CAPÍTULO 43
Daniel seguía sosteniendo el teléfono de Nora cuando llamó a Salas. La subinspectora respondió enseguida.
—Dígame.
—Nora ha desaparecido.
—¿Qué ha pasado?
Daniel salió al pasillo y volvió a mirar hacia la habitación vacía.
—No está en casa. Su teléfono está aquí. He mirado en todas partes.
La voz de Salas cambió.
—¿Cuándo habló con ella por última vez?
—Después de que mi madre se marchara. Subí a comprobar que seguía en su habitación y me respondió desde dentro.
—¿A qué hora?
Daniel intentó reconstruirlo.
—Sobre las cinco y media. Quizá un poco después.
—¿Y desde entonces?
—Me duché. Me llamaste. Estuvimos hablando hasta hace unos minutos. Cuando subí ya no estaba.
Salas empezó a darle instrucciones.
—No toque nada de la habitación. Voy a activar la búsqueda y mando una patrulla ahora mismo.
—Se la han llevado.
—Daniel...
—No han pasado ni cuatro horas desde que alguien apareció delante de mi casa con Laura.
—Lo sé.
—Intentó entrar utilizando a mi mujer y no lo consiguió. Ahora Nora ha desaparecido.
Salas no discutió la relación entre ambas cosas.
—¿Ha visto u oído algo mientras estaba abajo?
—Nada.
—¿Algún coche?
Daniel miró hacia las ventanas.
—No.
—¿La puerta estaba abierta cuando descubrió que Nora no estaba?
—No. Estaba cerrada.
—Bien. Que nadie entre ni salga hasta que lleguemos.
—Salas, tiene quince años. Y ha dejado el teléfono.
—Daniel, escúcheme. Voy a tratar esto desde este momento como una desaparición de alto riesgo. Pero necesito hechos si queremos encontrarla.
Daniel apretó el móvil de Nora.
—El hecho es que anoche tenía a mi mujer delante de esta puerta y ahora tampoco tengo a mi hija.
Salas bajó la voz.
—Voy para allí, Daniel. No se mueva de su casa.
Daniel colgó. Llamó a Teresa. Ella respondió de inmediato.
—¿Dani?
—Nora no está.
—¿Cómo que no está?
—He entrado en su habitación y ha desaparecido.
—¿Dónde estás?
—En casa.
—¿La has llamado?
—Su teléfono estaba en su cuarto.
Teresa dejó de hablar.
Daniel oyó movimiento al otro lado.
—¿Mamá?
—Dani, ¿te dijo algo antes de meterse en su habitación?
—Que no iba a salir.
—¿Nada más?
—No.
—Voy para allá, Dani.
—Salas también viene.
—Me da igual. Voy igualmente.
—Conduce con cuidado, mamá. No puedo perder a nadie más.
La llamada terminó.
Daniel regresó a la habitación. Continuaba con el teléfono de Nora en su mano. Lo dejó sobre la mesilla, junto al cargador, y se obligó a no tocar nada más.
El portátil estaba cerrado sobre el escritorio. La mochila seguía junto al armario y la cama apenas tenía las sábanas movidas. Nora había estado allí. Él mismo había hablado con ella a través de la puerta. Después se había metido en la ducha convencido de que su hija estaba segura a pocos metros.
Daniel apoyó una mano en el marco. Laura delante de la casa. La figura oscura agarrándola.
¡Nora, no salgas!
La última orden que Laura había dado antes de que se la llevaran había sido para proteger a su hija. Unas horas después, Nora había desaparecido.
Daniel bajó al recibidor cuando oyó llegar el primer coche policial. Los agentes entraron y empezaron a revisar la vivienda y el exterior. Daniel volvió a explicar horarios, llamadas y lo ocurrido desde que Teresa se había marchado.
—¿Ha habido algún contacto? —preguntó uno de ellos—. ¿Mensaje, llamada, correo?
—No.
—¿Alguna amenaza nueva?
—No.
—¿Su hija estaba investigando la desaparición de su madre?
Daniel levantó la vista.
—Sí.
—¿Tenía acceso a información que pudiera interesar a quien tiene a Laura?
Daniel sintió un golpe de miedo distinto.
—No sé hasta dónde había llegado.
—¿Qué significa eso?
—Laura dejó cosas preparadas antes de desaparecer. Nora encontró parte de ellas.
—¿Documentos?
—Sí.
—¿Dónde están?
Daniel miró hacia la planta superior.
—No lo sé todo.
No saber hasta dónde había llegado Nora dejó de parecerle únicamente frustrante y empezó a preocuparle de otra manera. Nora había seguido investigando incluso aquella madrugada. Se lo había confesado. Y él la había mandado a la cama sin preguntarle qué había encontrado.
Teresa llegó mientras uno de los agentes inspeccionaba el exterior. Entró casi sin saludar.
—¿Dónde está Salas?
—De camino.
—¿Han encontrado algo?
—Todavía no.
Teresa miró hacia las escaleras.
—Quiero subir.
—Están revisando la habitación.
—Dani, necesito hacer algo.
Daniel la sujetó suavemente por los brazos.
—Mamá.
Teresa tenía los ojos vidriosos.
—La dejé aquí contigo hace menos de una hora. Te dije que no la dejaras sola.
Daniel se apartó.
—No la dejé sola, mamá. Estaba en su habitación y yo no salí de casa. Fui a comprobar que seguía allí después de que te marcharas. Me contestó, joder.
—No quería decir...
Teresa cerró los ojos.
—Perdona, Dani.
Daniel volvió la mirada hacia la puerta principal.
—Quien tenga a Laura estuvo anoche aquí.
Teresa permaneció en silencio.
—No consiguió entrar —continuó Daniel—. Laura se lo impidió.
—Dani...
—¿Qué crees que ha pasado?
Teresa tardó en responder.
—No lo sé.
—Yo sí.
Ella lo miró.
—Ha vuelto. Y se la ha llevado.
El miedo en la cara de Teresa no necesitó explicación.
Salas llegó unos minutos después. Entró acompañada de otro agente y fue directamente hacia Daniel.
—Ya estamos revisando las grabaciones de todos los accesos a la urbanización a partir de las cinco y media. También hemos comunicado la desaparición de Nora a las unidades de la zona.
—¿Y el vehículo?
—Seguimos reconstruyendo el trayecto.
—Es la misma persona. Seguro.
—Es una posibilidad que estamos tratando con toda la seriedad que merece.
—No es una posibilidad.
Salas lo sostuvo con la mirada.
—Necesito que me diga exactamente qué estaba investigando Nora.
Daniel señaló hacia arriba.
—Cosas que dejó Laura.
—Eso ya lo sé. ¿Qué había encontrado?
Daniel abrió la boca y no pudo responder. No lo sabía. Salas comprendió la respuesta.
—¿Tenía alguna pista que usted no conociera?
—Puede.
—¿Algún lugar? ¿Alguna persona?
—No me dijo nada, Salas. Sabía que seguía buscando, pero pensé que estaba dando vueltas a las mismas cosas que ya conocíamos. Me preocupaba que se obsesionara, no que pudiera descubrir algo que la pusiera en peligro. Tendría que haberle preguntado qué había encontrado.
—¿Y esta madrugada?
Daniel recordó la conversación de la cocina.
Mirar otra vez algunas cosas de mamá.
—Me dijo que estaba revisando cosas de Laura.
Salas miró hacia la escalera.
—Necesito registrar su habitación y acceder a su ordenador, a su teléfono, a cualquier cosa que pueda darnos una pista.
—Haz lo que tengas que hacer.
Teresa dio un paso.
—¿Creéis que la persona que tiene a Laura puede saber que Nora estaba investigando?
Salas respondió sin apartar los ojos de Daniel.
—Ahora mismo ya no descarto nada.
Daniel sintió que la casa se estrechaba alrededor de ellos. Había pasado días preocupado por lo que él mismo pudiera recordar, por la información que Laura había escondido y por las preguntas que Nora hacía sin contarle hasta dónde había llegado.
No había entendido que cada respuesta podía acercarlos también a la persona de la que Laura había intentado protegerlos.
Pensó en el teléfono de Nora, abandonado arriba sobre la mesilla.
Laura había desaparecido. Horas después la habían llevado de vuelta a casa para obligarlos a abrir, y ella había conseguido impedirlo. Ahora Nora tampoco estaba. Daniel dejó de buscar explicaciones alternativas.
—Encuéntrala, Salas.
La subinspectora asintió.
Daniel miró hacia la puerta. Estaba convencido de que la persona que tenía a Laura había vuelto por su hija.