Niégame cuanto quieras Epílogo
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Epílogo

El barco de su marido atracó al lado del que le había ganado hacía dos otoños.

Los suyos gritaron de la alegría al verla con la niña en brazos y la saludaron emocionados por su regreso.

Bjorn mucho más alto, corrió por la pasarela para acercarse a ella y la abrazó por la cintura.

Se agachó a su lado. —Mi niño, ¿cómo va ese entrenamiento con la espada?

—Soy todo un guerrero, padre no deja de decirlo.

—Estoy segura de que nos harás sentir orgullosos.

—Esperas otro hijo.

—Nuestra curandera dice que son dos.

La miró impresionado. —¿De veras? Has sido bendecida por los dioses, hermana.

—No lo sabes bien.

Su marido se acercó con su hijo pequeño en brazos. —Pero bueno… Bjorn, en nada de tiempo hasta podrás medirte conmigo con la espada.

—Ya puedo. —Levantó la barbilla haciéndoles reír. —Y seré tan grande como tú, jarl.

Su padre rio acercándose con los brazos abiertos. —Ya estáis aquí, este año habéis venido primero.

—Tu hija quiere quedarse aquí mientras me voy de incursión.

La abrazó. —Perfecto, así podrá enseñarle a Thora algún plato que me agrade, últimamente no me sienta bien su comida.

Brynhild advertida por su abuela intentó disimular su dolor, su padre no se quedaría ya mucho con ellos y pensaba aprovechar todo el tiempo que pudiera. —Te haré todo lo que quieras, padre.

Esben sonrió y ella vio en sus ojos que sabía la verdad. —Lo sé, hija.

Caminaron hacia la pasarela e Inga se unió a ellos llevando a su segundo hijo en brazos. —Me llenáis de nietos y no hay mayor felicidad.

Saludaron a su tío que les respondió de manera fría y fueron hacia la casa. —¿Sigue enfadado?

—Enterarse de que a su hijo le mataron en Heirst para robarle el oro que le dio tu marido le ha amargado el carácter, niña. No se lo tomes en cuenta.

Esben llegó en ese momento a galope y se bajó del caballo para abrazarlas. —Estáis en casa.

—Teníamos que venir —susurró a su oído antes de apartarse. Estaba enorme. Vio de reojo como los demás se alejaban y como su padre no escuchaba preguntó —¿Preparado para tu destino?

—Sí —dijo con tristeza.

—Estará bien. Estará al lado de madre y tú debes ser fuerte para la importante misión que tienes por delante. En estos dos años has demostrado que serás un gran jarl y sabes que siempre tendrás a mi esposo para pedirle consejo si lo necesitas.

—No os defraudaré, sé que en el pasado…

—Eso es pasado y lo importante es el futuro. Y sé que tendrás un brillante futuro por delante.

Esben sonrió. —Te he echado de menos.

Emocionada le besó en la mejilla. —Pues estoy aquí, como siempre estaré cuando me necesites.

La cogió por los hombros y fueron hacia la casa donde ya estaban celebrando su llegada.

Cuando entró en el salón sonrió a los demás, estaba en casa.

Puede que en la nueva casa de su esposo ahora estuviera muy a gusto porque todos se desvivían porque así fuera, pero esa era la casa donde había nacido, allí tenía los recuerdos de su madre y de Arna que les había dejado el invierno pasado. Sí, allí se sentía especial.

Uno de los más jóvenes le tocó el trasero a Thora haciendo que abriera los ojos como platos y ella gritó —¡Eh, vuelve a tocar lo que no es tuyo y te cortaré la mano de cuajo!

Todos rieron levantando sus armas y supo que el chico lo había hecho a propósito para provocarla. Se sonrojó haciendo reír a su marido que cogió a su hija dejándola en el suelo para que corriera a trompicones tras otros niños. La cogió por la cintura. —¿Contenta?

—Solo algo me preocupa.

—No podemos depender siempre de tu oro, muchos quieren sus propias riquezas y debo llevarlos al sur. Ya lo hemos hablado.

—Júrame que volverás o recorreré los mares en tu busca.

—Nada me impediría volver. —Acarició su vientre. —Retenlos hasta que llegue.

—No te prometo nada —dijo haciéndole reír—. Si son como yo estarán deseando ver a su padre y puede que salgan. Si no estás se llevarán una decepción.

Él acarició su mejilla. —Intentaré volver antes de que tu padre…

—Lo sé. —Emocionada le abrazó. —Te amo.

Acarició su espalda. —Tanto como yo a ti, preciosa.

FIN