No abras la puerta CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

Daniel volvió a casa con el nombre de su padre todavía dando vueltas en la cabeza.

Durante el trayecto intentó convencerse de que Salas tenía razón en una cosa: una irregularidad no era una condena.

Andrés había trabajado durante treinta y cinco años como policía y había pasado por investigaciones de las que Daniel apenas sabía nada.

Que su firma apareciera en documentos modificados o incompletos podía tener una explicación que todavía no conocían.

El problema era que Laura llevaba años intentando encontrarla.

Cuando entró, Nora estaba sentada en el salón con el portátil sobre las piernas y Teresa terminaba de recoger unas tazas de la mesa.

—¿Qué significa eso de que mamá investigaba al abuelo? —preguntó Nora en cuanto lo vio.

Daniel dejó las llaves en el recibidor.

—Todavía no sabemos si lo investigaba a él directamente. La policía ha encontrado irregularidades en el caso de Marta y algunas diligencias llevan su firma.

—¿Qué irregularidades?

—Declaraciones que no aparecen donde deberían, horarios modificados, documentos que faltan.

Teresa dejó una taza en la bandeja.

—Andrés trabajó en cientos de investigaciones. Su nombre aparecerá en miles de papeles.

—En esta aparecen también cosas relacionadas con un coche que era nuestro —respondió Daniel mientras se quitaba la chaqueta.

Su madre se quedó mirándolo.

—¿El Renault?

—Sí.

—Ya te he dicho que lo conducíamos los dos.

—Lo sé.

—Entonces no entiendo… ¿Qué quieres que te diga?

Daniel se sentó frente a ella.

—Nada que no recuerdes. Solo intento averiguar por qué Laura estaba revisando algo que ocurrió diecisiete años atrás y que tiene cada vez más relación con nuestra familia.

Teresa se pasó una mano por el pelo.

—Tu padre no era perfecto, Dani, pero tampoco conviertas cuatro papeles mal archivados en algo que todavía no sabemos qué es.

—No lo estoy haciendo.

—Un poco sí.

Nora cerró el portátil.

—¿Mamá conocía al abuelo cuando desapareció Marta?

—No. Al menos no que sepamos. Yo todavía no la conocía —explicó Daniel.

—Entonces todo esto pasó antes de que estuvierais juntos.

—Sí.

La respuesta pareció dejar a Nora pensando.

—¿Y tú conocías a Marta? —preguntó Teresa.

Daniel levantó la vista.

—¿Yo?

—Sí. Si teníais edades parecidas y aquello ocurrió por aquí, igual coincidisteis alguna vez.

—No que yo recuerde.

Teresa asintió y cogió la bandeja.

—Pues entonces empieza por ahí. No intentéis meter a toda la familia dentro del caso porque aparezca un apellido.

Daniel la vio entrar en la cocina sin responder.

La posibilidad de haber conocido a Marta le resultaba absurda.

Había visto su cara docenas de veces durante los últimos dos días y no había sentido ningún reconocimiento.

Era una chica de diecinueve años en fotografías tomadas hacía casi dos décadas.

Podía haber coincidido con ella en una discoteca, en una fiesta o en cualquier otro lugar sin conservar el menor recuerdo.

Aun así, la pregunta de Teresa se quedó con él.

Subió al dormitorio y abrió la carpeta que se había llevado del trastero antes de que la policía se hiciera cargo del material. Dentro quedaban algunas copias y varias fotografías antiguas que Salas ya había registrado. Daniel se sentó junto a la cama y empezó a revisarlas con más calma.

La mayoría eran imágenes corrientes de una juventud que nunca había formado parte de la historia que Laura le contaba.

Marta y Elena en una terraza, en una playa, durante una excursión.

En algunas aparecían otros amigos cuyos nombres estaban escritos en el reverso; en otras no había ninguna anotación.

Daniel pasó varias hasta llegar a una tomada de noche.

El flash había iluminado demasiado a las dos chicas del primer plano. Marta aparecía con un vaso de plástico en la mano y una chaqueta vaquera abierta sobre una camiseta blanca. A su lado había otra joven que Daniel no reconoció. Detrás se veía una casa.

La fotografía estaba ligeramente inclinada, pero el lugar coincidía con las imágenes que había visto en los artículos sobre la desaparición. Fachada clara, jardín amplio y una puerta lateral que comunicaba con una zona exterior.

Buscó la fecha en el reverso. Era la noche en que Marta desapareció. Daniel volvió a la imagen. La observó con más atención.

En segundo plano había al menos una docena de personas. Algunas charlaban junto a una mesa; otras se agrupaban cerca de la puerta. El flash apenas había alcanzado a quienes estaban más lejos y varias caras se perdían entre sombras y movimiento.

Daniel acercó la fotografía a la lámpara de la mesilla. Reconoció una camiseta. No supo de dónde al principio. Miró mejor.

Un chico aparecía junto a la pared lateral de la casa, medio girado hacia otra persona que había quedado fuera del encuadre. Tenía el cabello más largo que él ahora y estaba bastante más delgado.

Daniel acercó la imagen. Notó una incomodidad difícil de explicar. Cogió el teléfono, fotografió la zona y amplió la pantalla. La imagen perdió definición, pero la cara se distinguía mejor. Daniel dejó el móvil sobre la cama.

Abrió el armario y buscó una caja que Teresa le había entregado después de la muerte de Andrés. Contenía fotografías familiares, documentos viejos y algunas imágenes de cuando Daniel apenas había cumplido los veinte.

Encontró una tomada durante unas vacaciones con varios amigos. La llevó hasta la cama. Comparó las dos. El mismo pelo. La misma forma del rostro. Incluso la camiseta podía ser la misma.

Daniel volvió a ampliar la fotografía de la fiesta.

—No puede ser —susurró.

Escuchó pasos en la escalera poco después.

—¿Papá? —preguntó Nora desde el pasillo.

—Ven un momento, Nora.

Nora entró y se acercó a la cama.

Daniel le tendió la fotografía.

—Mira el fondo, junto a la pared.

—¿Qué tengo que buscar?

—Al chico de la camiseta oscura.

Nora acercó la imagen a la cara. Primero miró la fotografía. Después a Daniel.

—Papá… Eres tú.

Daniel no respondió. Nora comprobó el reverso.

—Y esta fiesta…

—Sí.

—¿Es en la que Marta desapareció?

Daniel asintió. Teresa apareció en la puerta.

—¿Qué pasa?

Nora le entregó la fotografía.

—Papá estaba allí, abuela.

Teresa se puso las gafas que llevaba colgadas del cuello y examinó la imagen.

—¿Estás seguro de que eres tú?

Daniel colocó junto a ella la otra fotografía de aquella época. Su madre comparó ambas.

—Sí —admitió ella—. Esa camiseta te volvía loco.

Daniel cogió de nuevo la imagen de la fiesta.

Había pasado dos días intentando averiguar qué relación unía a Laura, Marta y su padre con aquella noche. Acababa de encontrar una más. La suya. Daniel Vega había estado en la fiesta en la que Marta Vidal desapareció.