CAPÍTULO 33
La clave estaba en el margen. Nora volvió a la primera anotación de Laura y observó la posición de aquellas palabras que llevaba dos noches intentando descifrar.
Empieza aquí.
Hasta entonces había cometido el error más sencillo: contar siempre desde el principio.
Tenía el libro abierto sobre el escritorio, el cuaderno lleno de combinaciones fallidas y las fotografías que había hecho de todas las páginas marcadas por Laura.
Desde el salón llegaba de vez en cuando el ruido de una caja al moverse.
Daniel seguía revisando las agendas de Andrés que había traído de casa de Teresa.
Nora acercó el libro. La frase estaba escrita junto al margen derecho. En otras páginas, las anotaciones aparecían a la izquierda. Pasó varias hojas para comprobarlo. No era aleatorio.
Recordó una tarde de cuando tenía ocho o nueve años.
Laura había escondido su regalo de cumpleaños y preparado varias pistas por el piso.
En una de ellas escribió una frase en el lateral derecho de una revista.
Nora pasó diez minutos contando palabras desde el principio hasta que su madre terminó dándole una pista.
Si te lo pongo a la derecha, empiezas por la derecha.
Entonces le había parecido una norma absurda.
Ahora cogió el bolígrafo. En la primera página marcada había un cuatro rodeado. Contó cuatro palabras desde la derecha.
Carpeta.
Nora volvió a comprobarlo.
Después buscó la siguiente anotación. La marca estaba a la izquierda. Contó desde ese lado.
Lecturas.
Escribió ambas palabras en el cuaderno.
CARPETA LECTURAS
La tercera no funcionó.
Probó dos veces y obtuvo palabras distintas que no significaban nada. Volvió a observar la página hasta descubrir que había contado como palabra un número incluido en el texto. Repitió la operación sin incluirlo.
NUBE
Nora dejó el bolígrafo. Miró las tres palabras. Ya no parecían una casualidad. Continuó.
Algunas páginas eran sencillas; otras la obligaban a probar varias veces hasta entender qué había señalado exactamente Laura.
Había líneas verticales que empezaban junto a un párrafo pero terminaban unos centímetros más abajo, números escritos entre dos frases y marcas tan pequeñas que Nora había creído que eran manchas de tinta.
Poco a poco fue completando otra secuencia.
NORA
Después:
COPIA
Se quedó mirando el cuaderno.
CARPETA LECTURAS / NUBE / NORA / COPIA
Se levantó y salió de la habitación.
Daniel estaba en el salón, sentado en el suelo entre dos cajas, con una agenda abierta y varias hojas ordenadas a su alrededor.
—¿Mamá y yo teníamos alguna carpeta compartida en la nube?
Daniel levantó la vista.
—¿Qué?
—Para libros. PDFs, apuntes, cosas así.
—Tú sabrás. No tengo ni idea.
—¿Nunca te mandaba libros?
—Tu madre intentó que leyera una novela de setecientas páginas descargada en PDF. Nuestra relación con la literatura digital terminó ahí. Prefiero el papel.
Nora lo miró.
—Muy útil, papá.
—Gracias.
—Estoy buscando una cosa.
—Eso ya me preocupa más.
—No estoy haciendo nada raro.
—Desde hace años, casi todo lo que haces es raro, Nora.
Nora regresó a su habitación antes de que empezara a hacer más preguntas.
Abrió el navegador y entró en el servicio de almacenamiento que utilizaba desde hacía años para guardar trabajos del instituto. Su cuenta seguía vinculada a la dirección familiar que Laura había creado cuando Nora era pequeña.
Buscó entre las carpetas compartidas.
Fotos.
Instituto.
Viajes.
Documentos.
Y casi al final encontró una llamada LECTURAS .
La fecha de última modificación era de unas semanas antes de la desaparición de Laura.
Nora la abrió. Había novelas en PDF, artículos que su madre le había enviado, apuntes de psicología que Nora jamás había leído y varias listas de recomendaciones. Nada relacionado con Marta.
Escribió copia en el buscador.
Ningún resultado.
Probó con Nora .
Tampoco.
Volvió al libro. Le quedaban varias anotaciones por resolver.
La siguiente palabra fue:
OCULTA
Nora regresó al ordenador y comprobó si había alguna carpeta oculta o algún archivo que el sistema no mostrara de forma normal. No encontró nada.
Volvió a intentarlo con el libro.
La siguiente anotación le dio:
NOMbrE
Después:
REVÉS
Nora observó la pantalla.
OCULTA / NOMbrE / REVÉS
Releyó los nombres de las carpetas. La mayoría eran perfectamente normales.
Lecturas verano.
Pendientes.
Psicología.
Para Nora.
Bajó hasta el final y reparó en una que había ignorado varias veces.
arotuA
Siempre había pensado que era un error. Leyó las letras de derecha a izquierda.
Autora.
La abrió. Dentro solo había un archivo.
17.pdf
Nora notó que se le aceleraba el pulso. Hizo doble clic. Apareció una ventana solicitando una contraseña.
—Claro… —susurró entre dientes.
Volvió al libro.
Quedaban dos anotaciones que todavía no había conseguido interpretar. La primera acabó dando una palabra sencilla:
CASA
La última fue peor. Probó desde la izquierda, desde la derecha y cambió dos veces de línea antes de descubrir una pequeña marca junto al margen que no había visto.
PUERTA
Nora escribió ambas palabras en el cuadro de contraseña.
casapuerta.
Error.
Probó:
puertacasa.
Error.
Añadió el número diecisiete. Mayúsculas. Un espacio entre ambas palabras.
Nada.
Se recostó en la silla y miró el libro. Laura no podía esperar que adivinara una contraseña entre cientos de combinaciones.
Casa.
Puerta.
Pensó en los antiguos juegos de pistas. Su madre rara vez utilizaba la solución literal. La última palabra solía conducir a algo que ambas conocían.
Casa.
Puerta.
Nora levantó la vista hacia el pasillo.
Durante años, Laura había llamado la puerta azul a la entrada de casa de Teresa, aunque hacía tiempo que su abuela la había pintado de blanco. Cuando Nora era pequeña, aquella puerta aparecía constantemente en los juegos que terminaban allí.
Escribió:
puertaazul
El archivo se abrió.
Nora se acercó a la pantalla.
La primera página contenía únicamente un título:
MARTA VIDAL — COPIA DE TRABAJO
Debajo figuraba una fecha de creación de cuatro meses antes de la desaparición de Laura.
Pasó a la siguiente página. Había una cronología.
Algunos puntos coincidían con cosas que ya conocía: la fiesta, la desaparición de Marta, el accidente de Daniel, declaraciones incompletas y referencias al Renault.
Otros apartados estaban sustituidos por códigos y números que no entendía.
En la parte superior aparecía una nota:
COPIA PARCIAL. FALTAN ARCHIVOS.
Nora siguió bajando. Había enlaces que ya no funcionaban, fotografías que no cargaban y referencias a documentos identificados únicamente con letras.
Algunas páginas contenían párrafos enteros convertidos en bloques de caracteres sin sentido.
Laura había protegido parte del contenido.
O aquella copia nunca había estado completa.
Llegó al índice.
1. MARTA 2. DECLARACIONES 3. VEHÍCULOS 4. ANDRÉS VEGA 5. ACCIDENTE D. V. 6. JAVIER VIDAL
Debajo aparecían tres apartados más. No tenían nombre. Solo una letra y un número.
Nora intentó abrir el primero.
Contraseña.
El segundo también estaba protegido.
El tercero ni siquiera respondía.
Guardó una copia del PDF en el ordenador y después conectó una memoria USB que tenía en el cajón. No quería depender únicamente de aquella cuenta.
Oyó pasos en el pasillo. Daniel llamó a la puerta.
—¿Puedo entrar?
Nora cerró el documento.
—Sí.
Su padre asomó la cabeza.
—Voy a pedir algo para cenar. ¿Pizza?
—Vale.
Daniel reparó en el libro, el cuaderno y el portátil.
—¿Sigues con eso?
—Sí.
—¿Has encontrado algo?
Nora miró la pantalla. Podía enseñárselo.
Solo tenía que volver a abrir el archivo y decirle que Laura había dejado una copia de su investigación escondida dentro de una carpeta que ambas compartían.
Pero todavía no sabía qué contenían los apartados protegidos ni por qué Laura había elegido aquel sistema para que ella pudiera encontrarlos.
—Creo que ya entiendo cómo funcionan las anotaciones.
Daniel entró un poco más en la habitación.
—¿Y?
—Quiero comprobar una cosa antes.
Él la observó.
—No hagas nada sola si encuentras algo relacionado con mamá.
—Lo sé.
—Nora.
—No voy a ir a ningún sitio.
Daniel pareció aceptar la respuesta.
—¿Qué pizza quieres?
—La de siempre.
Daniel salió y cerró la puerta.
Esperó a que sus pasos se alejaran antes de volver a abrir el archivo.
La copia estaba incompleta y muchas partes seguían cerradas, pero Laura había construido aquel recorrido para que alguien capaz de entender sus juegos llegara hasta allí.
Nora volvió al índice. Los seis primeros apartados tenían nombre. Los tres últimos no. Y ahora sabía que el libro no era el mensaje. Era la llave para llegar hasta él.