Niégame cuanto quieras Capítulo 14
85%

Capítulo 14

Se sumergió y al llegar abajo miró a su alrededor deseando que llegara alguien.

Esperó horas sentada sobre una roca, pero no llegó nadie para hablar con ella.

Iba a subir para no preocupar a los suyos cuando vio una luz ante ella.

Esta se acercó casi cegándola y de repente la luz giró mostrando su reflejo antes de que el rostro de Freya apareciera ante ella.

Separó los labios de la impresión. —Lo sabes.

—Sueñas muy fuerte —dijo divertida.

—No sabía qué hacer.

—Siento tu arrepentimiento, no hace falta que sigas torturándote.

Jadeó. —¿De veras?

Rio por lo bajo. —No se puede negar que tienes ingenio.

—Vaya, gracias.

—Así que padre quiere hacer las paces.

—Lo está deseando.

—¿Seguro?

—Bueno, no tanto, pero estoy convencida de que lo ha hecho por tu bien.

Suspiró. —El collar no tiene tanto poder. El poder ha surgido de mí y no soporta que le haya superado en rango entre los dioses.

—Bueno, esos son problemas de dioses que a mí no me competen, ¿puedo irme?

—No.

Gimió. —Por favor.

—¿Sabes por qué me gusta tanto ese collar?

—Pues no sé qué decirte, la verdad.

—Me hace sentir hermosa.

Parpadeó. —Perdón, ¿qué has dicho?

—Ese es su poder.

—¿Me estás diciendo que llevo siete días helándome de frío porque ese collar te hace sentir hermosa? —preguntó alterándose—. ¿Pero tú estás bien de la cabeza?

Freya jadeó. —Niña, más respeto.

Respiró hondo intentando calmarse. —Perdón, pero es que… Bueno, ¿qué quieres ahora?

—Mi collar —dijo como si fuera lo más evidente del mundo.

—Pues perfecto, te doy el nuevo y te seguirás viendo muy hermosa.

Freya negó con la cabeza.

—Que no —dijo intentando contenerse para no soltar cuatro gritos—. ¿Pero que más te da? Si son iguales.

—No, el otro es mágico, hace que me sienta…

—Muy hermosa, ya me lo has dicho. —Entonces se le cortó el aliento. —¿Y si consigo cambiarlos?

Freya sonrió. —Sabía que encontrarías la solución. ¿Cuándo lo tendrás?

—Pues no lo sé, no soy tan clarividente como tú —dijo entre dientes.

—Tienes muy mal carácter.

—¿De quién lo habré heredado?

Freya soltó una risita. —Tienes razón, mi padre es un gruñón.

Con ganas de estrangular a alguien forzó una sonrisa. —¿Esos enanos son rápidos?

—La última vez tardaron en hacerlo seis meses.

—¿Qué? —preguntó sorprendida—. ¡No puedo estar seis meses ahí arriba! ¡Llega el invierno!

—Muy bien, pues vuelve en seis meses.

—¿Cómo que vuelva?

—Mi padre tendrá ya el collar falso y harás el intercambio.

Y lo decía tan pancha. No se iba a librar de ella en al menos seis meses.

—No puedo irme tan alegremente, sospecharán. ¡Se supone que estoy esperando por el collar!

—¿Me has gritado?

—¿Yo? No, es por si estás muy lejos y no me oyes bien.

—Estoy aquí.

—Ya te veo, ya. ¿Por qué no hablas con tu padre e intentas arreglarlo?

—Eso hija, ¿por qué no hablas conmigo en lugar de buscar a una humana para solucionar nuestros problemas?

—¡Eh! Que soy una humana muy especial. —Levantó la barbilla. —Llevo vuestra sangre.

Freya se materializó totalmente y se dio la vuelta para mirar a su padre. —Fuiste tú quien me ofendió, padre. Yo no te hice nada.

—¿No hiciste nada? Te burlaste de la esposa de Odín, la humillaste porque no es tan bella como tú. ¡Diste a entender que su marido comparte tu cama y enfureciste al mismísimo Dios de dioses!

Freya se sonrojó y Brynhild dio un paso hacia ella. —Anda, ¿en serio hiciste eso?

—¡Te quité el collar para que aprendieras la lección, hija!

—Pero padre…

—¡Pero nada! —gritó haciendo que las aguas se revolvieran lanzándola a ella de un lado a otro. Cuando consiguió estabilizarse y acercarse a ellos, Njord continuaba diciendo —¡Ese collar solo aumenta tu engreimiento y eso puede ser muy peligroso!

—Eso, abuelo, que no se crea tanto que solo es una diosa.

Jadeó ofendida. —¿Solo una diosa?

—¡Ser hermosa no significa que puedas hacer a los demás de menos! Debes ser más humilde y hacerle ver a tus súbditos que la belleza se lleva en el corazón. Por cierto, como tú no te mueres, ¿tienes corazón? No estoy segura. ¿Si te pincho sangras como yo?

La miró furiosa. —¿Quieres comprobarlo?

Carraspeó. —Mejor lo dejamos para otro día que tienes cosas muy importantes que tratar con tu padre.

—Hija debes cambiar. Eres una diosa muy poderosa, pero nadie es más poderoso que Odín y le estás llevando al límite.

Entonces Freya separó los labios de la impresión. —Padre, ¿estás preocupado por mí?

—Cielo, eres mi hija, por supuesto que sí. ¿Por qué crees que he retenido el collar en lugar de destruirlo? ¡Porque en estos cien años has estado entretenida en otra cosa y no has molestado en Asgard!

—Oh…—Freya sonrió. —Así que lo has hecho porque me quieres.

El dios del mar levantó la barbilla. —Eres mi hija favorita.

—Oh, padre… —Se tiró a sus brazos y Njord la abrazó con ternura. —Yo también te quiero, excepto cuando me enfadas, ahí te quiero menos.

Brynhild sonrió. —Bueno, pues yo tengo un viaje muy largo por delante, así que si me disculpáis…

Freya la miró. —¿Dejamos que se vaya, padre? Me gusta.

Njord asintió. —Y a mí también, hija, pero su marido la espera. Tienen un futuro prometedor por delante.

—Sí —dijo la diosa—. Además, espera una niña.

—Una gran noticia. —Abrió la mano y sobre su palma había una daga de oro con incrustaciones de perlas en la empuñadura. —Este será mi regalo para ella. Cuando crezca dile que venga a verme.

—Eres muy amable, abuelo.

—¿Abuelo? —preguntó Freya divertida.

—Es el abuelo de mi abuela y de mi abuela y…

—Entiendo.

Sonrió. —Espero que a partir de ahora estéis más unidos. No hay nada más importante que la familia. Y yo ahora me voy con la mía.

—Brynhild…

Miró a Freya que sonrió. —Mi regalo es hablarte del futuro.

Separó los labios de la impresión.

—No mostréis demasiado las riquezas que puedes conseguir, eso trae casi tantas envidias como mi belleza.

—Entiendo.

—Y sobre ese sueño que tuviste. —Soltó una risita. —No se cumplirá, pero tu marido sí que te rechazará ante los suyos, intenta no tener el orgullo que he tenido yo durante estos años y todo irá bien.

—¿Me rechazará?

—Bueno, vivir con alguien como tú no es fácil.

—¿Me rechazará? ¿A mí?

—¿Quién hablaba del ego?

—No me has dejado acabar. ¿A mí que le he hecho rico?

—Niña, el oro no lo es todo. Un hombre puede sentirse decepcionado por mil asuntos que no tienen nada que ver con las riquezas.

Jadeó ofendida. —¡Esto era lo que me faltaba por oír! ¡Así que me cierra la puerta en las narices de verdad! —La diosa iba a decir algo. —¡Lo he entendido, no será exactamente como en el sueño, pero me rechazará! Es que es para matarle. —Nadó hacia la superficie sin despedirse siquiera.

—Padre, ¿he hecho mal en decírselo? Igual debería haber dejado que ella se encontrara su rechazo de sopetón.

Njord hizo una mueca. —Hija llevas demasiados poderes en tu interior. Deberías controlar mejor tus impulsos.

Mirando hacia arriba sintió que le había hecho daño y se arrepintió de haberle dicho nada. Se arrepintió muchísimo. —Quizás tienes razón, padre.

—Mírale, qué contento va de vuelta a casa llevando el timón —dijo entre dientes sin quitarle la vista de encima a su marido.

—¿Qué te pasa?

Se sobresaltó y volvió la cabeza hacia su hermana. —Nada.

—Uy, ese nada significa que va a pasar algo.

—Es algo que me ha dicho Freya que me tiene algo inquieta, nada más.

—No será una desgracia, ¿no?

—Depende de para quién. —Volvió la vista hacia su esposo. —¿Te parece que mi marido está contento conmigo?

—Claro que sí, ¿qué hombre no lo estaría con una mujer como tú?

—Eso mismo pensaba yo, pero según nuestra diosa va a cambiar. Al parecer en el futuro ya no le pareceré tan bien y me dará con la puerta en las narices.

Inga la miró impresionada. —Eso no puede ser.

—¿Crees que Freya hierra en sus predicciones?

—No, eso es imposible, ella no falla nunca, o eso dicen. —Miró con otros ojos a su jarl. —Me parece increíble, si no te quita ojo. —Justo en ese momento miró hacia ellas y sonrió. —Mírale, está tan contento.

—¿Será porque le acabo de hacer el hombre más rico de Escandinavia?

Inga la miró preocupada. —Dudas de sus sentimientos.

—Te juro que hasta que tuve ese sueño hubiera dicho que no. Lo que siento a su lado… Pero yo le he dicho que le amo y él a mí no.

Inga apretó los labios.

—Pero es normal, ¿no? Es un guerrero. —Forzó una sonrisa. —Ellos no dicen esas cosas.

—Voy a preparar la comida.

La cogió del brazo deteniéndola. —Padre nunca nos decía que nos quería.

Inga agachó la cabeza. —Mi Olef me lo dice todos los días.

—¿Todos los días? —preguntó impresionada.

—Es más, se queja porque yo se lo digo menos.

Sintiendo que se le retorcía el corazón asintió. —Eres muy afortunada, hermana.

—Lo sé —dijo avergonzada—. Pero eso no significa nada si no te demuestra su amor. ¿Te lo demuestra?

—No lo sé. Me hace el amor. —Sus ojos brillaron. —Y me ha dicho que no puede vivir sin mí.

Inga sonrió. —Pues ahí lo tienes. Eso significa mucho.

—Sí… Soy una tonta, claro que me quiere.

—Igual lo que vio Freya es que os enfadáis, pero yo lo hago mucho con Olef y eso no significa que le quiera menos.

—Tienes razón. Además, yo tengo carácter, discutiremos mucho.

—Uy, vaya si lo tienes. Olvídalo y vamos a preparar la comida, los hombres deben estar hambrientos.

Cuatro meses después

Se aferró a la piel sintiendo escalofríos al salir de la casa.

Aprovechando que no nevaba, los hombres estaban intentando arreglar un tejado que se había venido abajo con el peso de la nieve.

Su marido con un abrigo de piel que ella misma le había cosido, señaló algo del tejado que Ketil colocó de inmediato. Se acercó a él. —¿Os queda mucho?

—Mujer, ¿qué haces aquí fuera? Te vas a helar.

Frunció el ceño porque antes nunca le hablaba así y en los últimos días lo hacía a menudo. Parecía que estuviera enfadado con ella. —Cielo, ¿ocurre algo?

—¿Qué va a ocurrir? Vuelve a la casa, esposa, estamos trabajando.