¡Niño pijo, me pones de los nervios! Capítulo 25
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Capítulo 25

Me bajé del autobús y el calor que todavía era insoportable me golpeó con fuerza.

El centro de salud no estaba muy alejado de nuestra casa, más o menos a unos veinte minutos, pero me había levantado bastante mareada y no quise arriesgarme a ponerme peor si iba andando hasta allí por eso decidí coger el autobús.

Menos mal que pude disimular todo lo posible y que Tania, como andaba con prisas porque había quedado con una compañera de clase para ir juntas al instituto, se había ido bastante temprano y solo habíamos coincidido en la cocina, apenas diez minutos.

Entré en el centro de salud, ese que apenas había visitado unas pocas veces en mi vida, nada más que para las revisiones rutinarias una vez al año, y fui a sentarme directamente en las sillas fuera de la consulta de mi médica.

En los quince minutos que estuve allí sentada los nervios que llevaba agarrados en el estómago por la incertidumbre parecieron multiplicarse por mil.

Y lo peor de todo es que no debía tener muy buena cara porque varias señoras mayores de esas que parecían asiduas a los sitios así más por entretenimiento que por dolencias reales, no dejaron de observarme y evaluarme para después cuchichear entre ellas.

—¿Valle Romero?

—Sí.

—Pasa —dijo la doctora desde la puerta de su consulta.

Sujetó la puerta para dejarme pasar y ella entró después cerrando la puerta a su espalda.

Ocupó su sitio y con la mano me invitó a sentarme frente a ella.

—Bien Valle ¿Qué te trae por aquí? No eres de las que viene a verme mucho, espero que no me des ningún susto.

No sí el susto ya lo traía yo en cuerpo y sin saber realmente si mis sospechas eran ciertas quise contestarle, pero callé.

Cogí aire antes de hablar y sin pensarlo más porque si no, no sería capaz de hacerlo le conté de carrerilla todo lo que me llevaba pasando los últimos días.

—¿Has tenido el periodo este mes?

—Sí. Los primeros días de agosto, pero fue raro. Me duró apenas dos días y fue escaso.

—Eso es normal en un estado de gestación. A muchas embarazadas les pasa eso los primeros meses.

Gestación… embarazada…

Y ahí estaban esas palabras que habían pasado por mi cabeza cientos de veces en los últimos días. Pero oírlas en voz alta y de boca de una doctora, me cayeron encima como una gran losa.

—Veo que mis palabras no te han sorprendido, eso quiere decir que sospechabas lo que te podía estar pasando, aunque no te veo muy contenta con ello.

—Sí que lo sospechaba, aunque pensé que solo por una vez en la que no tuve cuidado era difícil acertar. Y no sé si es cierto si estaré contenta o muerta de miedo, esa es la verdad.

—Solo una vez es suficiente, ni te imaginas la cantidad de niños que corren por las calles que son el resultado de una sola vez, pasa más a menudo de lo que la gente se cree, aunque es cierto que es difícil pero no imposible.

Asentí sin ser capaz de decir nada.

—Antes de seguir hablando de supuesto vamos a salir de dudas y después ya seguimos ¿Vale?

—Vale —susurré.

Diez minutos después volvía a estar sentada en el mismo sitio esperando a que la doctora terminara de mirar la prueba que acababa de hacer después de que yo volviera del baño con un bote de orina que me había pedido que llenara lo que pudiera.

Dando más que hablar a las mujeres que seguían fuera cuando me vieron pasar al baño con el bote en la mano.

Seguro que había sido el foco de sus charlas para el resto de la mañana, pensé mientras esperaba que la doctora hablara ahí si ya muerta de miedo y con los nervios crispados.

—Es positivo Valle. Estás embarazada.

Cerré los ojos al saber que ya no era una sospecha si no una certeza.

Estaba embarazada… de Alonso.

Mi vida iba a cambiar de forma radical y la primera pregunta que se me pasó por la cabeza en esos momentos fue:

¿Estaría Alonso acompañándome en ese cambio o saldría corriendo?

Y le siguieron muchas más. ¿Cómo se lo tomaría? ¿Me querría o nos querría lo suficiente para quedarse a nuestro lado?

Abrí los ojos al oírme a la doctora hablarme.

Hablo de seguir adelante o elegir otras posibilidades, eso sí que ni me lo platearía, no me desharía nunca de un hijo porque hubiera llegado de improvisto o en no en muy momento.

—Lo voy a tener —le dije muy segura.

—Pues si eso lo tiene claro y es lo más importante entonces seguimos hablando de lo que vendrá a partir de ahora.

Siguió hablando de recomendaciones, de descanso, de dieta sana, de tranquilidad, de citas para análisis, para la ginecóloga, la matrona y con ella para ver como seguía.

Habló y habló y aunque me esforcé al cien por cien en retener todo lo que me dijo cuando salí de allí tenía la cabeza en tal estado de saturación que lo primero que hice fue encerrarme en el baño del mismo centro de salud y en soledad romper en llanto.

No llanto de pena, tampoco de alegría, bueno de ese quizá sí que hubo un poco al saber que un pequeño crecía dentro de mí, si no que fue un llanto de descarga.

Un llanto en el que dejé salir todos los nervios que me habían acompañado los últimos días. Un llanto que me vino fenomenal para salir de allí más tranquila y con una decisión tomada.

Tendría ese hijo sí o sí. Un hijo que ya quería con todo mi corazón pensé mientras me llevaba las manos al vientre en modo protector mientras con el calorazo que hacía estaba otra vez esperando en la parada al autobús que me llevaría de vuelta a casa.

Si lo tenía junto a Alonso sería un sueño poder vivir eso junto al hombre que amaba, pero sí el por algún motivo no quería saber nada pues lo tendría yo sola y haría lo que hiciera falta para sacarle adelante así tuviera que trabajar las veinticuatro horas del día.

Horas después me bajé del autobús en la puerta del club.

Sí la primera vez que lo hice me sentí como un extraterrestre y fuera de lugar, esa no fue muy distinta.

Allí parecía estar todo igual que siempre.

Coches caros, gente vestida de punta en blanco. Mujeres con bolsos que costaban un ojo de la cara, joyas que relucían más que el sol en las horas centrales del día. Hombres que llevaban trajes a medida que parecían en sus cuerpos una segunda piel más que telas traídas de lejos por ser las mejores.

El olor también seguía siendo el mismo.

Ese que se detectaba a metros de distancia, el olor a mar, dinero, arrogancia, hipocresía y estatus que lo envolvía todo.

Todo seguía igual… la única que había cambiado era yo.

Nada más cruzar la puerta del restaurante que era donde empezaría mi turno ese día y luego pasaría a la piscina ya noté que el ambiente era tensó.

Se respiraba tensión por todos los metros del comedor. La gente hablaba más bajo de lo normal, como sí no estuvieran a gusto allí o como si quisieran pasar lo más desapercibidas posibles.

—¿Qué pasa? Esté aire es irrespirable. Parece como si todos estuvieran esperando muertos de miedo que un inspector de hacienda o un batallón de ellos entrara por la puerta y fueran a rebuscar en sus vidas hasta lo primero que comieron al salirles los dientes.

Susana soltó una risita al oír mi pregunta, pero fue una risita contenida porque noté que ella también estaba como alerta, como sí esperara lo mismo que los comensales que estaban sentados.

Que por lo que pude comprobar con un solo vistazo tragaban más saliva que la comida que tenían delante.

—El ambiente está tenso porque saben lo que pasará en cualquier momento. Hoy es uno de septiembre.

La miré sin entender, no estaba yo con la cabeza muy centrada en esos momentos, bastante tenía con lo mío como para saber que era lo pasaba por ser uno de septiembre.

—¿Y?

—¿Cómo qué y? No me digas que no sabes quien vuelve hoy, porque es de lo único que se habla en el club desde hace tres días.

Dos segundos eso fue lo que tardó mi cabeza en asimilar la situación.

—Cayetana…

—Exacto. Hoy vuelve la destructora y vendrá como cada año con la pila de maldad cargada.

Vi como resoplaba y apretaba los dientes antes de seguir hablando.

—Algunos están rezando para que ni los miré, a otros, los habituales les echaras de menos estos primeros días que serán los peores porque no vienen para evitarla.

—Pobre gente.

—Y los empleados estamos pensando hacer una reunión con el sindicato para pedir un plus por aguantarla o un bono para sesiones psicológicas para sobrellevarlo.

Me aguante la risa no porque lo que me estaba diciendo me pareciera gracioso, que lo que en realidad me parecía era lamentable, si no la manera exagerada en la que hablaba acompañada de gestos de lo más dramáticos.

Susana haría buena pareja con mi hermana representando un drama en el teatro, en ese sentido eran muy parecidas.

Exageradas hasta rozar lo ilógico y dramáticas hasta dormidas.

—Lo mismo hay suerte y hoy no viene.

Y se lo dije de verdad no por darle ánimos, ya que, aunque ella no lo sabía había hablado con Alonso por la mañana cuando como cada día que no dormía en su casa me llamaba para darme los buenos días y me había dicho que iría al club a comer con Leandro, pero a su hermana no la había mencionado.

—Podría decirte eso de «Dios te oiga». Pero sería hablar en vano, ya que esa no deja pasar la ocasión nada más volver de venir a soltar el veneno que se le ha acumulado dentro durante un mes. Los años pasados no lo ha hecho y este no será una excepción.

—Bueno, dicen que la esperanza es lo último que se pierde.

Susana se echó a reír sin ganas.

—Pues aquí esa está perdida. Lo mismo se fue a navegar en un yate la muy cabrona. Y tú ten cuidado Valle al ser nueva no te libraras.

Eso lo sabía yo sin tener que decírmelo ella. Estaba esperando el momento en el que Cayetana volviera como agua de mayo porque sabía que no traería nada bueno.