No abras la puerta CAPÍTULO 48
80%

CAPÍTULO 48

El agente subió al rellano con ellos y señaló un portátil de la policía que llevaba en las manos abierto.

—Esta es la mejor imagen que tenemos de esta madrugada.

El vehículo aparecía al fondo de la calle, alejándose de la casa. La imagen seguía siendo oscura, pero el contorno era mucho más limpio que en las anteriores. Junto al fotograma, una ficha recogía la marca, el modelo y cuatro caracteres de la matrícula.

Salas se inclinó hacia la pantalla.

—¿Solo tenemos esos cuatro?

—En esta cámara, sí. Pero hay otra en la rotonda, tres minutos después. El ángulo es peor para el coche, pero mejor para la matrícula. Entre las dos hemos podido reconstruirla completa.

Daniel miró al agente.

—¿De quién es?

El hombre abrió la pestaña que tenía preparada.

—Está registrada a nombre de Javier Vidal.

Daniel se quedó mirándolo.

—¿Javier?

—Sí.

Salas mantuvo la vista en la pantalla.

—¿Han comprobado que no sea una lectura errónea?

—Dos cámaras distintas, subinspectora. Los caracteres que se repiten coinciden y ambas muestran la misma marca y modelo. Al combinar las lecturas, la matrícula queda completa.

—Puede haber prestado el coche —dijo Daniel—. O puede conducirlo otra persona.

—Daniel, por favor —le cortó Salas—. No diga sandeces.

El agente intervino.

—Hay algo más.

Movió el cursor. Apareció una imagen que Daniel conocía. Laura, en las inmediaciones del aparcamiento. A su lado caminaba el hombre al que no habían conseguido identificar. La hora seguía marcada en una esquina: 20:17.

—Esta secuencia ya estaba en el expediente —explicó el agente—. Al identificar el vehículo de esta madrugada, hemos revisado los fotogramas anteriores y posteriores.

Avanzó la grabación.

Laura y el hombre continuaron hacia el extremo del aparcamiento. Un vehículo oscuro ocupaba parte del margen de la imagen. Hasta entonces no había servido de gran cosa: la matrícula quedaba fuera de ángulo y había varios coches similares entrando y saliendo de la zona.

En el siguiente fotograma, el hombre se separó de Laura y rodeó la parte delantera del vehículo.

—Va hacia el lado del conductor —dijo Daniel.

Laura quedó junto a la puerta del acompañante.

La imagen cambió. Otra cámara, situada en la salida, captaba el mismo modelo abandonando el aparcamiento pocos minutos después.

La matrícula deslumbraba por el reflejo, pero cuatro caracteres permanecían visibles.

Eran los mismos y ocupaban la misma posición que en la matrícula de Javier.

Daniel apartó la vista del portátil.

—Javier estaba con Laura cuando desapareció.

—El coche de Javier estaba allí —precisó Salas—. Y el hombre que acompañaba a Laura se dirige al lado del conductor.

—Y esta madrugada ese coche se la llevó de mi casa.

Daniel recordó la llamada.

¿Se quitó la capucha en algún momento?

La pregunta dejó de admitir explicaciones cómodas.

—Salas, sabía lo de la capucha porque era él.

Salas lo miró.

—Por separado podríamos discutir cada una de estas piezas.

Juntas forman una secuencia difícil de explicar de otra manera.

Laura con un hombre que se dirige al coche de Javier.

Ese vehículo saliendo de su casa con ella esta madrugada.

Y Javier conociendo un detalle de la persona encapuchada que nadie le había contado.

Daniel volvió a mirar la pantalla.

—Es él.

Salas sostuvo su mirada.

—Sí. Con lo que tenemos ahora, Javier Vidal pasa a ser nuestro principal sospechoso del secuestro de Laura.

Daniel sacó el teléfono.

—Voy a llamarlo.

—No —dijo Salas antes de que pudiera desbloquearlo.

—Acabo de hablar con él. Puede decirnos dónde está.

—Y también puede comprender que sabemos quién es.

—Salas, tiene a Laura.

—Por eso no puede avisarlo. Si Javier cree que seguimos confiando en él, todavía tenemos una ventaja.

Daniel guardó el teléfono.

—Le he contado casi todo. Mis recuerdos, lo de mi padre, Nicolás... Cada vez que encontraba algo, terminaba hablándolo con él.

—Ahora sabemos por qué podía interesarle.

Daniel miró hacia el pasillo. Teresa seguía abajo y no había oído la conversación.

—¿Y Nora?

—Con Nora no tenemos lo mismo. Todavía no hay ningún vínculo entre Javier y la desaparición de su hija.

—Pero sabe que Nora estaba investigando.

—Sí. Y por eso vamos a localizarlo cuanto antes.

Salas se volvió hacia el agente.

—Active la búsqueda del vehículo con la matrícula completa. Prioridad máxima. Una unidad a su domicilio y otra a la casa de la fiesta. Quiero también la última ubicación disponible de su teléfono. Si alguien lo localiza, que no intervenga solo. Laura puede estar con él.

El agente salió mientras transmitía las órdenes.

Daniel volvió a mirar la imagen de las 20:17. Laura seguía caminando junto al hombre cuyo rostro no se veía.

—¿Cuánto pueden tardar en encontrarlo?

—Depende de si sigue utilizando el vehículo.

—Hace un rato hablaba conmigo.

—Eso nos ayuda.

—¿Cómo?

—Hasta entonces no tenía motivos para pensar que sospechábamos de él.

Daniel recordó su última respuesta a Javier.

Te llamaré si hace falta.

Ahora entendía hasta qué punto había sido importante no mostrarle la sospecha.

Otro agente apareció en el rellano pocos minutos después.

—Subinspectora.

Salas salió del dormitorio.

—¿Qué tenemos?

—La unidad está en el domicilio de Javier Vidal. No responde nadie. El vehículo no está.

—¿La casa de la fiesta?

—Otra patrulla está llegando.

—¿Y el teléfono?

El agente consultó la información que acababa de recibir.

—No da señal.

Daniel se acercó.

—¿Desde cuándo?

—No podemos precisarlo todavía. El equipo técnico está trabajando en ello.

Salas sacó su teléfono.

—Que distribuyan la matrícula a todas las unidades. Nadie se acerca al coche sin apoyo. Y avísenme en cuanto aparezca una cámara que lo sitúe después de esta madrugada.

El agente asintió.

Daniel permaneció frente al portátil. El fotograma de las 20:17 seguía detenido en la pantalla. Laura estaba de perfil. El hombre caminaba a su lado con el rostro fuera de ángulo. Daniel ya no necesitaba que se girara.