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Subir cuatro años de un grupo de WhatsApp con la rueda del ratón es una cosa que no se acaba nunca.

Y a las nueve y media de la noche, con Quique cenando en la cocina sin hablarme y con la puerta de Marta cerrada con llave por segundo día, hago lo que llevo veinte años haciendo cuando un texto me supera.

Que no es leerlo. Leer un texto grande no sirve de nada, porque el ojo se cansa y a la tercera página empiezas a ver lo que esperas ver. Lo que se hace con un texto grande es desmontarlo.

Abro una hoja de cálculo en blanco.

Tres columnas. Fecha. Quién la propone. Quién lo usa.

Y me pongo a rellenarla desde el principio, con la ventana abierta porque hace calor y con el ruido de la avenida entrando.

Podría hacerlo a ojo. Podría subir, mirar por encima y quedarme con la impresión general, que es lo que hace todo el mundo y lo que hemos hecho las cinco durante veintidós meses. Pero la impresión general de un texto es la mentira que ese texto cuenta de sí mismo. Eso lo aprendí en el primer año.

El primer jueves es el veintinueve de agosto de 2024, y de ese no hay nada en el grupo, porque aquello se habló en una mesa. Lo dejo en blanco.

El segundo es septiembre.

Laura , 12/09/2024

Chicas, el último jueves cae el 26. ¿Os va bien?

Nuria , 12/09

👍

Pilar , 12/09

Perfecto.

Celia , 12/09

vale

Laura , 26/09

¿Quién lo usa este mes?

Celia , 26/09

yo

Octubre.

Laura , 09/10/2024

El 31 es Halloween y es jueves. ¿Lo dejamos igual o lo movemos?

Pilar , 09/10

Igual. A mí me da lo mismo.

Laura , 31/10

¿Quién lo usa este mes?

Noviembre.

Laura , 14/11/2024

El 28. ¿Os va?

Diciembre.

Laura , 05/12/2024

El 26 es fiesta de todo el mundo y no nos va a dejar nadie salir. ¿Nos vemos el 19?

Y así.

Enero de 2025, que hubo que moverlo. Febrero.

Marzo, que fue el de la boda y por eso hay un por favor .

Abril. Mayo. Junio. Julio. Agosto, que ese año no paramos y hubo una cena en una terraza de la Malvarrosa que fue la mejor de todas y que terminó a la una de la mañana porque nadie tenía adónde ir.

Septiembre. Octubre, que también se movió. Noviembre. Diciembre.

Y 2026 entero, enero, febrero, marzo, abril, hasta el veintiocho de mayo.

Voy copiando y pegando y rellenando casillas, y a la altura de la primavera del año pasado ya no leo los mensajes: los reconozco.

¿Os va bien el veinticuatro? Chicas, el último cae en puente.

¿Quién lo usa este mes? Son cuatro fórmulas que se repiten con dos o tres variaciones, y a partir de cierto punto mi cabeza deja de procesarlas como frases y empieza a tratarlas como lo que son en la hoja: un dato en una celda.

Esto es exactamente lo que me pasa con los contratos. A las cuarenta páginas dejas de leer español y empiezas a ver la estructura debajo. Y lo que hay debajo de un texto no lo eligió nadie a propósito, y por eso no miente.

Tardo dos horas y veinte minutos. A las doce menos veinte, Quique asoma la cabeza, ve que estoy trabajando y no dice nada, y me alegro de que crea que estoy trabajando.

Cuando termino, la hoja tiene veintiuna filas rellenas y una en blanco.

Y la miro.

En la segunda columna hay veintiuna casillas y en las veintiuna pone lo mismo.

Laura Espí. Veintiuna veces seguidas, una debajo de otra, en una columna abierta a medianoche en el comedor de mi casa.

Ni una vez Celia. Ni una vez Pilar. Ni una vez Nuria, que es la persona más disponible del mundo. Ni una vez yo.

No es que salga mucho. Es que sale siempre.

Y eso, la primera vez que lo ves, no significa nada.

Significa lo que significan estas cosas en cualquier grupo de cualquier país: que hay una que organiza y cuatro que dicen que sí.

Yo he estado en grupos de padres, en grupos de vecinos y en un grupo de una asociación de traductores, y en los tres había una Laura y en los tres yo era una de las cuatro.

Es trabajo. Es trabajo que no se ve y que no se agradece y que hacen las mujeres. Eso es lo que yo he pensado durante veintidós meses cada vez que aparecía el mensaje del ¿os va bien? , si es que llegué a pensar algo alguna vez.

Y luego está la tercera columna.

Celia, siete veces. Nuria, seis. Yo, cinco. Pilar, tres.

Ahí no hay nada raro tampoco. Celia sube más porque es suyo, yo he subido menos de lo que creía y Pilar casi nunca, que ya lo dijo el otro día en casa de Laura.

Veintiuna casillas y en ninguna de las veintiuna pone Laura.

Me quedo mirando eso mucho rato.

Y hago lo que hago siempre cuando un dato me molesta, que es buscar el contraejemplo. Me pongo a buscar la vez. Una. Una noche en veintidós meses en la que esa mujer dijera este mes lo cojo yo , o me lo quedo , o si nadie lo usa, subo yo , aunque luego no fuera.

Le doy al buscador del grupo. Busco yo . Salen ochocientas cosas. Busco subo . Busco me lo quedo . Busco lo cojo .

Nada. Ni una.

Ni una vez. En veintidós meses, la mujer que fija la fecha, la que pregunta quién lo usa, la que se acuerda de todo, la que lleva la cuenta de las llaves, no ha cogido ese piso ni una sola noche.

Y hay una explicación, y es buena, y es la que ella misma dio el lunes por la noche en su comedor sin que nadie se la pidiera: yo tengo casa .

Es verdad. Laura tiene casa. Tiene un piso grande en Ruzafa, tiene un marido que viajaba y una hija que a partir de cierta edad ya no está, y no necesita cuatro pisos sin ascensor para estar sola.

Todas las noches de estos veintidós meses, mientras cuatro mujeres nos repartíamos un cuarto sin ascensor en Benimaclet para poder desaparecer un rato, la única que no necesitaba desaparecer era la que había montado el calendario.

Y a lo mejor eso es exactamente lo que parece. A lo mejor es una mujer generosa que organiza una cosa para sus amigas y que no la usa porque no le hace falta, y esa es la lectura buena, y yo la tengo delante y la puedo coger.

Y luego me acuerdo de una cosa que dijo esta tarde una mujer en un despacho de Cirilo Amorós cerrando un cuaderno, y me acuerdo entera y con la entonación, y aun así no la coloco donde hay que colocarla. La dejo pasar como llevo pasando cosas seis días.

Cierro la hoja de cálculo y no la guardo. La vuelvo a abrir. La guardo con un nombre que no dice nada, conservera-anexo , dentro de la carpeta de un cliente.

Y luego, en vez de irme a la cama, hago una última cosa.

Subo del todo.

Hasta arriba, más allá del primer mensaje, más allá de la primera foto, más allá de aquella conversación de septiembre de 2024 en la que Pilar preguntó si esto lo íbamos a hacer todos los meses y Celia contestó pues claro .

Hasta esa línea gris de las que nadie lee nunca porque están ahí desde siempre y forman parte del mueble, como el rodapié.

Laura Espí creó el grupo · 30/8/2024