿Y te preguntó por mí?
—Solo por ti —dijo Teresa mientras se secaba las mejillas—. Lo demás vino después.
Daniel conocía a su padre lo suficiente como para imaginar aquella reacción. Andrés podía enfadarse durante días por una tontería y, sin embargo, cuando algo verdaderamente grave ocurría, dejaba de hablar y empezaba a hacer cosas.
—¿Cómo me encontró?
—No te encontró él. Llegó el aviso del accidente.
Daniel levantó la vista.
—¿Mientras estabais en comisaría?
—Sí. Un coche se había salido de la carretera. Cuando dieron la matrícula, tu padre supo que eras tú.
Teresa hizo una pausa.
—Fuimos al hospital.
Daniel había reconstruido muchas veces aquellas primeras horas a partir de lo que le habían contado. Sus padres llegando de madrugada. Andrés esperando noticias. Teresa sentada durante horas junto a su cama. Ahora aquella escena tenía otra historia debajo.
—Cuando supisteis que estaba vivo, ¿qué pasó?
—Tu padre empezó a hacer preguntas.
—¿Sobre el accidente?
—Sobre todo. Sobre dónde habían encontrado el coche, quién había llegado primero, si había testigos, si habían visto otro vehículo. Yo le conté que había visto a Javier salir detrás de ti.
Salas intervino.
—¿Andrés relacionó desde el principio el accidente con Javier?
—Sí.
Salas asintió.
—Al principio no sabíamos qué recordabas. Estabas sedado, confuso. Cuando empezaste a despertarte quedó claro que había cosas que no estaban.
Daniel se tocó inconscientemente la sien.
—La fiesta.
—La fiesta. Marta. Javier. La carretera. No recordabas nada.
—Y papá decidió aprovecharlo.
—Exacto.
Daniel cogió la declaración que Nora había encontrado.
—¿Esto fue cosa suya?
Su madre observó el documento.
—No vi todos los papeles que tocó.
—Pero sabías que estaba manipulando la investigación.
—Sabía lo que pretendía hacer.
—¿Qué pretendía hacer?
—Que Javier creyera que había terminado contigo aquella noche.
Daniel permaneció quieto.
—¿Que pensara que papá había muerto? —preguntó Nora.
—No exactamente. Andrés nunca fingió la muerte de Dani.
Daniel volvió a mirar a Salas. Ella permaneció en silencio.
—Entonces ¿qué hizo? —preguntó él.
—Separarte de todo aquello.
Teresa señaló los papeles.
—Tu accidente existía. Tu ingreso también. Eso no podía borrarlo y tu padre tampoco quería hacerlo. Lo que hizo fue impedir que alguien que investigara la desaparición de Marta llegara hasta ti. Y si Javier llegaba a la conclusión de que estabas muerto, pues problema resuelto.
Daniel recordó las irregularidades que habían ido encontrando durante semanas. Los documentos sin firma. Las horas corregidas. Las declaraciones incompletas. El informe del accidente que nadie había relacionado con la fiesta.
—Papá te borró.
—Nos borró a los dos.
Salas cogió la ampliación de declaración.
—La versión original situaba a Daniel saliendo de la vivienda y, prácticamente al mismo tiempo, el Renault de la familia llegando al lugar. En la copia incorporada al expediente desaparece todo ese bloque.
—Andrés no podía permitir que llegaran hasta mí tampoco —dijo Teresa—. Si descubrían quién era la mujer del Renault, podían descubrir mi relación con Javier. Y si Javier sabía que yo había hablado...
—Sabría que yo había sobrevivido —terminó Daniel.
—Y que podías recordar.
La habitación quedó en silencio.
Daniel recordó la cantidad de veces que había acusado mentalmente a su padre durante las últimas semanas. Había pensado que Andrés ocultaba algo que Daniel había hecho. Que quizá había manipulado pruebas porque sabía que su hijo tenía relación con la desaparición de Marta. Era casi lo contrario.
—¿Papá sabía que Javier había intentado matarme?
—No podía demostrarlo. Pero estaba convencido.
—¿Y por eso ocultó pruebas?
—Por eso rompió cualquier camino que llevara desde Marta hasta ti.
Salas apoyó la declaración sobre la mesa.
—Eso también impidió investigar correctamente la desaparición de una joven. Y protegió indirectamente a Javier Vidal.
—Sí —admitió Teresa—. Andrés ya lo sabía.
Daniel la miró.
—¿Sabía que estaba protegiendo a Javier?
—Sabía que era el precio.
—¿Y lo aceptó?
—Te había visto en una cama de hospital después de que alguien intentara sacarte de la carretera. Sí, Dani. Lo aceptó.
Daniel se pasó una mano por la cara.
—Joder.
—Pero si el abuelo quería esconder todo eso, ¿por qué guardó los papeles? —preguntó Nora.
Todos la miraron.
Nora señaló la carpeta.
—El original estaba en su almacén. La matrícula. Las dos versiones. La lista. Incluso el informe del accidente. Si quería que desapareciera, podría haberlo destruido.
Teresa guardó silencio.
Daniel entendió que su hija acababa de hacer la pregunta correcta.
—¿Tú lo sabías?
—Sabía que Andrés conservó documentación. No sabía dónde.
—¿Por qué?
—Porque una cosa era sacarte de la investigación y otra destruir todo lo que demostraba lo que había ocurrido.
—Ya había destruido parte.
—No. No destruyó nada. Solo lo escondió.
Daniel miró los documentos. La diferencia era pequeña y moralmente no arreglaba demasiado, pero explicaba aquel almacén.
—¿Para qué?
—Por si Javier volvía a acercarse a ti.
Daniel levantó la vista.
—¿A qué te refieres?
—Tu padre nunca creyó que aquello hubiera terminado de verdad. Durante un tiempo estuvo pendiente de él. Quería saber dónde estaba, qué hacía, si preguntaba por ti. Guardó todo lo que podía servir para reconstruir aquella noche si algún día volvía a necesitarlo.
Salas abrió la carpeta y observó de nuevo la lista manuscrita de Andrés.
Testigo 2 — ampliar.
Renault — comprobar.
Accidente D. — hospital.
Mujer — sin identificar.
—Por eso dejó las dos versiones juntas —dijo Salas.
Teresa asintió.
—Supongo que sí.
—Una para el expediente y otra para conservar lo que había retirado.
—Andrés no me explicaba cada paso.
Daniel miró a su madre.
—Pero te lo permitió todo.
—No me perdonó aquella noche, si es lo que estás pensando.
—Seguisteis juntos.
—Sí.
—Hasta que murió.
—Sí.
Daniel señaló la fotografía.
—¿Cómo?
Teresa entendió la pregunta.
—Porque una cosa era lo que yo le había hecho y otra lo que tú necesitabas.
Daniel bajó la vista.
—No lo hizo por mí —continuó Teresa—. No hizo nada de aquello por mí.
Nora observaba la fotografía de su abuelo.
—Lo hizo por papá.
—Sí. Dani, tú eras lo que más quería tu padre en este mundo. Hubiera hecho cualquier cosa por ti.
Salas cerró la carpeta.
—Y durante diecisiete años ninguno de ustedes contó la verdad.
Teresa no buscó excusas.
—No.
—Ni cuando Marta siguió desaparecida. Ni cuando Laura empezó a investigar.
Teresa apretó los labios.
—No sabía hasta dónde había llegado Laura.
Daniel la miró.
—¿Por eso registraste la habitación de Nora?
—Sí.
Esta vez no añadió nada más.
Daniel volvió a la fotografía. Durante semanas había intentado averiguar qué había hecho Andrés y por qué parecía aparecer detrás de cada documento alterado. Había llegado a preguntarse si su padre sabía que él había matado a Marta, si lo había protegido de un crimen que Daniel no recordaba.
Andrés sí lo había protegido. Pero no de la policía. De Javier.
Había dejado intacto el accidente, el hospital y la vida que Daniel había seguido llevando.
Lo que había eliminado eran los caminos que podían conducir hasta él desde aquella casa.
Y, escondidos en un almacén durante diecisiete años, había conservado los mismos papeles que ahora permitían reconstruirlos.
Daniel tomó la declaración original.
—Todo este tiempo pensé que papá me había borrado porque sabía algo sobre mí.
Teresa negó.
—Te borró porque sabía algo sobre Javier.