9 . Otro desaparecido
José Luis escuchó la grabación de Vicente dos veces. La primera, tumbado sobre la cama. La segunda, sentado frente al escritorio con la libreta abierta y un bolígrafo en la mano. A la tercera decidió que estaba perdiendo el tiempo.
Vicente no decía nada distinto de lo que José Luis recordaba.
Una furgoneta blanca. Una carretera secundaria.
Timoteo acompañado por otro hombre. Un saludo desde unos metros.
Una fecha que el testigo no podía concretar y una declaración realizada varios días después de la desaparición.
Suficiente para sembrar una duda. Insuficiente para demostrar absolutamente nada.
José Luis detuvo el audio.
En la página de la libreta había escrito:
TIMOTEO GAMALLO
Debajo:
martes: última constancia conocida en La Posada del Tejo
miércoles: búsqueda
¿miércoles/jueves?: Vicente asegura verlo
carretera vieja
furgoneta blanca
otro hombre
Timoteo NO parecía retenido
Rodeó la última frase. Después volvió a tachar el círculo.
Parecía una gilipollez, pero no quería empezar a destacar unas cosas sobre otras solo porque encajaran mejor con lo que estaba pensando.
Era exactamente lo que estaba haciendo él cada vez que necesitaba tener razón.
Cerró la libreta. Sobre el escritorio estaba la bolsa con la pasta de dientes.
La miró.
—Investigación impecable.
Fuera empezaba a oscurecer. La ventana reflejaba ya más habitación que paisaje.
José Luis podía distinguir su propia silueta sobre el cristal, la lámpara del escritorio detrás de él y una parte de la cama.
Se levantó. No había oído nada detrás de la pared desde que regresó.
Eso debería haberlo tranquilizado. No lo hacía.
Fue al baño, se lavó las manos y regresó al escritorio.
Podía bajar. Tomarse una cerveza. Hablar con Rubén de setas.
Escuchar a Amalia quejarse de algo. Comportarse como la persona que supuestamente había ido allí de vacaciones.
En lugar de eso volvió a sentarse. Abrió el teléfono.
En lugar de releer otra vez la desaparición de Timoteo, buscó imágenes, testimonios y cualquier referencia a la carretera que Vicente había mencionado.
Encontró una noticia antigua sobre avistamientos contradictorios: una gasolinera, una carretera, un pueblo de Teruel, incluso Valencia.
Ninguno había podido confirmarse. Vicente podía estar entre aquellos testigos o podía ser simplemente otro recuerdo construido demasiado tarde.
Cambió entonces la búsqueda. La Posada del Tejo.
Desaparecido. Maestrazgo. Durante varios minutos solo obtuvo a Timoteo repetido de formas distintas, la web del hotel, plataformas de reservas y artículos turísticos.
Estaba a punto de dejarlo. Buscar conexiones entre un alojamiento y cualquier desgracia ocurrida años después era exactamente la clase de obsesión que podía fabricar un patrón donde no existía ninguno. Entonces apareció algo diferente. Bajó un poco más y encontró una entrada antigua en un foro.
El título decía:
¿Casos de desaparecidos con conexiones que nunca se investigaron?
José Luis estuvo a punto de ignorarlo. Entró.
El foro tenía aspecto de llevar años abandonado.
Fondo blanco, avatares diminutos, mensajes encadenados y fechas antiguas.
Había más de cien respuestas. Personas hablando de casos conocidos.
Teorías. Errores policiales. Avistamientos.
Conspiraciones. Leyó tres mensajes y estuvo a punto de cerrar.
El cuarto hablaba de Timoteo. No aportaba nada.
El quinto tampoco. Alguien afirmaba que los bosques de aquella zona estaban llenos de simas.
Otro decía que había cruzado la frontera.
Un tercero mencionaba suicidio. José Luis siguió bajando.
Encontró una discusión sobre si Timoteo había desaparecido voluntariamente.
Una usuaria llamada Nora86 escribió:
Siempre me llamó la atención que años después desapareciera otra persona que había pasado por aquella zona. No digo que tenga relación, solo que es curioso.
Debajo, otro usuario preguntaba:
¿Quién?
La respuesta era una sola línea.
Mónica Téllez.
José Luis se quedó mirando el nombre. No le decía nada. Copió. Nueva pestaña.
Mónica Téllez desaparecida
Esta vez los resultados fueron distintos.
Una mujer. Treinta y seis años. Valencia.
Desaparecida hacía cinco años. José Luis abrió la primera noticia.
La fotografía mostraba a una mujer de cabello oscuro, largo hasta los hombros, sonriendo a cámara en una terraza.
Leyó. Mónica Téllez Romero, treinta y seis años, comercial de material sanitario.
Había desaparecido después de terminar una jornada de trabajo.
Su coche fue localizado dos días más tarde en un aparcamiento próximo a una estación ferroviaria de las afueras de Valencia.
El vehículo estaba cerrado. Dentro encontraron una chaqueta, unas gafas de sol y documentación relacionada con su trabajo. No el teléfono. José Luis continuó.
La última comunicación confirmada había sido una llamada a su hermana poco después de las siete de la tarde. Después, silencio. Nada sobre Teruel. Nada sobre el Maestrazgo. Nada sobre La Posada del Tejo. José Luis volvió al foro.
Nora86 no explicaba la conexión.
Buscó más mensajes de la usuaria. Había escrito cientos. La mayoría no tenían ningún interés. En uno de ellos, meses después, alguien le preguntaba por qué había relacionado ambos casos.
Nora respondió:
Porque Mónica había estado de viaje por la zona semanas antes. Hay fotos públicas.
José Luis abrió otra búsqueda.
Mónica Téllez Maestrazgo
Nada relevante. Probó con imágenes. Fotografías de la desaparición. Carteles. La familia. Una entrevista televisiva. Siguió bajando. Entonces apareció una fotografía diferente.
Mónica estaba delante de un paisaje de montaña.
Abrigo claro. Bufanda. Una taza entre las manos.
José Luis abrió la imagen. Procedía de una antigua cuenta pública.
La publicación seguía accesible. Había varias fotografías.
Bosques. Un pueblo. Una carretera. Setas.
Pasó a la siguiente. Se detuvo. Mónica aparecía sentada en una mesa junto a una ventana. Detrás había una pared de piedra.
Una lámpara. Una esquina de chimenea. No necesitó leer la ubicación.
Conocía aquella sala. La Posada del Tejo.
José Luis acercó la imagen. En la parte inferior aparecía la ubicación añadida por la propia Mónica.
La Posada del Tejo. La publicación era de cinco años atrás.
Diecinueve días antes de su desaparición.
Permaneció inmóvil. Después se inclinó hacia delante.
Leyó el texto. Una frase sobre escapar del trabajo durante un fin de semana.
Montaña. Frío. Comida. Nada raro. Pasó las fotografías.
En otra aparecía el exterior del hotel. La fachada principal.
Un coche que no reconoció. En otra, Mónica sujetaba una cesta con tres setas ridículamente pequeñas y se reía. José Luis amplió.
No había nadie detrás. Siguiente. Una carretera. Siguiente. Un plato de comida. Siguiente. Fin. Diecinueve días. José Luis regresó a la noticia de la desaparición. Leyó todo otra vez.
Mónica había vuelto a Valencia.
Eso estaba claro. Después de La Posada del Tejo había trabajado.
Había visitado clientes. Había hablado con su familia.
Había utilizado su tarjeta. Su teléfono se había conectado durante más de dos semanas a antenas de Valencia y alrededores.
La desaparición no había ocurrido en Teruel.
Ni cerca del hotel. Ni siquiera durante aquel viaje.
José Luis dejó el teléfono sobre la mesa.
Aquello debería haber terminado ahí. Una mujer se alojaba en un hotel.
Diecinueve días después desaparecía a cientos de kilómetros.
No había conexión. La gente que desaparecía también había dormido alguna vez en hoteles.
Había comprado pan. Había ido al dentista.
Había aparcado coches. Si uno empezaba a unir puntos suficientemente lejanos, terminaba dibujando cualquier cosa.
José Luis lo sabía. Cogió el teléfono de nuevo. Buscó el perfil de Mónica en una plataforma de reservas. No encontró nada. Probó el nombre junto al hotel.
"Mónica Téllez" "La Posada del Tejo"
Un único resultado. Una reseña. Cinco años atrás. José Luis abrió. La fotografía de perfil coincidía.
9/10
Fin de semana estupendo. Sitio tranquilo, habitaciones cómodas y trato muy familiar. La comida de Amalia merece el viaje. Volveré.
José Luis leyó la última palabra.
Volveré.
No volvió. O quizá sí. No tenía ninguna forma de saberlo.
Se reclinó. La comida de Amalia. Miró la puerta de la habitación.
Abajo, probablemente, Amalia estaba preparando la cena.
La misma mujer. Cinco años atrás. La misma cocina.
La misma familia. Eso tampoco significaba nada.
José Luis apoyó los dedos sobre la frente.
Intentó destruir la teoría buscando algo que la volviera corriente.
Revisó otras reseñas de Mónica: Zaragoza, Cuenca, Madrid, Barcelona, Albacete, Valencia, Castellón.
La Posada del Tejo era un hotel entre muchos.
Eso debería haber bastado. Hasta que ordenó las fechas.
La reseña de La Posada del Tejo era la última estancia de ocio antes de su desaparición.
Seguía sin probar nada; únicamente impedía cerrar la pestaña con la tranquilidad de haber encontrado una coincidencia cualquiera.
Volvió al foro. Nadie parecía haber seguido la conexión más allá de aquellas fotografías. José Luis tomó la libreta. Abrió una página nueva.
Escribió:
MÓNICA TÉLLEZ ROMERO — 36
Debajo:
comercial material sanitario
La Posada del Tejo — 19 días antes de desaparecer
vuelve a Valencia
trabaja con normalidad
última llamada: hermana
coche encontrado Valencia
Se quedó mirando.
Después escribió:
No desaparece en el hotel.
Aquella frase cambió el aspecto de la página. José Luis apoyó el bolígrafo. Timoteo sí parecía haber desaparecido allí.
Mónica no.
Uno había dejado el coche en La Posada del Tejo.
La otra había conducido cientos de kilómetros después.
No había un patrón. A menos que el patrón no fuera ese.
José Luis volvió a mirar la fotografía de Mónica delante del hotel.
Algo le incomodaba. No sabía exactamente qué.
Quizá simplemente el hecho de mirar a alguien vivo sabiendo que años después no habría ninguna fotografía nueva.
Cogió el teléfono. Buscó información más reciente.
Una entrevista con la hermana. Leyó. No había antecedentes de depresión.
No había problemas económicos importantes.
No parecía haber preparado una huida. La familia descartaba que se hubiera marchado voluntariamente.