CAPÍTULO 41
Teresa llegó cuando los dos agentes que habían acudido a la casa todavía hablaban con Daniel en el recibidor. Entró con el abrigo puesto y fue directamente hacia Nora. La abrazó con tanta fuerza que durante unos segundos no dijo nada.
—¿Estás bien, cariño?
Nora asintió contra su hombro.
—La he visto, abuela.
Teresa se separó lo suficiente para mirarla.
—¿A tu madre?
—Estaba ahí fuera.
Daniel terminó de responder a uno de los agentes y se acercó.
—La han traído para conseguir que abriéramos la puerta.
Teresa lo miró sorprendida.
—¿Qué quieres decir?
Daniel se lo explicó sin entrar en todos los detalles: Laura había aparecido sola ante la casa, había insistido para que abrieran y, cuando él empezó a hacerlo, les ordenó que mantuvieran la puerta cerrada. Después había aparecido la figura encapuchada.
—Se la ha llevado por la fuerza —terminó.
Teresa permaneció inmóvil.
—¿Llegaste a abrir?
Nora observó a su abuela.
—No —respondió Daniel.
—Pero empezó —añadió ella—. Mamá lo vio y se puso a gritar que no abriéramos.
Teresa dirigió los ojos hacia la cerradura.
—¿Dijo por qué?
—No podía —respondió Daniel—. La estaban vigilando.
Uno de los policías pasó junto a ellos para salir al exterior. Teresa esperó a que cerrara la puerta.
—¿Pero Laura os pidió algo?
—¿Algo como qué? —contestó Daniel extrañado.
—No sé. Un documento, una llave... Cualquier cosa que pudiera explicar por qué la han llevado hasta aquí.
Nora dejó de frotarse las manos en el pantalón del pijama.
Daniel negó con la cabeza.
—Solo quería que abriera.
—Entonces esa persona quería entrar.
Teresa respiró hondo y miró a Nora.
—Te vienes conmigo.
—No.
—Nora, no voy a dejarte aquí después de lo que acaba de pasar.
—No pienso irme, me quedo con papá.
—Tu madre ha aparecido delante de esta casa y alguien se la ha llevado otra vez. No sabemos si pueden volver.
Daniel intervino.
—Aquí está la policía y ya conocen la dirección. Ahora mismo prefiero que Nora no se mueva, mamá.
Teresa no discutió con él, aunque la decisión no pareció tranquilizarla.
—Pues me quedo yo también.
Nora habría esperado exactamente esa respuesta cualquier otro día. Aquella madrugada la escuchó de otra manera.
Los agentes terminaron poco después. Salas volvió a llamar a Daniel mientras uno de ellos salía a revisar la calle por segunda vez.
No había una matrícula, una descripción útil del vehículo ni una imagen suficientemente clara de la persona que se había llevado a Laura.
Las cámaras de la zona se revisarían de inmediato.
Daniel empezó a caminar por el salón con el teléfono pegado a la oreja.
Teresa se quedó junto a Nora.
—Sube un rato a tu habitación.
—No tengo sueño.
—No hace falta que duermas. Túmbate, al menos. Descansa un poco.
—Estoy bien aquí.
Teresa guardó silencio.
Nora la observó. Su abuela tenía el rostro cansado y seguía con el abrigo puesto.
Había llegado a aquella casa de madrugada porque su nuera desaparecida acababa de reaparecer y alguien se la había llevado de nuevo delante de su hijo y su nieta.
Tenía motivos de sobra para estar alterada.
Aun así, Nora volvió a pensar en la pregunta.
¿Laura os pidió algo?
No había preguntado únicamente qué había ocurrido fuera. Había querido saber si su madre había intentado conseguir algo de dentro.
—Abuela.
—¿Qué?
—¿Por qué has preguntado si mamá quería algo?
Teresa la miró.
—Porque si alguien la ha obligado a venir hasta aquí, supongo que buscaba algo concreto.
—Podía querer hacernos daño o entrar por cualquier motivo. Pero tú has pensado en documentos o llaves.
Teresa no se molestó.
—Lleváis días encontrando documentos, Nora. Un trastero lleno de cosas de Laura, papeles sobre Marta, investigaciones de tu abuelo... No me parece una asociación muy difícil.
La explicación tenía sentido. Eso era lo que incomodaba a Nora.
Teresa le acarició el brazo.
—No sigas con todo esto esta noche.
—No iba a hacerlo.
—Lo digo en serio, Nora.
—Ya te he oído.
—Tu madre acaba de demostrar que sabía que algo así podía ocurrir. Si dejó más cosas preparadas, no sabemos quién puede estar buscándolas.
—¿Crees que alguien busca lo que dejó mamá?
—Creo que no sabemos qué busca nadie. Y por eso mismo quiero que tengas cuidado.
Daniel terminó la llamada.
—Salas dice que van a intentar reconstruir el recorrido del coche con cámaras.
—¿Y Laura? —preguntó Teresa.
—Lo mismo que antes. Nada.
Daniel tenía los ojos enrojecidos y la mandíbula tensa.
—Voy a preparar café.
—Son casi las cuatro —dijo Teresa.
—Por eso.
Nora subió a su habitación mientras ellos entraban en la cocina. Cerró la puerta. Durante unos minutos se quedó de pie en medio del cuarto, escuchando las voces lejanas de la planta baja.
La conversación con Teresa regresó mezclada con otras escenas de los últimos días.
Su abuela preguntándole dónde guardaba el libro.
Recomendándole que fotografiara las páginas.
Entrando en su habitación cuando no había nadie en casa.
El libro cambiado de posición. Y ahora, pocas horas después de que Nora se lo contara a Daniel, aquella pregunta sobre documentos, llaves o cualquier cosa que Laura pudiera haber querido recuperar.
A Nora empezaba a resultarle difícil creer que su abuela solo sintiera curiosidad. Abrió el armario y retiró dos álbumes viejos. El libro seguía donde lo había escondido. Comprobó después la mochila. La memoria USB continuaba en el bolsillo interior.
Se sentó ante el portátil. Teresa acababa de pedirle que no siguiera investigando. Daniel le había pedido prácticamente lo mismo durante días.
Nora conectó el USB.
Abrió MARTA VIDAL — COPIA DE TRABAJO .
El índice apareció en la pantalla.
1. MARTA 2. DECLARACIONES 3. VEHÍCULOS 4. ANDRÉS VEGA 5. ACCIDENTE D. V. 6. JAVIER VIDAL
Debajo seguían las tres entradas que no había conseguido comprender. No empezó por ellas. Entró en ANDRÉS VEGA.
Había leído esa sección demasiado deprisa la primera vez. Entonces buscaba una explicación para el accidente de su padre y para las irregularidades del caso. Ahora buscaba algo distinto. Algo que pudiera haber quedado fuera.
Utilizó el buscador del documento.
Escribió:
original
Aparecieron cuatro coincidencias.
La primera hablaba de una declaración original sustituida durante la digitalización. La segunda correspondía a unas fotografías del accidente. La tercera no aportaba nada. La cuarta estaba casi al final de la sección de Andrés.
Nora abrió la página. Era la fotografía de una hoja escrita a mano. Reconoció la letra de Laura en varias anotaciones al margen, pero el documento principal parecía mucho más antiguo. Amplió la imagen.
Una línea estaba rodeada dos veces.
ORIGINAL FUERA DEL EXPEDIENTE. A.V. LO CONSERVÓ.
Debajo, Laura había añadido:
Ubicación 2.
Nora volvió al índice. Aquellas dos palabras le hicieron pensar en una de las entradas que no había conseguido descifrar.
Bajó hasta las tres secciones sin título.
La última no estaba bloqueada con contraseña, pero la primera vez que había pulsado sobre ella no había ocurrido nada. Solo aparecía una combinación de una letra y un número.
U2
Nora volvió a pulsar. Nada. Pero esta vez no cerró el documento.
Buscó U2 dentro del PDF.
Una única coincidencia.
Estaba en una página que no aparecía en el índice.
La abrió.
En la pantalla apareció una captura de un mapa.
Había un punto marcado fuera de la ciudad, junto a una carretera secundaria. Debajo figuraba una fecha de cuatro meses atrás y una nota escrita por Laura:
Andrés. Comprobar en persona.
Nora amplió el mapa hasta distinguir la localización. No reconoció el lugar. Abrió una pestaña nueva y escribió las coordenadas. El trayecto apareció en la pantalla. Treinta y ocho kilómetros. Nora dejó el cursor sobre el punto marcado.
Desde abajo llegó la voz de Daniel.
—¡Nora!
Cerró el mapa.
—¡Voy!
Antes de levantarse, miró de nuevo la línea que Laura había rodeado en la fotografía.
A.V. LO CONSERVÓ.
Después expulsó la memoria USB y se la guardó en el bolsillo del pijama.