¡Niño pijo, me pones de los nervios! Capítulo 13
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Capítulo 13

Juntas entramos en el vestuario.

Mi hermana murmurando por lo bajo y entre dientes frases como: la que se va a liar. La madre que la parió, no había otro con el que reñir. De aquí salimos escaldadas y, si no, al tiempo.

Ella pensaba que no la estaba oyendo, pero era difícil no hacerlo ya que en esos momentos estábamos solas en el vestuario.

El resto del personal que entraba a las ocho de la tarde, como nosotras, aún no había llegado y no porque llegaran tarde, sino porque quizá nosotras habíamos llegado demasiado pronto.

El ir en autobús era lo que tenía, que tenías que coger el que más se ajustara a la hora.

Y el que nosotras habíamos cogido nos había dejado con veinte minutos de antelación a nuestra hora de entrada.

Pero es que no podíamos hacerlo de otra manera, ya que, si cogíamos el siguiente, o llegaríamos tarde o muy justas de tiempo.

Mientras Tania seguía con su retahíla de murmullos, sacó su uniforme de la taquilla y lo apoyó en el banco, y yo me acerqué a ver el cuadrante que todos los camareros teníamos puesto en la puerta de la taquilla donde Dani ponía la zona en la que cada uno estaría asignado en el turno entrante.

El restaurante las tres primeras horas y después de descansar durante quince minutos pasaría las otras tres horas a la zona de relax.

Eso era lo que me tocaría ese día, así que saqué el uniforme blanco, que era el primero que tendría que ponerme ese día; luego, ya en el descanso, me pondría el negro.

—¿Quieres dejar de murmurar? Pareces una abuela rezongona.

—Hostia, es que esto es muy fuerte, madre mía, la que se va a liar Valle.

—Que no se va a liar ninguna; quédate tranquila, solo es una pequeña pelea verbal que no va a trascender.

Negó con la cabeza y en su mirada vi preocupación.

—¿Qué pasa, Tania? En serio que no te preocupes. Alonso Sotomayor es un niño pijo que está acostumbrado a salirse con la suya; en cuanto sepa mi nombre, esta chorrada quedará olvidada.

—No es él quien me preocupa. Puede que sea un chulo prepotente y un poco gilipollas, pero nunca he oído que sea dañino ni mala persona; en cambio, su hermana… esa es el mismo demonio. Es una zorra dañina y despiadada.

—¿Y eso qué? Yo ni la conozco.

—Pero la vas a conocer y, si te oye hablar con su hermano y contestarle como tú lo haces o negándole algo que te pregunte ella sí que te pondrá en su punto de mira y te hará la vida imposible.

—Lo que yo tenga con su hermano, no es asunto suyo. Creo que Alonso se basta y se sobra para guerrear conmigo sin necesidad que su hermana intervenga.

—Y claro que se sobra y se basta, pero ella jode a la gente por diversión.

Vamos que era una pija insufrible con una vida vacía y aburrida que hacía meterse con la gente para sentirse alguien su forma de vida para sentirse realizada.

—Pues conmigo lo lleva claro, con ignorarla suficiente.

—Pero es que como la tome contigo no podrás ignorarla, te buscará, te dirá cosas dañinas si te conviertes en su objetivo estarás perdida querrá destruirte.

La miré con una ceja alzada pensando que era una exagerada, porque algunas veces lo era, pero no sabía yo mientras hablábamos de que no estaba exagerando ni un poquito y no tardaría mucho en comprobarlo ya que no sería Alonso Sotomayor quien se convertiría en mi mayor pesadilla si no la desgraciada de su queridísima hermana.

—Sabes que lo que me diga la gente me da igual.

Mentí, en eso mentí y las dos lo sabíamos. Había ciertos temas o más bien uno en concreto, mi aspecto, por lo insegura que era que si me atacaban mucho con él no me lo tomaba muy bien.

O mejor dicho no es que no me lo tomara muy bien es que me hacían sentirme peor de lo que ya me sentía al no estar muy a gusto con mi aspecto.

—Las dos sabemos que eso no es cierto Valle si se mete con tu aspecto por mínimo que sea te molestará, pero si sube de nivel te hará daño.

Llevaba mucho tiempo trabajando en ello y tanto mi hermana como Dani habían insistido hasta la saciedad en hacerme ver que no todo el mundo tiene que tener un cuerpo perfecto para gustar a los demás.

Ellos me veían bien, guapa incluso, pero yo no me sentía así. Las muchas cosas que me habían dicho a lo largo de mi vida sobre todo metiéndose con mi pecho y mi pelo habían dejado una huella en mí que era muy difícil de superar.

—Y encima si ve que eso es tu debilidad lo hará más adrede para hacerte más daño y Alonso puede que se suba al carro si de otra manera no puede amedrentarte.

No sabría explicar lo que me pasó oyendo a mi hermana decirme todas esas cosas. Pero no fue lo que dijo si no la mirada preocupada e incluso aguada que tenía al hablar por lo muy preocupada que estaba por mí.

Y no quería verla así. No podía consentir que mi hermana lo pasara mal o incluso sufriera pensando que iban a hacerme daño.

Eso lejos de hundirme me hizo en pocos segundos tener dentro de mí una fortaleza y una determinación para parar los pies a los hermanos Sotomayor si llegaba el momento que mi hermana estaba pensando que llegaría, hasta entonces desconocida para mí.

Porque que me quisieran hacer daño a mí, podía soportarlo o incluso vivir con ello, pero saber que harían daño a mi hermana a través de mí, metiéndose conmigo, eso sí que no.

Pero un no rotundo.

—Eso no va a pasar, no me harán daño. No hace daño quien quiere, sino quien puede o le dejan y yo no les dejaré hacerlo.

Lo dije con tanta firmeza y seguridad que Tania me miró sorprendida y no era para menos porque hasta yo lo estaba conmigo misma. Nunca me había sentido más segura de mí misma, como en ese momento.

Que estaba gorda sí, que mi pelo era como una zanahoria también, que no era guapa, pues había que ser sincera, no, no lo era.

¿Y qué?

Me había tocado ser así y tenía que aceptarlo, que después de tantos años ya era hora, que dejara las lamentaciones aparte.

Era como era y no iba a cambiar.

Que podía hacerlo, claro que podía. Podía teñirme el pelo y podía ponerme a hacer una dieta de esas con la que pasas más hambre que el lagarto de Jaén y lloras en el proceso más que una plañidera.

Pero nunca me había planteado hacer una cosa así ni me lo platearía. Para bien o para mal yo era así, me había tocado ser así y si lo cambiaba ya no sería yo.

Sería una Valle con capas camufladas que se escondería detrás de un tinte y de hojas de lechuga.

Y demasiado había perdido ya en la vida como para perder también mi esencia, aunque esa para muchos no fuera perfecta. Había perdido a mi padre, a mi madre, mi sueño, pero por nada ni por nadie me perdería a mí misma.

—¿Qué te está pasando Valle? No pareces tú. Bueno sí que eres tú, pero ya no pareces ser esa mujer insegura que eras siempre.

—Que estoy harta Tania. Estoy harta de que mi aspecto controle mi vida. Que el como soy físicamente me condicione y me haga sentir mal, pensando todo el tiempo que pensará la gente, que dirán o que cuchichean a mi paso.

—Es que solo tú te ves mal. Sé que no me crees, pero yo te veo preciosa, y no, no es amor de hermana si es lo que estás pensando.

—Tania…

—No, escúchame. Tienes un pelo que dices que es horrible, pues yo lo veo único y especial. Dices que te sobran kilos, yo veo que tienes curvas más marcadas donde tienes que tenerlas. Y tus tetas…

—¿Qué tienes que decir de mis tetas? —le pregunté bromeando.

—Joder que muchas mujeres que están planas como una tabla se morirían de envidia al verlas. Son grandes sí, pero las tienes bien tiesas. A los hombres les gusta tocar carne no huesos y con tus tetas disfrutarían de lo lindo haciendo ciertas cosas, tocándolas bien estrujándotelas y…

Me eché a reír.

—Vale, ya puedes parar de alabar mis tetas; he pillado la idea.

—En serio, Valle, eres preciosa por fuera, pero lo eres mucho más por dentro, así que no dejes que esos cabrones de dañen.

—No le dejaré, prometido.

—A la Cayetana de los cojones dale con tu mejor arma, esa lengua afilada que tienes y al príncipe…

—¿Al príncipe qué?

—Al príncipe si se pone tonto o te pone de los nervios, le enseñas las tetas y le dejas con la boca abierta así no podrá decir nada más.

La carcajada que solté rebotó en todo el vestuario. Mi hermana tenía cada cosa que era para morirse con ella de verdad os lo digo. Tenía cada ocurrencia que era para echarle de comer aparte.

Pero lo peor de todo es que no lo había dicho como una broma si no totalmente en serio.

—Estás loca si piensas que eso sería posible en esta vida.

—Nunca digas nunca Valle. He visto algo ahí fuera entre vosotros y no solo era una guerra abierta. Había tensión y en su mirada había algo que no he sabido definir, pero no era malo.

—No te montes películas Tania. Si estás pensando que pueda tener algo con el principito descártalo porque eso no va a pasar. Ni siquiera un polvo. No se fijaría en mí en ese sentido ni siendo ciego.

—Bueno… yo no estaría tan segura, así que, no lo estés tú tampoco que lo mismo te toca tragarte tus palabras.

Hasta se me saltaron las lágrimas del ataque de risa que me entro al oír tanta bobada junta.

—Anda vamos a currar. Tú sigue con tus platos que como guionista no sacarías ni para una bolsa de pipas —dije mientras salíamos.