No abras la puerta CAPÍTULO 47
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CAPÍTULO 47

—Te acabo de enviar un mensaje con la dirección —dijo Javier—. Es donde vive ahora.

Daniel abrió el mensaje.

—¿Has conseguido hablar con él?

—No. Lo he llamado dos veces y no contesta.

—No vayas allí, Javier.

—Solo pensaba comprobar si está en casa.

—Déjaselo a la policía.

Javier guardó silencio unos segundos.

—De acuerdo. ¿Sabéis algo de Nora?

—Todavía no.

—¿Y del ordenador? ¿Han encontrado qué estaba buscando?

Daniel levantó la vista hacia Salas.

—Siguen trabajando con él.

—Si aparece algo relacionado con Marta, Andrés o la fiesta, dímelo. Puede que reconozca algún nombre.

—Te llamaré si hace falta.

—Daniel.

—¿Qué?

—La encontraréis. Confía.

Daniel cerró los ojos un instante.

—Ojalá.

Colgó.

Sin guardar el teléfono, le mostró a Salas la dirección. Ella la copió y llamó a uno de los agentes que esperaba en el rellano.

—Pásala al equipo que está buscando a Nora. Que comprueben el domicilio y localicen a Nicolás Pons. Nadie se acerca sin avisarme. ¿Entendido?

El agente asintió y se marchó.

Daniel guardó el móvil.

—También ha vuelto a preguntarme por el ordenador.

Salas se volvió hacia él.

—¿Qué quería saber?

—Si habíamos descubierto qué estaba buscando Nora. Me ha pedido que le avise si aparece algo relacionado con Marta, mi padre o la fiesta.

—Otra vez quiere saber hasta dónde estamos llegando.

—O quiere ayudar.

—Eso es lo que usted lleva días pensando. Después de lo de la capucha, yo ya no puedo darlo por hecho.

—Nos acaba de dar la dirección de Nicolás.

—Y puede ser útil. Una cosa no borra la otra.

Salas entró en el dormitorio de Daniel para apartarse del movimiento de los agentes. Él la siguió. Teresa seguía abajo.

—Quiero separar lo que tiene una explicación normal de lo que no la tiene —dijo ella.

—Pues adelante.

—Que Javier quiera saber qué ocurrió con Marta es normal. Que reconociera a Nicolás también. Estuvo en la fiesta y la casa era de su familia.

Daniel asintió.

—Entonces ¿qué estás buscando?

—Un patrón. Cada vez que usted recuperaba algo de aquella noche, ¿Javier quería saber qué recordaba exactamente?

—Sí. Pero Marta es su hija.

—No le he preguntado por qué lo hacía. Le he preguntado si lo hacía.

—Sí, lo hacía.

—Cuando recordó a Marta en el suelo y a otra persona junto a ella, ¿también se lo contó?

—Sí.

—¿Y qué hizo él?

—Me dijo que no acusara a esa persona solo por estar allí. Que podía haber llegado después o estar intentando ayudar.

Salas asintió.

—Eso juega a su favor.

Daniel la miró.

—Pues no lo parece.

—No estoy intentando demostrar que Javier sea culpable, Daniel. Si algo lo aleja de la sospecha, lo tengo en cuenta. Pero también tengo que mirar lo que la aumenta.

—Y lo de la capucha, la aumenta.

—Exacto. Mucho.

Daniel se pasó una mano por la cara.

—Puede haber una explicación que todavía no conocemos.

—Espero que la haya.

—Pero ya sospechas de él.

—Evidentemente.

Salas no intentó suavizarlo.

Daniel apartó la mirada hacia el pasillo.

—Hay otra comprobación que quiero hacer —continuó ella—. La persona que estaba junto a Marta cuando usted entró en la habitación dijo su nombre.

El recuerdo regresó sin esfuerzo.

Marta en el suelo. Una figura a su lado.

Daniel.

—Sí.

—¿Puede descartar que fuera Javier?

—No. No reconocí la voz y no le vi la cara.

—¿Sabe si Javier lo conocía entonces?

—Creo que no.

—¿Había hablado con él antes de aquella noche?

—No que recuerde.

—¿Había estado en su casa?

—Tampoco que recuerde.

—¿Y Andrés? ¿Sabe si su padre y Javier se conocían antes de la desaparición?

—Mi padre era policía. Podían haberse cruzado.

— Podían no me sirve. Quiero saber si ocurrió.

Daniel caminó hasta la ventana.

—Aunque se conocieran, eso no demostraría que Javier estuviera en aquella habitación.

—No. Pero nos diría si tenía una razón para saber quién era usted.

—Sigues intentando colocarlo allí.

—Estoy intentando averiguar si puedo descartarlo.

Daniel se volvió.

—Si Javier estuviera implicado, acercarse tanto a mí sería una estupidez.

—O podría resultarle útil.

—¿Para qué?

—Para saber cuánto sabe, cuánto recuerda.

Daniel negó con la cabeza.

—O quizá se acerca porque lleva diecisiete años sin saber qué le pasó a su hija.

—También es posible.

—Entonces estamos en el mismo sitio, Salas.

—No exactamente. Las dos explicaciones siguen siendo posibles, pero ahora tenemos un dato que no sabemos cómo podía conocer.

Daniel entendió a qué se refería.

Pensó en las conversaciones de los últimos días, en las preguntas después de cada recuerdo y en la atención con la que Javier escuchaba cualquier avance relacionado con Andrés, Laura o Marta.

Aquellos recuerdos no demostraban nada, aunque bastaban para que ya no pudiera escuchar a Javier de la misma manera.

El teléfono de Salas vibró. Leyó el mensaje.

—¿Nora? —preguntó Daniel.

—Todavía no. Siguen revisando cámaras y servicios de transporte.

Daniel bajó la cabeza.

—Joder.

—Hay varios equipos buscándola.

Salas guardó el teléfono.

—No quiero que vuelva a contarle a Javier lo que encontremos. Si llama, compórtese con normalidad. Si aporta algo útil, me lo comunica. Pero no le dé información nueva.

Daniel tardó unos segundos en asentir.

—¿Crees que es la persona que se llevó a Laura?

—Creo que existe una posibilidad real. Pero necesito pruebas.

Un agente apareció en la puerta del dormitorio.

—Subinspectora.

Salas se volvió.

—Dígame.

—El equipo de cámaras ha conseguido aislar mejor el vehículo de esta madrugada.

Daniel dio un paso hacia él.

—¿Se ve la matrícula?

—Solo una parte. Pero ya tenemos la marca y el modelo.

—¿Lo están cruzando? —preguntó Salas.

—Sí.

Salas salió al rellano. Daniel fue detrás.