No abras la puerta CAPÍTULO 49
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CAPÍTULO 49

El agente apenas había desaparecido por el pasillo cuando otro policía salió de la habitación de Nora.

—Subinspectora, informática ha conseguido acceder a la copia de los archivos de Laura.

Salas se volvió.

—¿Completa?

—No lo sabemos todavía. Hay varias carpetas y algunos archivos cifrados, pero el índice ya es accesible.

Daniel fue detrás de ella.

El portátil de Nora seguía sobre el escritorio. El agente que trabajaba con él había abierto una ventana con decenas de documentos ordenados por carpetas.

—Busque Javier Vidal —ordenó Salas.

El agente escribió el nombre. Aparecieron diecisiete resultados. Fotografías. Notas de Laura. Documentos descargados. Una carpeta destacaba entre las demás.

NÚRIA SOLER.

Daniel miró la pantalla extrañado.

—Abre esa —dijo señalando el nombre.

El primer archivo era un certificado de defunción.

Núria Soler Ferré.

Daniel reconoció el apellido.

—Soler… Marta Vidal Soler.

Salas siguió leyendo.

—Su madre —sentenció.

Núria había muerto unos siete meses antes de que Marta desapareciera.

—¿De qué murió? —preguntó Daniel.

El agente abrió el documento siguiente. Era la copia de un atestado antiguo.

Salas empezó a leer en silencio.

—Caída accidental por una escalera en el domicilio familiar —resumió—. Traumatismo craneoencefálico grave. Javier declaró que había salido de casa y la encontró al volver.

—¿Estaba sola?

—Eso parece.

Daniel se acercó.

—¿Se investigó?

—Lo suficiente para una muerte considerada accidental. No constan signos de entrada forzada al domicilio ni lesiones que hicieran sospechar una agresión. La autopsia era compatible con la caída. El forense situó la hora de la muerte entre las nueve y las nueve y media de la noche.

—Entonces ¿por qué Laura tenía esto?

El agente abrió una nota adjunta. Solo contenía dos líneas.

La pista anónima empieza aquí.

No mirar únicamente la desaparición de Marta.

Daniel sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Pista anónima?

El policía buscó entre los metadatos.

—Laura creó esta carpeta cuatro meses antes de desaparecer. El mismo día guardó otro documento con la etiqueta «ANÓNIMO» —explicó el agente.

Salas se inclinó sobre la pantalla.

—Ábralo.

Era un escaneo de mala calidad. En la parte superior aparecía el membrete de un despacho de abogados. El documento tenía diecisiete años. Era una ficha de consulta de derecho de familia.

Clienta: Núria Soler Ferré.

Daniel recorrió las primeras líneas.

Núria había acudido al despacho poco más de una semana antes de morir.

—Quería separarse —concluyó Daniel.

—Y creía que Javier mantenía una relación con otra mujer —completó Salas.

El documento recogía que Núria había manifestado miedo ante la reacción de su marido si iniciaba la separación.

No había presentado ninguna denuncia ni afirmaba que Javier la hubiera agredido físicamente.

Se trataba de una consulta privada sobre cómo proceder y qué medidas podía tomar si decidía abandonar el domicilio.

Al pie de la última página aparecía su firma.

Aquella consulta nunca había formado parte del expediente de su muerte.

Salas pidió al agente que continuara.

Al final aparecía una anotación de Laura:

Javier declaró que el matrimonio era estable.

Debajo:

Mintió.

Daniel se apartó de la pantalla.

—Eso no demuestra que él la matara.

—No —respondió Salas—. Pero demuestra que la versión que dio después de su muerte ocultaba una parte importante de lo que estaba ocurriendo en casa.

—Podía tener miedo de que lo culparan.

—Quizá fue eso.

Daniel la miró.

—No me digas «quizá» con esa cara, Salas.

—No estoy sacando ninguna conclusión todavía. Lo que sabemos es que Laura recibió de forma anónima un documento que cuestionaba la versión de Javier y empezó a investigar la muerte de Núria.

El agente abrió otro archivo. Era una copia parcial de la declaración de Javier tomada el día del fallecimiento. Daniel la leyó por encima.

Había salido a jugar al golf con unos amigos, había pasado la tarde fuera. Cuando regresó, encontró a Núria al pie de la escalera. Llamó a emergencias. Dijo que no habían discutido aquella noche y que no existían problemas importantes en el matrimonio.

Salas señaló la pantalla.

—Una semana antes, Núria estaba consultando cómo separarse porque creía que él tenía otra relación y temía su reacción.

—¿Laura consiguió verificar este documento? —preguntó Daniel.

El agente buscó entre las notas.

—Parece que sí.

Abrió una fotografía tomada con un móvil. Era una carpeta de archivo sobre una mesa. Después, otra nota.

Documento confirmado. Procede del archivo original del despacho. No consta en el atestado.

—Así que no era falso —dijo Salas.

Daniel volvió al escaneo.

—¿Quién se lo mandó?

—No lo sabemos —respondió el agente—. Laura anotó que lo recibió sin remitente.

—¿Por correo?

—Eso parece. Escaneó el contenido y guardó también una fotografía del sobre.

El agente la abrió. Sobre blanco. Nombre y dirección de Laura escritos a máquina. Ninguna dirección de retorno.

Daniel recordó todo lo que habían descubierto durante las últimas semanas. La otra identidad de Laura. El trastero. Los documentos de Andrés. La pista que había llegado cuatro meses antes y había vuelto a poner en marcha una investigación que Laura llevaba años intentando cerrar.

—Esto fue lo que hizo que volviera a investigar a Javier.

Salas respondió con una pequeña inclinación de cabeza y volvió a acercarse a la pantalla.

—Y no solo investigó a Javier.

Giró ligeramente la pantalla para que Daniel pudiera verla.

¿Qué descubrió Marta sobre la muerte de Núria?

Daniel leyó la pregunta dos veces.

—¿Marta sabía algo?

—Laura creía que podía saberlo —intervino el agente.

—¿Por qué?

El agente abrió el siguiente documento.

No era una prueba, sino una cronología elaborada por Laura.

Muerte de Núria Soler:

●         Meses de duelo.

●         Últimas semanas antes de la desaparición de Marta.

●         Fiesta.

●         Accidente de Daniel.

●         Desaparición.

Entre la muerte de Núria y la fiesta, Laura había marcado varios días con interrogantes. Junto a uno de ellos había escrito:

Empieza a hacer preguntas sobre su madre.

Daniel se volvió hacia Salas.

—¿De dónde sacó eso? —preguntó Daniel.

—Todavía no lo sabemos.

—Laura era Elena. Estaba con Marta en aquella época.

Salas asintió.

—Puede que sea un recuerdo suyo, algo que vivió junto a Marta, no información obtenida después —dedujo Salas.

Daniel volvió a la pantalla. La desaparición de Marta ya no parecía empezar aquella noche. Había algo anterior. Algo que Laura había tardado años en volver a mirar.

—Si Marta descubrió que su padre mentía sobre la muerte de Núria... —empezó Daniel.

Salas lo interrumpió.

—No termine la frase todavía.

—Javier tiene a Laura. Y Laura estaba investigando si había matado a su mujer.

Salas sostuvo su mirada.

—Eso sí podemos decirlo con total seguridad.

Daniel señaló el documento.

—Entonces ya tenemos un motivo para que quisiera callarla. Javier mató a Núria. Laura lo descubrió. Y por eso la tiene.

—Tenemos un motivo posible.

—¿Qué más necesitas, Salas?

—Saber qué llegó a descubrir Laura. Y qué sabía Marta antes de desaparecer.

El teléfono de Salas sonó. Respondió.

—Dígame.

Escuchó durante varios segundos.

—¿Seguro?

Daniel se acercó.

Salas levantó una mano para que esperara.

—Envíemelo ahora.

Colgó.

—¿Javier?

—Todavía no.

—¿Nora?

—Tampoco.

Daniel apretó los dientes.

—Entonces ¿qué?

Salas miró otra vez la pantalla.

—El expediente original de la muerte de Núria Soler ya está digitalizado. Hay una declaración que Laura no tenía en esta carpeta.

Daniel esperó.

—¿De quién?

—De Marta.