Niégame cuanto quieras Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

Ketil dio un paso atrás impresionado. —Mi jarl, ¿qué dices? Los tuyos te necesitan, ahora no tienen nada. ¿Vas a abandonar a las familias que te vieron crecer?

Vio cómo se debatía entre el honor y ella. Al ver que no decía nada dio un paso atrás intentando soltar su abrazo.

—¡Me quedaré!

Negó con la cabeza. —Acabo de darme cuenta de que no puedo pedirte eso. No es justo.

—Te prometo que te tratarán mucho mejor.

—Por el oro, ¿no es cierto? No, no voy a volver. Podrías volver a visitarme.

—No, no —dijo desesperado—. Te necesito conmigo, preciosa. —La abrazó con fuerza. —¿No me has echado de menos? Porque yo a ti cada día. Estos meses sin saber de ti han sido una tortura, por favor perdóname.

Jamás se hubiera imaginado que su marido hablaría tan abiertamente de lo que sentía por ella y emocionada susurró —Te he perdonado, cielo, pero ellos no.

Hrafn se apartó para mirar sus ojos. —¿Ellos?

De repente de las aguas emergieron el mismísimo Njord y su hija Freya, sus caras decían que no sería una conversación agradable. —Suéltala —dijo la diosa.

—La amo, ni tú la apartarás de mí.

—Tienes agallas, guerrero —dijo Njord—. Pero no la mereces.

—¡Ella me quiere!

—Tenía tantas esperanzas puestas en ti… No puedes haberme decepcionado más. —Freya le miró con rencor. —¡Puede que ella te ame, pero yo le conseguiré algo mucho mejor!

Brynhild parpadeó sin entender. —¿Tenías esperanzas puestas en él?

Freya la miró sin entender. —¿Qué?

—¿Eso es lo que has dicho? Y en un tono… ¿Por qué lo has dicho?

—Bueno, cuando conocí a tu marido… Pensé que sería un buen esposo.

—No, no lo has dicho así, ¡lo has dicho como si hubieras esperado mucho de él para algo que no entiendo!

Njord miró a su hija. —¿Qué has hecho? —preguntó como si fuera un desastre.

—¿Yo? Nada…

—¡No me mientas, abuela!

—Te he dicho mil veces que no me llames así, me hace parecer vieja.

—¡Es que eres vieja! ¡Tienes más de mil años!

—Uy, lo que me ha dicho.

Njord reprimió la risa. —Hija, sabemos lo que esperabas de nuestra niña, ¿pero qué esperabas de su marido?

—Soy la diosa del amor y eso buscaba darles, eso es todo. Además, ella sabía que yo tenía algo que ver en su unión.

Hrafn dijo asombrado —¿Me habéis hechizado?

—No digas tonterías. Sabías que nos habían unido a propósito.

—Sí, pero pensé que los dioses nos habían unido con el propósito del collar ¡y lo que siento por ti no es normal!

Se sonrojó de gusto por las palabras de su marido. —Yo siento lo mismo, mi amor. Pero no desvíes el tema, por la cara de mi abuela es evidente que hay mucho más detrás cuando ha dicho que esperaba mucho de ti.

—Niña no sé de qué te quejas, es tan apuesto… —Sonrió a Hrafn. —Tan fuerte y viril.

Jadeó indignada. —¿Estás enamorada de mi marido?

Se sonrojó con fuerza. —¡No! ¿Cómo iba yo a amar…? ¿Estás loca, niña?

—Hija, no tienes remedio. —Njord puso los ojos en blanco. —Si la ama con locura. —Separó los labios de la impresión. —Querías hacerle tu amante después de que se separaran, ¿no es cierto? Por eso le dijiste a Brynhild que su marido le daría la espalda. ¡Hija!

Se puso como un tomate mientras Brynhild jadeaba de la indignación.

—Bueno, debo reconocer que llegó un momento en que pensé que mataba dos pájaros de un tiro.

¡Hace mucho que no tengo un buen amante!

—dijo molesta—. Pero todo empezó por otra razón, ni siquiera había pensado en el collar todavía, la razón de que se conocieran fue otra muy distinta.

—Estoy deseando oírla, abuela —dijo con mala leche.

—Uy… lo haces a propósito para sacarme de mis casillas.

Brynhild sonrió descarada.

—¿Ves, padre? Me provoca.

—Hija, estamos esperando.

—¡Ella me lo pidió! ¡Me lo rogó! No podía negarme viendo como la trataban los suyos, creían que era su criada, padre. Mi descendiente una criada, tendría que haber arrasado con todo y…

—¿Qué has dicho? —preguntó Hrafn con los ojos entrecerrados—. Tú no tendrás nada que ver con que arrasaran mi pueblo, ¿no es cierto?

—Bueno…

Brynhild jadeó. —¡Abuela!

—¡Teníais que unir vuestros lazos para emprender la travesía!

Además, esa desgracia hubiera pasado el año que viene y hubieran muerto muchos, yo les avisé y evité sus muertes, así que jarl ya puedes hacer unos cuantos sacrificios para darme las gracias.

—Se miró las uñas levantando una ceja. —Humanos, qué desagradecidos.

—Sí, hija, no valoran tu gran trabajo.

—Lo sé, es el peso que tengo que llevar sobre mis hermosos hombros.

Brynhild soltó una risita porque su abuela era imposible. —¿Cuándo te lo pedí?

Freya la miró a los ojos. —¿No lo recuerdas?

—No.

—En tu sueño. Le amaste en cuanto oíste hablar de él y tu deseo era tan fuerte que ese llamamiento llegó a mí. Y te aseguro que debes desear mucho algo para que esa petición llegue a mí.

Se sonrojó con fuerza y su marido sonrió. —¿De veras, preciosa?

—Cállate —dijo entre dientes.

—Aprobé tu elección y os di el visto bueno. Luego me encapriché de él, es que es tan guapo y gallardo… Y si recuperaba el collar mejor. —Miró a su padre levantando una ceja. —Por favor, padre, si me lo devuelves…

—Ni hablar.

Freya soltó una risita —Al final claudicarás.

—Espera sentada, me alegra tener a mi hija de vuelta y no renunciaría a ella por nada.

Freya sonrió antes de mirarles. —¿Qué hacemos con él, padre? ¿Le matamos?

—¡No! —gritó Brynhild poniéndose ante él.

—Después de conocerte hasta llegar a apreciarte, no considero que esté a tu altura. Mi descendiente merece lo mejor. Hay un príncipe al sur… No cree en mí, porque venera a ese dios de los cristianos, ¿pero qué importa? Con que crea en ti.

—Ya estoy casada, gracias.

—¿Te quedas con él? —preguntó incrédula—. Te aseguro que hay muchos hombres por ahí que besarán por donde pisas, a mí me pasa mucho.

Ketil dejó caer la mandíbula del asombro.

—Eso no lo dudo, abuela, eres la más hermosa.

—Gracias querida, pero deja de llamarme abuela —dijo entre dientes haciéndola reír por lo bajo—. Me provoca, padre, ¿qué hago con ella?

Njord sonrió. —Adorarla porque se lo merece todo.

Ambos sonrieron robándole el aliento y sus preciosos ojos se llenaron de lágrimas de la emoción. —¿De veras pensáis eso?

—Claro que sí, niña. El tiempo que hemos pasado juntos ha merecido la pena totalmente y nos has hecho muy felices.

Eres maravillosa. —Miró a Hrafn y su abuelo gruñó.

—Respecto a ti, como no trates a mi nieta como se merece, no habrá tierra ni mar donde esconderte.

—Hrafn asintió muy serio. —Y sobre esas gentes tuyas…

—Miró a su hija. —Mi niña, tú puedes arreglarlo.

A Brynhild se le cortó el aliento. —¿Cómo? —Dio un paso hacia ella. —Por favor, por favor haz lo que sea.

—Está bien —dijo como si fuera muy pesada.

De repente sonrió—. No te quitaré tu condición porque puede ser muy necesaria en el futuro, no voy a estar mirándoos siempre y hay mucha maldad en este mundo, pero lo que sí haré es que todos los que os rodean olviden lo que te ocurre cuando te metes en el agua.

—Les advirtió. —No lo haré más, así que depende de vosotros guardar el secreto en el futuro.

—La miró a los ojos y sonrió. —Te tratarán como a una humana, pero demuéstrales que tu carácter es el de una diosa, que es como deben tratarte todos.

—Gracias, gracias.

Hrafn la abrazó con fuerza y su cabello se secó completamente como todo su cuerpo volviendo a la normalidad. Njord sonrió. —Espero verte pronto, mi niña.

—Te visitaré a menudo, te llevaré al bebé.

—Estoy deseando conocerla. —Miró a Hrafn. —Jarl… Yo no advierto dos veces.

—Gracias por la oportunidad.

Emocionada miró a Freya y la diosa susurró en su mente —Ahora veo que serás muy feliz. Nos veremos de vez en cuando.

—Te echaré de menos.

Freya emocionada sonrió antes de sumergirse en las aguas de la mano de su padre. Hrafn cerró los ojos abrazándola a él. —Creí que no lo conseguiría, que no me perdonarías.

—Jarl, de verdad, cuando se discute con tu mujer esta no puede irse a casa de su padre abandonándote ante todos, te hace quedar muy mal ante tus hombres.

—Ketil cállate —dijeron los dos a la vez.

Inga les miró sorprendida. —Pero bueno, padre se va a enfadar, ¿habéis esperado a que se fuera a bañar para abordarla?

—Necesitaba verla —dijo mirándola a los ojos y acariciando sus mejillas—. Lo necesitaba, mi amor.

Las lágrimas corrieron por su hermosa piel hasta mojar sus pulgares. —Siento haberme ido, tenía que haber hablado contigo, pero parecías tan distante… Creí que nunca me habías amado.

—Fue verte y saber que mi corazón ya no me pertenecía, mi amor. Ya no importaba nada más.

—Muy bonito, jarl —dijo Ketil—. Me guardaré lo que acabo de oír para mí, porque como se enteren tus hombres pensarán que aprecias más a tu mujer que tu puesto y no pienso consentirlo.

Divertida le miró. —¿Acaso no te importa más Kara que tu jarl?

Miró a uno y luego a otro con cara de susto. —¿Esa es una pregunta con trampa?

Se echaron a reír y Hrafn le palmeó el hombro. —No te haré elegir, amigo.

Suspiró del alivio. —Menos mal.

Caminaron hacia la aldea y ellos se rezagaron lo suficiente como para que no les oyeran. —Si alguien nos pregunta, ¿de qué fue la discusión? —preguntó divertido.

—Miraste a otra mujer.

—Yo no miraría a otra.

—Yo no te dejaría. Recuerda que tengo muy buena puntería.

Se echó a reír cogiéndola por la cintura y pegándola a él. —¿Me amas, mujer?

—Tanto que no vivo sin ti.

—Discutiremos.

—Por supuesto.

—Y no me enfadaré.

Rio. —Sí que te enfadarás.

Emocionado por sus palabras dijo —Recuerdas cuando te dije niégame cuanto quieras, pero ya eres mía y nada ni nadie sería ya suficiente para ti. Ya nadie sería suficiente para mí, preciosa.

—Esa no fue la frase que dijiste… —Separó los labios de la impresión. —Eso lo dijiste en mi sueño, ¿cómo lo sabes…? —Su sonrisa le provocó un vuelco al corazón. —Tú también lo soñaste. Sabías lo que te ibas a encontrar.

—En realidad no todo, Bjorn no moría en mi premonición, ni siquiera le vi.

En mi sueño no dejabas de discutir conmigo, de ponerme las cosas difíciles, eso me hizo decidirme a aceptar la invitación.

Me gritaste furiosa que habíais movido las camas y no pude resistirme a conocerte.

En mi sueño esa frase te la dije justo antes de hacerte el amor apasionadamente.

—¿De veras?

—¿Por qué crees que acepté la invitación? ¿Por las ovejas? Puede que ahora no tenga muchas, pero entonces mi rebaño doblaba el de tu padre.

—Y aún después de saber cómo era mi carácter viniste.

—¿Por saber si era real lo que sentía a tu lado? Recorrería medio mundo, tenía que saber si ese sueño podía cumplirse.

Le abrazó con fuerza. —Te amo.

—Y yo a ti, preciosa. Mi amor por ti es tan enorme como los mares y siempre será así.