Capítulo 13 #2
Brynhild salió con tanta fuerza a la superficie que hasta se elevó sobre el agua dejándoles con la boca abierta y cuando les vio ahí abajo chilló moviendo los brazos antes de descender pegándose un porrazo de primera contra la cubierta.
Gimió con la mejilla contra el suelo de madera y su marido corrió hacia ella. —¿Estás bien, mujer?
—Ay, diosito, qué golpe. —Se volvió suspirando y sonrió a su marido. —Creo que no me he roto nada.
—¿Qué rayos ha pasado? —gritó furibundo.
—Cielo, ¿te he preocupado?
Hrafn parpadeó. —¿Tú qué crees?
—Estoy bien. No sé qué ha pasado con la cuerda se me ha enredado del pie y me ha tirado hacia abajo.
—¿Qué? —preguntó Inga incrédula.
—Menudo susto, me ha costado un montón quitármela.
—¡Te has soltado! —Su marido estaba alteradísimo. —¡La cuerda está ahí!
Parpadeó levantando la cabeza y sí, allí estaba. Mierda. —Vale, fue una ballena.
Inga jadeó.
—Me ha cogido por el pie y me he llevado un susto. La cuerda debió soltarse en el forcejeo.
—Una ballena —dijo su marido entre dientes.
—¿No era una ballena?
—¡No!
—Es que nunca he visto ninguna, marido, era un pez muy grande.
Cogió su pie elevándolo y después el otro. —No tienes marcas.
—Sería un bebé. No tienen dientes, ¿no?
—¿Me tomas por idiota?
Bufó. —Es que si te digo lo que he visto, te vas a enfadar.
—¿Más?
—¡Sí!
—Mujer…
Gimió. —Es que lo que he visto es muy raro.
—¿Qué era? —preguntó Ketil muerto de curiosidad.
—He visto… —A ver qué decía ahora.
—Mujer, ¿estás buscando una mentira que creamos?
—¡No! Era una mujer con cola de pez. Empezó a pegarme. Debía querer que me fuera, para asustarme, pero le di una paliza y salió nadando.
Inga se llevó la mano al cuello. —¿Protegerá el collar de Freya?
—Eso mismo he pensado yo.
—Nos vamos —sentenció su marido.
—¡No! ¡Estoy muy cerca! Y no tiene la fuerza necesaria para enfrentarse a mí. —Orgullosa levantó la barbilla. —Porque me sorprendió por el tobillo que sino…
—Pues a ver si te sorprende en otro momento y la liamos —dijo su hermana.
—Nos vamos —dijo su marido entre dientes.
—Freya dijo que no tuviera miedo. Por algo será. Sabe que soy muy fuerte ahí abajo.
—¿Y si te ataca por la espalda? —preguntó Olef.
—Estaré muy atenta, pero no creo que vuelva.
—¿Y si pide ayuda? —preguntó Hrafn—. ¡Estarás sola ahí abajo!
—Bajaré armada, ¿de acuerdo? Pero ahora no puedo dejarlo, que apareciera esa mujer-pez es por algo, he debido pasar muy cerca del collar.
Todos se miraron y Ketil dijo—Jarl, ahora no puede echarse atrás. Freya es muy poderosa, seguro que la protege de alguna manera.
Días después empezó a impacientarse, solo le quedaba un día para que se cumpliera la semana y ya no sabía qué decirle a su marido.
La bodega estaba llena hasta los topes y a pesar de eso Hrafn empezaba a tener un humor comparable a Loki con un sarpullido.
Quería irse cuanto antes, pero faltaba un día y ella intentaba aplacarle diciendo que al día siguiente por la noche se irían para siempre.
Freya no podía negar que lo había intentado.
Pero en su fuero interno tenía miedo de que los enanos no terminaran el collar a tiempo, ya no se le ocurrían más mentiras para decirle a su marido y convencerle de quedarse allí más tiempo.
De ahí su impaciencia. Y sus nervios, unidos al mal humor de su esposo hacían que discutieran a cada rato de manera acalorada para después hacer el amor como si se les acabara el tiempo.
Tumbada a su lado la noche antes del último día rezó porque al día siguiente estuviera el collar. Cerró los ojos suspirando y se pegó a su marido apoyando su mejilla contra su pecho. Mañana sería el día en que se liberaría de ese problema.
Corrió hacia la aldea para llegar a la primera casa, pero antes de llegar le cerraron la puerta. —¡Ayuda! —Corrió hacia la siguiente y la puerta se cerró también. Corrió hasta la casa del jarl y Hrafn estaba esperándola. —¡Mi amor, huye! ¡Viene a matarnos!
Hrafn cerró la puerta justo antes de que llegara a él y sorprendida se quedó allí de pie mirando la puerta sintiendo que se le rompía el corazón por su rechazo. Sollozó tocando la puerta. —¿Marido?
El viento la azotó con fuerza y consiguió volverse para ver como el caballo alado de Freya se acercaba por el fiordo sobre una estela de fuego.
Asustada corrió alejándose de las aguas, corrió lo que pudo oyendo su risa.
Miró hacia atrás viendo que se acercaba muy aprisa y se metió entre los árboles intentando que no la viera, pero tropezó con una piedra y cayó haciéndose daño en el tobillo.
Cojeando siguió corriendo, pero sintió que estaba tras ella. —¡No, aléjate!
Freya la cogió por la espalda del vestido y la tiró al suelo haciendo que rodara hasta golpearse contra un árbol. —¿Me engañas? ¿A mí?
—¡Yo no quería!
—¡Fue idea tuya! ¡Olvidaste que tengo el don de la clarividencia!
Sollozó. —Lo siento, solo quería ser feliz.
—¿Y mi felicidad? —gritó sobresaltándola.
—Lo siento, lo siento… —dijo desesperada apretándose el vientre—. No me mates antes de que la traiga al mundo, por favor. ¡Es mi hija! —gritó desgarrada.
Freya separó los labios de la impresión. —Esperas una niña.
Asintió sin dejar de llorar. —Mátame a mí, pero déjala vivir.
Sobre su caballo tiró de sus crines para dominarle mirándola fijamente. —Has traicionado a tu marido y me has traicionado a mí —dijo con desprecio—. No mereces los dones que te he dado. —Sonrió maliciosa. —¿Quieres que tu hija viva?
—¡Sí!
—Pues no tendrás la oportunidad de congraciarte con tu familia ni tu marido. Sufrirás el resto de tu vida sin ellos. ¡En cuanto nazca la niña, se la entregarás y te irás para siempre si quieres que ella viva, si quieres que vivan los demás!
Sintió que se le desgarraba el alma. —Por favor, no tuve opción…
—Siempre hay una opción.
Sobresaltada se sentó sobre su piel empapada en sudor respirando agitadamente. Hrafn se sentó acariciando su espalda. —Mujer, ha sido una pesadilla.
Se abrazó a él con fuerza. —Lo siento, lo siento.
—¿El qué, preciosa? No ha pasado nada.
Acercó los labios a su oído y le dijo lo que había pasado bajo el agua. Cuando terminó la cogió por los hombros con firmeza para mirarla a los ojos. —¿Estás loca?
—Se va a enterar.
—Claro que sí.
—Si no hago el cambio, Njord se enfadará.
Hrafn apretó los labios levantándose. —¿Dices que el dios de los mares se lo quitó porque estaba acumulando demasiado poder y Odín empezaba a molestarse?
—Eso entendí.
—Entonces necesitas la ayuda de Odín.
Parpadeó. —¿Y cómo hago para ponerme en contacto con él, marido? ¿Pego cuatro gritos a ver si me oye?
Hrafn levantó una ceja. —Le dirás a Njord que quieres que te proteja el dios de dioses. Freya no podrá tocarte.
—No sé si eso la detendrá, en mi sueño estaba furiosa. —Agachó la mirada. —Y tú también, me dejabas sola.
—Eso no pasaría nunca. Igual era una pesadilla.
—Era muy real, tan real como cuando soñé contigo.
Hrafn apretó los labios. —¿Qué hiciste para que me enfadara contigo?
—No lo sé.
—No me mientas más.
—¡Te juro por mi vida que no lo sé! —Se le cortó el aliento. —Ya habíamos hecho la casa del jarl. Cerrabas la puerta de la casa del jarl.
—Así que eso que has soñado no pasará pronto y como hiciste con la muerte de tu hermano puedes cambiarlo. Habla con Njord sobre ello, tiene que garantizar tu seguridad o sino serás sincera con Freya.
Gimió tapándose la cara. —¿Por qué me han metido en esto?
—No lo sé, preciosa. —La abrazó. —Pero tenemos que arreglarlo.