No abras la puerta CAPÍTULO 45
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CAPÍTULO 45

Salas salió de la habitación de Nora con el portátil entre las manos.

—Necesito la contraseña.

—No la sé —respondió Daniel desde el rellano.

—¿Nunca ha utilizado su ordenador?

—No tienes hijos, ¿verdad, Salas? Una adolescente jamás dejaría que su padre le cogiera el ordenador.

La subinspectora se lo entregó a uno de los agentes.

—Presérvalo tal como está y que informática intente acceder cuanto antes.

Salas empezó a bajar las escaleras con Daniel tras ella.

—¿Habéis visto algo en las cámaras?

—Seguimos revisándolas.

—Lleváis casi una hora revisándolas.

—Y seguiremos hasta encontrar algo.

Entraron en el salón. Teresa se había quedado en la cocina mientras otro agente terminaba de revisar la planta baja.

—Tiene que haber alguna pista —dijo Daniel.

—Puede que esté en el ordenador de Nora. Mientras conseguimos entrar, necesito que reconstruyamos qué estaba investigando.

—Ya te he dicho que no lo sé.

—Entonces empecemos por lo que sí sabe. Personas, lugares, cualquier cosa relacionada con Marta que Nora pudiera haber encontrado en los archivos de Laura.

Daniel empezó a enumerar nombres. Andrés. Nicolás Pons. Las personas que habían estado en la fiesta. Gente que para Nora apenas existía en fotografías, declaraciones antiguas o anotaciones escritas hacía años. Se detuvo.

Javier.

Había hablado con él el día anterior. Conocía a Marta, a los asistentes a la fiesta y la casa donde se celebró mejor que cualquiera de ellos.

Daniel sacó el teléfono.

—Voy a llamar a Javier Vidal.

Salas asintió.

—Pregúntele primero si Nora contactó con él.

Javier respondió enseguida.

—¿Daniel?

—Javier, necesito preguntarte algo.

—Claro.

—¿Nora te ha llamado o te ha escrito?

—¿Nora? No, ¿por qué?

Daniel se alejó hacia el otro extremo del salón.

—Ha desaparecido.

—¿Qué dices?

—No está en casa. Pero su teléfono sigue en su habitación.

—¿Cuándo ha sido?

—Esta madrugada.

—¿Has avisado a la policía?

—Sí.

—¿Qué ha pasado?

—Laura ha aparecido delante de casa. Alguien la ha llevado hasta aquí para conseguir que abriéramos —explicó Daniel—. He estado a punto de hacerlo, Javier. Pero Laura me lo ha impedido. Ella misma me ha ordenado que mantuviera la puerta cerrada. Y entonces…

—¿Qué?

—Se la ha vuelto a llevar por la fuerza. Y unas horas más tarde Nora ya no estaba —terminó Daniel.

—Dios...

Daniel se sentó en el brazo del sofá.

—No puedo perder también a mi hija.

—No la has perdido.

—No sé dónde está.

Javier dejó pasar unos segundos.

—Dime qué puedo hacer, Daniel.

—No lo sé.

—Conozco a gente relacionada con Marta. Si crees que Nora podía estar siguiendo algo del caso, puedo intentar localizar a quien haga falta.

Daniel miró hacia la escalera.

—Estaba investigando.

—¿Había encontrado algo?

—No tengo ni idea.

—¿Nada?

—Sabía más de lo que me contaba.

—¿Sobre Marta?

—Sobre Marta, sobre mi padre, sobre Laura... Había encontrado archivos que Laura dejó preparados.

—¿Los del trastero?

—Parte de ellos.

—¿Había documentación de Andrés?

—Sí.

—Entonces puede haber seguido algún nombre que apareciera ahí. Un testigo, alguien de la fiesta, cualquiera que le pareciera importante.

Daniel recordó la conversación del día anterior.

—Nicolás Pons.

—Por ejemplo.

—¿Sabes dónde vive? —preguntó Daniel.

—Ahora mismo no. Puedo intentar averiguarlo.

—Hazlo, por favor.

—Lo hago.

Daniel caminó hasta la ventana.

—También está la casa de la fiesta.

—La de los padres de Nicolás.

—¿Sigue existiendo?

—Supongo que sí.

—¿Vive alguien allí?

—Diría que la vendieron hace años, pero puedo comprobarlo.

—Hazlo también.

—Daniel.

—¿Qué?

—Sé que ahora mismo no quieres escuchar esto, pero intenta no lanzarte detrás de la primera posibilidad que aparezca. Cuando desapareció Marta, cada vez que alguien me pedía calma tenía ganas de estamparlo contra una pared. Sé lo que es necesitar hacer algo aunque no sepas qué.

Daniel apoyó la frente contra el cristal.

—No puedo quedarme esperando.

—Entonces déjame moverme a mí también. Yo ya sé lo que es no saber dónde está tu hija. No quiero que pases por lo mismo.

—Gracias.

—No me las des.

Salas apareció en la puerta del salón con una tableta en la mano y le hizo una señal.

Daniel levantó un dedo para indicarle que terminaba.

—Una cosa más —dijo Javier—. ¿Pudiste ver bien a la persona que se llevó a Laura? ¿Se quitó la capucha en algún momento? ¿Oíste su voz?

—No, nada. Fue todo muy rápido.

Salas volvió a llamarlo con un gesto.

—Tengo que dejarte, Javier. Averigua lo de Nicolás y la casa y me llamas.

—En cuanto sepa algo te digo.

Daniel colgó.

—¿Qué pasa, Salas?

Salas le mostró la tableta.

—Estamos revisando todos los vehículos que salieron de la urbanización durante el intervalo en el que Nora desapareció. Necesito que mire algunos.

La grabación correspondía a una de las salidas. Un turismo atravesó la imagen y desapareció. Después otro.

Daniel se inclinó sobre la pantalla.

—¿Es alguno de los que estáis buscando?

—Todavía no buscamos un vehículo concreto. Quiero saber si reconoce alguno.

Pasaron una furgoneta, dos coches y una motocicleta.

—No.

Salas avanzó la grabación. Daniel siguió mirando. Nada.

—Podemos estar así horas —dijo Daniel cada vez más nervioso.

—Puede.

—Nora puede estar ya a kilómetros de aquí.

—Por eso hay más gente trabajando en otras líneas.

Daniel apartó la tableta.

—Necesito hacer algo que sirva, Salas.

—Esto sirve aunque ahora no se lo parezca.

—Solo estoy viendo coches pasar por una puta pantalla.

—Y uno puede darnos una matrícula, un conductor o una dirección. No podemos decidir de antemano qué dato va a resultar útil.

Daniel se alejó.

El teléfono volvió a vibrar.

Javier.

—Dime.

—He hablado con un conocido que vive cerca de la antigua casa de la fiesta. Está vacía y dice que no ha visto movimiento últimamente.

—¿Y Nicolás?

—Estoy intentando localizarlo.

—¿Puedes acercarte a la casa?

—Sí. Voy hacia allí.

—No entres. Si ves algo, llama a la policía.

—Tranquilo. Solo voy a mirar desde fuera.

Daniel escuchó cómo Javier cerraba una puerta al otro lado.

—Hay otra cosa —añadió Javier—. Si Nora estaba revisando los archivos de Laura, intentad averiguar qué estaba buscando. Puede que eso os lleve antes hasta ella que revisar todos los sitios relacionados con Marta.

Daniel miró hacia la planta superior.

—Están intentando acceder a su ordenador.

—Bien.

—Llámame en cuanto sepas algo de Nicolás.

—Lo haré. Llámame tú si tienes alguna novedad.

Daniel colgó.

Salas seguía junto a la mesa.

—Javier va a comprobar desde fuera la antigua casa de la fiesta y está intentando localizar a Nicolás Pons.

—Si encuentra cualquier cosa, quiero saberlo antes de que intervenga por su cuenta.

—Se lo he dicho.

—De acuerdo. Venga conmigo. Quiero que revise la habitación de Nora mientras trabajan con el ordenador. Puede que eche en falta algo que nosotros no sepamos identificar.

Daniel la siguió escaleras arriba. Pasó junto a Teresa, que hablaba en voz baja con uno de los agentes en la cocina, y continuó sin detenerse.

En la habitación de Nora todo seguía casi en el mismo lugar en que lo había encontrado: la cama deshecha, el teléfono junto al cargador, el escritorio ocupado ahora por agentes que intentaban reconstruir qué había hecho su hija durante las últimas horas.

Si Nora había encontrado algo importante, necesitaba descubrir qué era antes de que aquello que estuviera persiguiendo la alejara todavía más.