Capítulo veintinueve
PIPER
Las cajas abarrotan la entrada. Las maletas se apilan junto a la puerta.
Cada pequeño sonido retumba con fuerza. El rasgar de la cinta adhesiva, el tintineo de los platos, Chiara tarareando mientras mete su dragón de peluche en la mochila.
La llevamos a la escuela para su último día aquí en Chicago.
Después, las chicas y yo iremos a comprar comestibles. Luego toca cargar el coche.
Sophie y Scarlett están en el salón, hombro con hombro, fingiendo organizar juguetes para un viaje por carretera que probablemente no va a suceder. No se tragan mi «es solo temporal» ni por un segundo.
—Estás más callada hoy —dice Sophie.
—Tuve otra cita esta mañana —admito.
Su expresión se suaviza. —Bien. Sigue así. Cargas con mucho.
Asiento. La terapia no lo resuelve todo. Pero he descubierto que me enseña a respirar cuando vienen las olas en lugar de ahogarme en ellas.
Scarlett cruza los brazos; sus pulseras doradas captan la luz. —¿Entonces eso es todo? ¿De verdad te vas?
Mantengo un tono neutro mientras doblo una manta. —El centro de aprendizaje de Sarasota me ha hecho una oferta. Jornada completa, prestaciones, ayuda para el alojamiento. Es estable. Eso es lo que necesito.
Sophie intercambia una mirada con Scarlett que sugiere que estable no significa feliz.
Scarlett se apoya en el sofá. —¿Estás segura de que no estás huyendo en lugar de correr hacia algo?
Lo dice con delicadeza, pero aun así duele. —A veces huir es sobrevivir. —Dejo la manta y la aliso como si le debiera una disculpa.
Veo la sombra de Chase en el pasillo. No ha dicho una palabra desde anoche. Ni peleas, ni preguntas. Su silencio duele más que cualquier cosa que pudiera decirme.
Chiara se acerca dando saltitos a Sophie con un dibujo en la mano. —Este es Lukey, Christopher, y mamá y yo. Y Chase también está.
Sophie se agacha. —Oh, cariño, qué bonito.
—Es hora de ir al cole, Key. Ponte el abrigo, por favor. —Key corre al armario.
Sophie alza la vista hacia mí mientras sostiene el dibujo. —¿Estás segura de que quieres romper este pequeño equipo?
Se me encoge el pecho. Fuerzo una sonrisa. —A veces los equipos cambian, Soph.
Me observa un momento y luego niega con la cabeza. —Y a veces luchan por la victoria.
Scarlett le da un codazo. —Tiene razón. ¿Crees que Trey y yo no la fastidiamos unas cuantas veces antes de hacerlo bien? Tienes miedo, Piper. Eso es todo.
—Tengo que pensar en mis hijos. —Se me quiebra la voz en la última palabra.
—Estás pensando en ellos —dice Scarlett con suavidad—. Pero te estás olvidando de ti misma.
Una puerta se cierra de golpe en el piso de arriba. Le siguen pasos pesados. El aire se tensa justo antes de que aparezca Chase. Tiene mala cara, los ojos desorbitados, la barba descuidada, la camisa a medio abrochar, como si se hubiera vestido en plena discusión.
—¿En qué estás pensando, Pipes? —Su voz suena ronca—. ¿De verdad te vas?
Scarlett y Sophie intercambian una mirada y sacan a Chiara y Christopher fuera, murmurando algo sobre dar de comer al perro. La puerta se cierra con un chasquido y la casa se queda vacía.
Me giro para enfrentarlo con el corazón en un puño. —Es lo mejor, Chase. Tú mismo lo dijiste. Tu cuerpo está fallando, tu carrera se acaba. No quieres este caos encima.
Cruza la habitación despacio, con paso firme. —¿Crees que eres caos?
Levanto la barbilla. —Me considero una complicación que no pediste.
—¿Complicación, eh? —Se detiene justo frente a mí y baja la voz hasta un susurro ronco—. ¿También estás llamando complicación a Luke?
La pregunta me hiere. Se me llenan los ojos de lágrimas. —No tergiverses mis palabras.
—No estoy tergiversando nada —dice—. Solo intento entender por qué la mujer que me salvó la vida sigue actuando como si no formara parte de ella.
El pulso se me dispara. Quiero seguir enfadada, pero su mirada, tan clara y tan rota a la vez, me desarma.
—No la rechazaste, Chase —susurro—. Cuando volvió Shelly. Ni siquiera dijiste que no.
Exhala y se acerca, invadiendo mi espacio; noto el calor que irradia de él. —¿Crees que la quiero? Dios, Piper. Aquello se acabó a la mañana siguiente de que se me pasara la borrachera —dice Chase al fin, con la voz quebrada.
—Quizá echas de menos esa vida de rollos de una noche y la nevera vacía.
Te dejo para que descubras si eso es lo que quieres otra vez.
Los dos necesitamos espacio para pensar.
Nunca tuvimos tiempo de cortejarnos en esta relación.
Me preocupa que las circunstancias nos empujaran a esto en lugar de elegirlo nosotros.
Chase se pasa la mano por la barba con frustración. —Respeto tu decisión si crees que es lo que necesitas ahora... pero te equivocas. No necesito espacio. Lo único que quiero es que volvamos a estar juntos.
Retrocedo hacia la puerta mientras me pongo el abrigo. —Key va a llegar tarde. Volveremos después de hacer la compra. Luke viene conmigo porque todavía no puedo separarme de él.
No responde, solo se queda ahí, derrotado. Agacha la cabeza.
Sigo ensayando las palabras que apenas me atrevo a pronunciar:
Tenemos que ir más despacio.
Necesitamos espacio.
Estoy pidiendo ayuda, no presión.
Todas me saben a culpa.