CAPÍTULO I. TELÉFONO DESBLOQUEADO. #4
La imagen de Clara apareció otra vez en la pantalla.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después, justo antes de que terminara el vídeo, Laura escuchó algo que la primera vez no había percibido.
Una voz masculina.
Muy baja.
Casi susurrada.
Laura subió el volumen.
Rubén palideció.
—No lo hagas.
Pero ya era demasiado tarde.
La voz se escuchó con claridad.
—Clara, tenemos que irnos. Laura no puede saberlo todavía.
Laura se quedó completamente inmóvil.
Miró a Rubén.
Luego volvió a mirar la pantalla.
La grabación terminó.
Durante unos segundos nadie respiró.
Entonces Laura comprendió algo mucho peor que todo lo anterior.
La voz que acababa de escuchar no era la de un desconocido.
Era la voz de su padre.
Laura permaneció mirando la pantalla sin saber cuánto tiempo había pasado.
La voz de su padre seguía repitiéndose en su cabeza con una claridad insoportable, mezclándose con recuerdos que hasta aquel momento había considerado normales: las tardes de su infancia, las discusiones que escuchaba desde el pasillo,
aquella última noche en la que su madre le había dicho que su padre ya no volvería y, sobre todo, la certeza con la que había vivido durante años de que aquella desaparición pertenecía a un pasado cerrado, doloroso, pero terminado.
Ahora comprendía que no había terminado nada.
Si aquella voz era realmente la de su padre, entonces toda su vida estaba construida sobre una mentira.
—No puede ser él —susurró, aunque ni siquiera ella misma parecía creer lo que estaba diciendo.
Rubén no contestó. Permanecía de pie frente a ella, con el rostro desencajado, como si acabara de comprender que la situación se le había escapado definitivamente de las manos.
Laura levantó la mirada y encontró en sus ojos algo que la hizo sentir todavía más miedo: no había sorpresa, porque Rubén ya sabía quién había hablado en aquella grabación.
—Tú sabías que estaba vivo.
—Laura...
—No me digas mi nombre. Respóndeme.
Rubén cerró los ojos durante unos segundos antes de hablar.
—Sí.
La palabra cayó entre los dos con una violencia silenciosa.
Laura sintió que se le helaban las manos.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de conocerte.
Ella retrocedió hasta apoyarse contra la pared. Quería llorar, quería gritar, quería obligarlo a explicarlo todo, pero había algo que le impedía hacer cualquiera de esas cosas. Era la sensación de que, si seguía preguntando, podía descubrir algo que ya no tendría manera de olvidar.
Entonces volvió a mirar la pantalla.
El vídeo había terminado, pero debajo del archivo aparecía una pequeña carpeta que no había visto antes.
PARA LAURA.
Laura la abrió.
Había un único archivo.
Una fotografía.
La descargó.
Al principio pensó que era otra imagen de Clara, pero enseguida comprendió que no.
Era una fotografía de ella.
Laura estaba sentada en una terraza, varios años atrás, leyendo un libro y tomando café.
Recordaba perfectamente aquel día porque había sido su primer cumpleaños después de que su padre desapareciera.
Recordaba incluso la camisa que llevaba puesta, el libro que tenía entre las manos y la lluvia que había empezado a caer pocos minutos después.
Pero nunca había sabido que alguien la estaba observando.
Amplió la imagen.
Al fondo, parcialmente oculto detrás del cristal de otro establecimiento, había un hombre.
No podía distinguirle el rostro, pero reconoció inmediatamente la chaqueta.
Era la misma chaqueta que su padre llevaba en la última fotografía que conservaba de él.
Laura dejó caer el teléfono sobre la cama.
—¿Quién hizo esta fotografía?
Rubén no respondió.
—¿Quién me estaba siguiendo?
Él permaneció inmóvil.
Laura lo miró directamente.
—¿Mi padre?
Rubén negó lentamente con la cabeza.
Y aquella respuesta fue peor.
—Entonces, ¿quién?
Rubén tardó unos segundos en contestar.
—Clara.
Laura sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Eso es imposible.
—La fotografía se hizo seis meses antes de que Clara muriera.
Laura volvió a mirar la imagen.
—¿Por qué me estaba observando?
Rubén tragó saliva.
—Porque no eras una casualidad, Laura.
—¿Qué significa eso?
Rubén se acercó a la cama y recogió lentamente el teléfono. Después buscó algo entre los archivos y le mostró una segunda imagen.
Laura la reconoció inmediatamente.
Era la misma fotografía que acababa de ver.
Pero esta vez estaba ampliada.
Y había algo escrito en la parte inferior.
Una fecha.
Un nombre.
Y una frase.
«Ella todavía no sabe quién es su padre.»
Laura sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—¿Qué significa esto?
Rubén la miró fijamente.
—Significa que Clara no empezó a investigar a tu padre cuando lo conoció.
Hizo una pausa.
—Lo estaba investigando desde mucho antes.
Laura negó con la cabeza, incapaz de aceptar aquella explicación.
—¿Por qué?
Rubén bajó la voz.
—Porque Clara descubrió algo sobre tu nacimiento.
Laura dejó de respirar.
—¿Qué cosa?
Rubén miró hacia la puerta de la habitación.
Después volvió los ojos hacia ella.
—Que el hombre que tú creías que era tu padre...
Se quedó callado durante un instante que pareció interminable.
—...no era tu padre.