¡Niño pijo, me pones de los nervios! Capítulo 31
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Capítulo 31

Alonso

Saqué la ropa del vestidor que me iba a poner y la dejé encima de la cama. Me gustaba hacerlo siempre así antes de entrar en la ducha.

Entré en el baño y empecé a quitarme la ropa.

Mientras lo hacía, no pude evitar mirar la bolsa de basura que había en una esquina desde hacía una semana.

Dentro estaban todas las cosas que Valle había ido dejando bienintencionadamente o por olvido durante los dos meses en los que tantas noches había pasado conmigo allí.

Debería haberla tirado al contenedor hacía días, pero no sabía por qué algo dentro de mí cada vez que la había cogido para hacerlo me lo había impedido.

Apreté los dientes mientras entraba en la ducha. Solo con pensar en ella, el enfado que aún sentía dentro de mí subía de nivel.

¿Cómo podía haberme engañado así? Y lo peor de todo, cómo no me di cuenta antes de que todo, por su parte, no había sido real, sino que había fingido sentir algo por mí.

Me costó creerlo, mucho en realidad, porque habíamos pasado tan buenos momentos esos dos meses que no pensé que ese amor que creí que sentía por mí no era más que una actuación, muy buena, por cierto, por su parte, como decía mi hermana, para conseguir su objetivo.

Objetivo que no era otro que engañarme y estar a mi lado para acabar metiendo la cabeza en mi empresa y conseguir quitar a mi hermana su puesto, ese con el que se quedaría cuando mi madre se retirara del todo y no diseñara más.

Entré en la ducha y, mientras el agua me caía por la cabeza, cerré los ojos y a la cabeza me vinieron los recuerdos de días atrás, cuando gracias a Cayetana había terminado enterándome de la traición de Valle.

Porque sí, bajo mi punto de vista, había sido una traición a mi confianza, esa que deposité en ella, y también a mi corazón.

Porque, aunque no llegué a decírselo, y menos mal, porque si no, bien que se hubiera reído de mí, estaba enamorado locamente de ella.

Todo empezó cuando mi hermana volvió de su viaje. Ese día comimos toda la familia en el club y al salir de allí me acompañó a casa porque quería hablar conmigo.

Me contó que en el viaje varias de las personas que habían ido le habían dicho que en el club se rumoreaba que la camarera pelirroja era una trepa que solo quería enganchar a algún rico de la manera que fuera para que ella pudiera vivir a su costa y no tener que trabajar más.

Esa tarde le dije a Cayetana que eso no era posible, que Valle no era así, que yo no había sentido a su lado que ese fuera su objetivo, que tenía que estar equivocada y que, como bien sabíamos, a la gente le gustaba mucho inventar cosas y hablar de cosas que no saben.

Mi hermana estaba totalmente convencida de su versión y me dijo que me ayudaría a descubrir la verdad y a desenmascararla.

Esa noche no pegué ojo preguntándome si sería verdad y si yo era el pardillo que había elegido para cumplir su objetivo. Así que con la cabeza llena de dudas decidí distanciarme un poco de ella hasta que mi hermana descubriera para bien o para mal la verdad.

Y esa verdad llegó diez días después…

Cayetana se presentó en mi casa para decirme que, pidiendo algunos favores o cobrándose otros, cosa normal en nuestro mundo, había descubierto sus intenciones indagando en su vida.

Así supe como con dieciocho años iba a entrar a estudiar diseño de joyas en una escuela de Córdoba y que eso no llegó a hacerlo, el motivo no me lo dijo. Y, sinceramente, después de saber eso, tampoco me importaba.

Ese era lo que quería y ahí estaban las respuestas a todas mis dudas. Primero se había arrimado a Leandro y, al ver que con él no tenía nada que hacer, cambió de objetivo.

Y yo, como un gilipollas, se lo serví en bandeja.

Ese mismo día fui con mi hermana al club y me enfrenté a ella. Me pasé en todo lo que le dije, eso lo reconocía, no porque no fuera verdad, sino porque lo hice delante de la gente.

Eso fue poco elegante por mi parte, pero estaba tan enfadado y me sentía tan dolido y tan triste que no vi más allá.

No se defendió, o más bien, ni le dejé hablar. Solo se marchó con los ojos llenos de lágrimas y de dolor. Puro teatro, como dijo mi hermana cuando nos fuimos.

Había tardado en volver al club justamente una semana. No tenía ni idea de por qué faltó esos días, aunque tampoco me importaba.

Mentiroso, me chilló una voz en mi cabeza mientras me enroscaba la toalla para secarme.

Está bien, sí que me había preguntado dónde estaría o si le había pasado algo o si había dejado el trabajo por la vergüenza que pasó. Y es que… aunque seguía doliendo y estaba furioso, tampoco podía evitar seguir queriéndola, eso suponía que se me acabaría pasando.

Mientras me fui poniendo la ropa, pensé en lo que había pasado el día anterior y un nudo se me puso en el estómago.

Había ido con mi hermana a comer al club y al ver allí a Valle en la terraza del restaurante decidí comer dentro para no verla. Pensé que estaría mal o al menos que no se comportaría como siempre.

Me equivoqué, se paseaba entre las mesas como si nada hubiera pasado y eso me encendió muchísimo porque sonreía a la gente sobre todo a los hombres como me dijo mi hermana buscando una nueva víctima.

Quise comprobar su reacción a ver si había algo de verdad en lo que había fingido o no sentir por mí. Le pedí a una amiga de mi hermana que fingiera estar conmigo.

Vi dolor en sus ojos al verme con otra, pero como esa amiga y mi hermana dijeron solo era dolor por no haberse salido con la suya.

Lo que pasó después cuando vino a servirnos lo que habíamos pedido aún no lo comprendía del todo ya que no me fije en lo que hacía.

Solo sé que cuando levanté la mirada, Valle estaba de rodillas en el suelo con todo lo que llevaba en la bandeja tirado a su alrededor y sus manos llenas de sangre.

Fui incapaz de moverme, no me levanté a ayudarla y no dije nada tampoco, solo me quedé mirándola.

No lo hice porque no me importara si no por todo lo contrario. Verla allí en ese estado me paralizo. Estaba muy enfadado con ella, pero seguía queriéndola y nunca le desearía nada malo.

Fueron Dario y Susana los que vinieron corriendo y se la llevaron mientras ella seguía sangrando muchísimo.

Cogí el móvil y la cartera para marcharme a casa de mis padres a comer y, mientras lo hacía, la imagen de la mirada que Valle me dedicó mientras se la llevaban volvió a mi cabeza.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas y en ellos había dolor, mucho dolor, pero no era un dolor por los cortes que tenía en su mano sino un dolor profundo y también había decepción. Sentí como si fuera yo quien la hubiera decepcionado. Y eso me hacía sentir fatal.

Al entrar en la casa de mis padres, ya noté que algo no iba bien. Su recibimiento no fue el que me esperaba después de ocho días sin verlos.

Estaban serios y en su mirada había decepción, enfado y algo más que no supe descifrar.

No me dio tiempo a preguntar nada porque mi hermana entró en esos momentos y nos pidieron a los dos que nos sentáramos en el sofá y lo estábamos haciendo cuando el timbre volvió a sonar.

Era Leandro.

Mi primo me miró como si le debiera dinero, de la misma manera que llevaba haciéndolo desde que lo había dejado con Valle. No me había dicho nada al respecto, pero ni para bien ni para mal. Simplemente apenas me hablaba y me evitaba todo lo que podía.

—Cayetana, ¿qué has hecho? —preguntó mi madre.

—¿Yo? Nada.

—No mientas. Leandro nos ha contado todo lo que ha pasado con Valle.

—Mi hermana solo me ha ayudado a que abriera los ojos y a que supiera que Valle no me quería como yo pensaba; solo era parte de su plan. Me ha ayudado a saber la verdad.

Mi madre soltó una risa seca y me tiró una carpeta que tenía encima de la mesa.

—¿Quieres saber la verdad? Ahí tienes la única verdad.

Abrí la carpeta y me quedé maravillado con los diseños que había dentro. No solo eran buenos, sino que eran espectaculares.

—¿Cuándo has hecho esto?

—¿Yo? No, hijo, esos diseños no son míos. Son de Valle, son los que lleva haciendo años y los que después elabora con materiales de bisutería y los vende en una tienda de su barrio.

—Si sabes esto, también sabes la verdad, que solo ha estado conmigo para conseguir meterse en la empresa.

—Antes de juzgarla, deberías haberle preguntado por qué no estudió, porque no cumplió su sueño.

—Eso es lo de menos. Cayetana lo descubrió. Ella quería engañarme; quería quedarse con tu puesto, mamá.

—Valle no está trabajando en la empresa porque ella no quiere.

—¿Qué? —Pregunté confundido.

—No intentéis liarle y hacerle ver lo que no es. Esa camarera es una zorra que solo ha querido arrimarse a Alonso para salir de pobre.

—¡Eso no es cierto! —Dijo Leandro.

—¡Sí que lo es! Es una ambiciosa y una zorra aprovechada.

—¡Basta!

Ese grito de mi madre nos dejó a todos helados. En toda mi vida jamás la había oído levantar la voz ni estar tan enfadada como lo estaba en esos momentos.

—Me avergüenzo de tener una hija tan malvada como tú. Has arruinado la relación de tu hermano por simple disfrute y por venganza. Porque no soportas que Valle no se dejara amendrentar por ti como lo hacen el resto.

—Mamá, ¿qué dices?

—La verdad, Alonso, la verdad. Tu hermana solo te ha manipulado como hace siempre. Pero yo te la voy a contar.

Se me paró la respiración al ver cómo Cayetana bajaba la cabeza. Cómo mi padre negaba, disgustado, con la cabeza y cómo Leandro me miraba como si fuera idiota.

—Yo sí que sé por qué Valle no pudo estudiar. Tanía nos lo contó a Leandro y a mí cuando descubrimos el talento que tenía. Yo la ofrecí trabajar a mi lado y lo rechazó.

—¿Lo rechazó? —preguntó alucinado.

—Así es. Rechazo cumplir su sueño de diseñar joyas por amor.

—¿Por amor? No entiendo.

—Por el amor que siente por ti. Valle te ama Alonso.

Te ama tanto que renunció a su sueño para que no pensaras que solo estaba contigo para entrar en la empresa.

Ha preferido seguir sirviendo mesas antes de hacer algo en lo que no solo es buenísima, sino que tiene un talento incluso mejor que el mío.

El mundo se me cayó encima. Quise morirme allí mismo al darme cuenta de lo mucho que la había cagado.

De cómo había podido tratar así a la mujer que amaba y todo por dejarme manipular por mi hermana.

Había perdido a Valle por mi desconfianza y por mi orgullo.

No me la merecía ni a ella ni a su amor. Era un mierda.