CAPÍTULO 53
Nora miró hacia la cocina. Salas le había pedido a Teresa que esperara allí mientras hablaban con Nora y revisaban los documentos que había traído del almacén.
Daniel seguía mirando la factura. Durante semanas había tenido a su madre delante mientras intentaba reconstruir aquella madrugada.
Teresa había escuchado hablar del Renault, de Andrés, de Marta, del accidente.
Le había preguntado qué recordaba y qué sabía la policía.
Y nunca había dicho que conocía a Javier Vidal.
Salas cogió la factura.
—Antes de convertirlo en una certeza, comprobaremos la titularidad histórica del número.
—Era el teléfono de mi casa, Salas. Déjate de tonterías. Y Marta dijo que pertenecía a la otra mujer —exclamó Daniel, señalando la declaración encontrada por Nora—. Y horas después una mujer llega a la fiesta con el coche de mis padres.
—La abuela lo conducía —intervino Nora.
Salas sostuvo su mirada.
—Las piezas encajan. Ahora necesito escucharla a ella.
Daniel se volvió hacia la cocina.
—Yo también.
Nora dio un paso hacia él.
—Papá...
—Tú te quedas aquí, Nora.
—He encontrado yo los papeles.
—Nora, no empieces. Suficiente has hecho ya.
—No soy una niña.
—Tienes quince años y esta madrugada te has ido sola a treinta y ocho kilómetros de casa sin teléfono mientras alguien se llevaba a tu madre y te amenazaba a ti. Niña, no sé; irresponsable, mucho.
Nora abrió la boca, pero Salas se adelantó.
—Por una vez, estoy bastante de acuerdo con su padre.
—Genial. Y ahora os ponéis de acuerdo.
Nora subió a su habitación resignada.
Daniel cruzó el salón. Teresa estaba sentada en la mesa de la cocina. Tenía delante una taza que no había tocado. Cuando lo vio entrar, se levantó.
—¿Qué ha encontrado?
Daniel se detuvo.
—Ven al salón, mamá.
Teresa lo miró unos segundos.
—Dani...
—Ven.
Salas permanecía junto al sofá cuando regresaron.
Teresa vio los documentos. La factura. La ampliación de declaración. La consulta de matrícula. Su expresión cambió.
—¿Qué es todo esto?
Daniel cogió la factura.
—¿Reconoces este número?
Teresa apenas la miró.
—No.
—Míralo bien, mamá.
—Dani, hace diecisiete años. No recuerdo números de teléfono de hace diecisiete años.
—Mamá, era el nuestro.
Teresa levantó la vista.
—¿El de casa?
—Sí. No te hagas la tonta, por favor.
Daniel puso la factura delante de ella.
—La noche que murió la madre de Marta se hizo una llamada desde su casa a nuestro teléfono. A las nueve cuarenta y siete.
Teresa no respondió.
—Núria ya estaba muerta —continuó Daniel—. Marta no estaba en casa y Javier declaró que él también estaba fuera.
Desde el piso de arriba, Nora seguía escuchándolo todo.
Daniel esperó alguna reacción de Teresa. Pero no llegaba.
—¿Hablaste con Javier aquella noche? —insistió él.
Teresa apartó la mirada de la factura.
—No sé qué pretendes demostrar con esto.
—Te he hecho una pregunta.
—Han pasado muchos años.
—¿Te llamó Javier Vidal?
Teresa miró hacia Salas.
—Señora —dijo la subinspectora—, no está detenida. Pero tenemos una investigación abierta por la desaparición de Laura y por hechos ocurridos hace diecisiete años que ahora parecen directamente relacionados. Si sabe algo, este es el momento de decirlo.
Teresa volvió a mirar a Daniel.
Daniel sintió cómo se le endurecía la expresión.
—Javier tiene a Laura, mamá.
Su madre se quedó completamente quieta.
—¿Qué?
—Creemos que es él el que la secuestró. Su coche estaba delante de esta casa cuando se la llevó. Y yo lo he recordado junto a Marta aquella noche.
Teresa perdió color.
—Dani, yo no sabía...
—¿Qué no sabías?
Teresa guardó silencio.
—¿Que Javier tenía a Laura? —preguntó Daniel—. ¿O que era capaz de hacer algo así?
—No sabía lo de Laura.
—Eso no es lo que te he preguntado.
Salas observaba a Teresa.
—Señora, ¿conocía usted a Javier Vidal antes de la desaparición de Marta?
Teresa tardó en contestar.
—Sí.
Daniel cerró los ojos un momento. Hasta entonces todavía había existido un margen ridículo para el error. Una coincidencia. Un número antiguo. Un coche compartido. Acababa de desaparecer.
—¿Desde cuándo? —preguntó Daniel.
—Dani...
—¿Desde cuándo lo conocías?
—No recuerdo exactamente.
—Pues intenta recordarlo.
—Antes de aquello.
—¿Cuánto antes?
Teresa apretó los labios.
Daniel cogió otra vez la factura.
—Marta encontró esto. Sabía a quién pertenecía el número. Una semana antes de desaparecer le dijo a Laura que su padre tenía otra mujer.
Su madre levantó la cabeza al escuchar el nombre.
—¿Laura lo sabía?
—Laura sabía que había otra mujer. No sabía quién era. Pero Marta, sí.
Daniel recordó su voz detrás de aquella puerta.
Sé quién es.
—¿Eras tú?
Teresa no respondió.
—Mamá.
Nora bajó las escaleras corriendo.
—Abuela, mamá lleva desaparecida semanas.
Teresa cerró los ojos.
—Lo sé, cariño.
—Entonces contesta, joder.
Daniel colocó delante de Teresa la declaración encontrada en el almacén.
—Hay más.
Teresa bajó los ojos hacia el papel.
—Un testigo vio llegar un Renault Laguna gris a casa de Nicolás Pons prácticamente al mismo tiempo que yo salía. Del coche bajó una mujer de más de cuarenta años.
Pasó a la consulta de matrícula.
—Era el coche de papá.
Teresa siguió sin hablar.
—Papá comprobó la matrícula. Después, la referencia al Renault y a esa mujer desapareció de la declaración que terminó en el expediente. Y tú ya me dijiste que utilizabas aquel coche.
—Tu padre también.
—Papá estaba trabajando.
—No sabes dónde estaba a cada hora.
—No. Pero sé que Marta dijo que la amante de Javier tenía nuestro número. Sé que Javier llamó a nuestra casa la noche que murió Núria. Y sé que una mujer llegó después en nuestro Renault a la casa donde estaba Javier.
Teresa levantó la mirada y respiró despacio.
—Lo he recordado —continuó Daniel—. Marta estaba discutiendo con él. Lo acusaba de haber matado a Núria. Después la encontré en el suelo con Javier a su lado.
Teresa se llevó una mano a la boca.
Daniel la observó.
No era sorpresa ante el nombre de Javier. Era otra cosa.
—Tú sabías que había ocurrido algo, mamá —dijo.
—Dani...
—Por eso llevas semanas preguntándome qué recuerdo. Por eso te interesaba tanto lo que Nora encontraba.
—Estaba preocupada.
—Entraste en su habitación.
Teresa miró a su nieta.
—No quería hacerte daño.
—Nunca he dicho que quisieras hacérmelo —respondió Nora.
Teresa bajó la mirada.
Daniel entendió la respuesta que acababa de dar sin querer.
—Buscabas algo, mamá.
—Quería saber hasta dónde había llegado Laura.
—¿Por qué?
Teresa tardó demasiado.
—Porque tenía miedo.
—¿De quién?
No respondió.
—¿De Javier?
Silencio.
—¿O de que descubriéramos que tú eras la otra mujer?
Teresa se sentó. Durante unos segundos pareció mucho mayor de lo que era.
—Las cosas no fueron como estás imaginando, Dani.
Daniel soltó el aire por la nariz.
—Llevo toda la vida escuchando esa frase antes de una mentira.
—No te estoy mintiendo.
—Entonces dime que no tuviste una relación con Javier Vidal.
Teresa lo miró.
Daniel esperó.
—Dímelo.
Su madre cerró los ojos.
—No puedo.
Nora dejó de moverse.
Daniel sintió una presión creciente en el pecho.
—¿Por qué?
Teresa abrió los ojos.
—Porque sería mentira.
—¿Tuviste una relación con él? —preguntó Daniel.
—Sí.
La respuesta fue apenas audible.
Daniel apartó la vista hacia la fotografía de Andrés que había sobre el mueble.
—¿Mientras estabas con papá?
—Sí.
Nora miró a su padre.
Daniel no consiguió devolverle la mirada.
—¿Cuánto tiempo?
—Eso ahora no importa.
—A mí sí.
—Dani, por favor.
—¿Javier mató a su mujer por ti?
Teresa se levantó de golpe.
—No.
—Marta pensaba que sí.
—Yo no sabía que Núria iba a morir.
—No te he preguntado eso.
—Pues es lo que necesito que entiendas.
Daniel se quedó mirándola.
—Entonces explícame qué hacías allí aquella noche.
Teresa calló.
Daniel señaló la declaración.
—¿Eras tú la mujer del Renault?
—Dani...
—¿Fuiste a casa de Nicolás? ¿Sí o no? —exigió Daniel, elevando el tono mucho más de lo que lo había hecho hasta entonces.
Teresa miró a Salas. Después a Nora. Finalmente volvió hacia Daniel.
—Sí —reconoció.
El aire pareció desaparecer del salón. Daniel dio un paso hacia ella.
—¿Estuviste allí cuando yo salí huyendo?
Teresa sostuvo su mirada.
—Sí.
—Entonces viste algo.
Su madre no respondió.
—¿Qué viste, mamá?
Teresa bajó los ojos.
—Eso es lo que llevo diecisiete años intentando no contarte.