No abras la puerta CAPÍTULO 46
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CAPÍTULO 46

Daniel llevaba varios minutos recorriendo la habitación de Nora sin encontrar nada que pudiera ayudarlo.

Uno de los agentes trabajaba con el portátil sobre el escritorio mientras otro revisaba cajones y estanterías.

Salas permanecía cerca de la puerta, pendiente de las llamadas que iban llegando. Teresa seguía abajo.

Daniel abrió el armario.

—¿Echa algo en falta? —preguntó la subinspectora.

—No lo sé.

Apartó algunas prendas. Vio álbumes, cajas, ropa que reconocía y otra que habría sido incapaz de asegurar si estaba allí el día anterior.

—No sé qué guardaba ni dónde.

—Entonces no mueva nada más.

Daniel cerró el armario. Miró el teléfono de Nora sobre la mesilla. Y recordó la llamada con Javier.

¿Pudiste ver bien a la persona que se llevó a Laura? ¿Se quitó la capucha en algún momento? ¿Oíste su voz?

Daniel volvió la cabeza.

—Salas.

Ella levantó la vista.

—¿Qué ocurre?

—Antes, cuando he hablado con Javier, me ha preguntado por la persona que se llevó a Laura.

—Sí. ¿Y?

—Me ha preguntado si pude verla bien, si se quitó la capucha en algún momento y si oí su voz.

Salas permaneció callada.

Daniel esperó.

Ambos se miraron y entendieron que estaban pensando exactamente lo mismo.

—¿Usted le había dicho que llevaba capucha?

—No.

—Piénselo bien, Daniel.

—Ya lo estoy pensando, Salas. No recuerdo haberle mencionado nada de que llevara una capucha.

—¿Seguro que no se lo mencionó durante esa llamada?

—No.

—¿En alguna anterior?

Daniel negó con la cabeza.

—No había hablado con él desde que ocurrió.

Salas se separó de la puerta.

—Repítame exactamente qué le contó a Javier.

—Le conté lo que pasó. Que Laura había aparecido delante de casa. Que alguien la había llevado hasta allí para conseguir que abriéramos la puerta. Que había empezado a hacerlo pero Laura me lo impidió. Y que después aquella persona se la llevó por la fuerza. Eso es todo.

—¿Le dijo que no pudo verle la cara?

—No.

—¿Le describió la ropa?

—Tampoco.

—¿Le dijo si era hombre o mujer?

—No.

Salas miró hacia el agente que trabajaba con el ordenador.

—Vuelvo ahora.

Salió al rellano y llamó a uno de los policías que estaban en la planta baja.

—Necesito comprobar una cosa. Averigüe si la descripción de la persona que se llevó a Laura se ha difundido fuera del operativo. Prensa, comunicaciones externas, cualquier información a terceros. Y compruebe si alguien ha hablado con Javier Vidal.

El agente asintió y volvió a bajar corriendo.

Daniel salió detrás de Salas.

—Puede haberlo sabido por otra persona —trató de justificar Daniel.

—Puede.

—Quizá algún vecino pudo verlo.

—También.

—O lo pudo suponer.

—¿Usted cree que pudo suponer que llevaba capucha, Daniel? —cuestionó Salas—. Creía que ya habíamos hablado de la diferencia entre no sacar conclusiones precipitadas y ser un ingenuo.

Daniel no contestó.

Entraron en su dormitorio para apartarse del movimiento de los agentes.

Hasta ese momento, la actitud de Javier había tenido una explicación sencilla.

Era el padre de Marta. Llevaba diecisiete años intentando averiguar qué ocurrió con ella y Daniel había reaparecido de golpe en una historia que Javier nunca había conseguido cerrar.

Era lógico que quisiera saber qué recordaba.

También era lógico que preguntara qué había descubierto Nora. Daniel necesitaba que siguiera siendo lógico.

—Voy a llamarlo otra vez —dijo él.

Sacó el teléfono.

—No —intervino Salas.

—Solo quiero preguntarle de dónde ha sacado lo de la capucha.

—Y si existe una explicación coherente, se la dará. Si no existe, acabará de avisarle de que nos hemos fijado.

Daniel bajó el móvil.

—¿Nos hemos fijado?

—Usted se ha fijado, aunque no quiera aceptarlo. Yo estoy comprobándolo.

—Pareces preocupada, Salas.

—Que alguien ajeno a la investigación conozca algún dato sin que sepamos de dónde lo ha obtenido, sí, me preocupa.

Daniel empezó a caminar por la habitación.

—Estamos hablando de Javier. Está ayudándonos a buscar a Nora.

Lleva días ayudándome con lo de Laura. Ayer me ayudó a entender qué había pasado con Nicolás y por qué mi padre quería volver a interrogarlo.

Cuando pensé que podía haberle hecho algo a Marta, fue él quien me dijo que dejara de acusarme sin recordar lo ocurrido.

Salas dejó que terminara.

—Todo eso sigue siendo verdad. Pero una cosa no quita la otra.

Daniel la miró.

El agente apareció en el rellano.

—Subinspectora.

Salas salió. Daniel fue detrás.

—La descripción de la persona no se ha difundido públicamente —informó el agente—. Está en las diligencias y en comunicaciones internas. No consta ningún contacto del operativo con Javier Vidal ni que se le haya facilitado esa información.

—¿Nada?

—Nada.

—¿Algo que se haya filtrado en medios de comunicación? ¿Redes sociales?

—Nada, subinspectora.

Salas asintió.

—Gracias.

El agente volvió escaleras abajo.

Daniel se quedó apoyado contra la pared.

—Entonces ¿cómo podía saber que llevaba capucha?

—No lo sabemos —respondió Salas.

Por primera vez desde que había recordado la llamada, Daniel deseó no haber reparado en ella.

Abrió el registro del teléfono.

Javier Vidal.

Dos llamadas aquella mañana.

Repasó mentalmente la primera. Javier había querido saber qué estaba investigando Nora, qué había encontrado, si tenía documentos del trastero, si aparecía Andrés.

Después se había ofrecido a buscar a Nicolás y comprobar la casa de la fiesta.

Unas horas antes, Daniel habría descrito todo aquello de una sola manera: ayuda. Ahora seguía pudiendo serlo.

—También me preguntó bastante por lo que había encontrado Nora —dijo.

—Era una pregunta razonable.

—Y por los documentos de mi padre. Y por lo que yo recordaba.

—Javier lleva diecisiete años sin saber qué ocurrió con su hija. Sería extraño que no quisiera saberlo.

Daniel guardó el teléfono.

—Parece que hay una explicación para todo. Menos para la capucha.

—Porque de momento es así, Daniel.

Daniel volvió a mirar hacia la habitación de Nora.

—¿Qué hacemos?

—Nada distinto delante de él.

—¿Quieres que siga hablando con Javier como si no hubiera pasado nada?

—Quiero que, si lo llama, usted se comporte igual que hasta ahora.

—¿Y tú?

—Yo voy a comprobar cómo pudo conocer ese detalle.

—¿Eso significa investigarlo?

—Significa comprobarlo.

Daniel soltó aire por la nariz.

Salas regresó hacia la habitación de Nora.

—Ahora Javier está de camino a la antigua casa de la fiesta. Le pedí que comprobara desde fuera si había movimiento. También está intentando localizar a Nicolás.

Salas volvió hacia él.

—No vuelva a darle información nueva sobre Nora ni sobre lo que encontremos aquí.

—Si averigua algo que pueda ayudarnos...

—Que se lo comunique. Pero no le explique qué estamos comprobando nosotros.

Daniel asintió con desgana.

Salas volvió con los agentes.

Él permaneció en el rellano.

Pensó en Javier sentado frente a él durante los últimos días. En la paciencia con la que lo había escuchado. En el modo en que había hablado de Marta, todavía incapaz de asumir que estuviera muerta. En la facilidad con la que Daniel había empezado a confiar en él.

No quería reconstruir a aquel hombre entero a partir de un desliz. Pero ya no conseguía encajarlo con la misma facilidad que unas horas antes.

El teléfono vibró.

Javier.

Daniel miró la pantalla.

Salas también vio el nombre desde la habitación.

—Conteste —dijo ella—. Como siempre. Naturalidad, Daniel. Que no note nada.

Daniel aceptó la llamada.

—Javier.

—Daniel, tengo la dirección de Nicolás.

Daniel miró a Salas.

—Dime.