Niégame cuanto quieras Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Tiró el hidromiel sobre la cara de Thora que se despertó de golpe con cara de susto. —¡Esto es la guerra!

Varios rieron, pero otros tenían la misma cara de susto que Thora, sobre todo por las caras de pocos amigos de los hombres de Hrafn.

—Hija, ¿por qué no acompañas a Thora hasta su casa y te quedas con ella un ratito? —dijo su padre entre dientes.

—Puede acompañarla otra de las mujeres, tu hija no ha terminado de insultarme —dijo con ironía—. No querrás que se vaya disgustada a la cama.

—¿Insultarte? Yo no te he insultado, es lo que se dice de ti, ¿o no es cierto?

—Pues no lo sé, porque nadie se ha atrevido a decírmelo a la cara nunca.

—Pues tranquilo, que yo te lo cuento. Dicen…

—¡Hija! ¡A la cama!

—No padre, tu invitado no quiere que me vaya a la cama.

Hrafn levantó una ceja, parecía divertido, hasta sonreía.

¡No! ¡Aquello no estaba saliendo nada bien!

Pues si le insultaba más puede que sí acabaran en guerra.

Gimió incorporándose mientras las mujeres ayudaban a Thora.

Él se había sentado de nuevo y una de las mujeres volvía a llenar su jarra.

Se sentó ante él. —Así que no los robaste.

—No sé a qué barcos te refieres, yo hago mis propias incursiones y nos va muy bien. No necesito robar a los nuestros.

—Claro que sí —dijo el jarl—. Un hombre como tú no necesita hacer esas cosas. Tengo entendido que vas al norte a cazar focas.

—Pobres focas —dijo ella por lo bajo.

—Su carne es muy sabrosa y la piel la mejor para confeccionar botas. Además, el marfil de las morsas se paga muy bien.

—Vaya, lo aprovechas todo —dijo ella con ironía.

—No suelo desaprovechar nada y por como has recogido la cena del suelo es evidente que tú tampoco.

Se puso como un tomate, pero aun así levantó la barbilla. —Pues no, yo no desaprovecho nada.

—Entonces cena. —Mordió un pedazo de cordero y miró a su padre. —Mañana veré esas ovejas.

¿Le había ordenado que cenara? ¿Quién se creía que era?

Gruñendo cogió un pedazo de cordero pinchándolo con su cuchillo y entonces Ragna, una de las muchachas más jóvenes, pasó tras Hrafn con una jarra de hidromiel y se pegó a él de manera descarada para servirle de nuevo.

Cuando terminó de echar su bebida le sonrió de oreja a oreja. —¿Le parece bien así, jarl?

—Sí, preciosa.

¿Preciosa? La sangre de Brynhild empezó a fluir con fuerza.

¿Preciosa? ¿Pero quién se creía que era?

Era suyo y esa se le restregaba de manera indecente.

Uy, uy… que empezaba a verlo todo rojo. Apretó el cuchillo en su mano y al seguirla con la mirada vio como sonreía como si el jarl fuera a compartir su cama esa noche.

El cuchillo salió volando, clavando su trenza rubia en la pared que tenía detrás.

Ragna chilló y al tirar de su larga trenza parte de ella cayó al suelo.

Atónita la miró y Brynhild se encogió de hombros.

—Se me ha escapado, pero podría haber sido peor, ¿no crees?

Ragna chilló antes de salir corriendo del salón. Hrafn estaba pasmado mirando la puerta cerrada. Giró su rostro hacia ella que mordió el cordero con satisfacción. —Tienes muy buena puntería.

—Es que me dolía el brazo y lo estiré, no ha sido a propósito.

—Pues no me quiero imaginar cuando lo hagas a propósito.

—Mi hija tiene una puntería excelente —dijo orgulloso—. Mejor que cualquier hombre de por aquí.

—¿No me digas, jarl? —preguntó mirándola con desconfianza—. Quizás deberíamos hacer una competición. —Los hombres gritaron levantando sus jarras. —Para entretenernos un poco.

Sonrió maliciosa. —¿Y quién competirá contra mí? Y lo más importante, ¿qué voy a ganar?

Los suyos rieron.

Dejó sobre la mesa una saca de piel y su padre la cogió a toda prisa para abrirla dejando caer su contenido sobre la mesa. Eran muchas monedas de oro. Hrafn sonrió. —¿Qué ganaré yo?

—Padre…

—Las ovejas.

La gente murmuró. Hrafn hizo una mueca. —No quiero que tu hija piense que me aprovecho de ti, jarl.

Esben levantó una ceja. —No te vas a aprovechar, te lo aseguro. Casi me das pena porque mi hija tiene muy buena puntería.

—Estoy deseando verlo. —Se levantó haciendo gritar a sus hombres y se agachó para coger de su bota una daga de oro para tendérsela. —¿Te parece bien esta?

Se la cogió de la mano y algo en su interior se estremeció al tocarle, pero disimuló poniéndose en pie. —Me parece bien.

Los hombres se levantaron y apartaron unas mesas. —Yo he elegido el arma, elige tú el objetivo.

Ella miró a su alrededor. Inga levantó una mora y se acercó a la pared de madera. la apretó contra la pared dejando una mancha roja minúscula. Todos gritaron levantando sus armas. Había como veinte pasos hasta la mancha, pero ella no le dio importancia. —¿Listo?

—Después de ti.

—Hija, no me dejes mal —dijo su padre divertido.

—Antes muerta, padre. —Lanzó la daga al aire para cogerla por el filo y tiró casi sin mirar dando justo en el centro de la mancha.

Los suyos gritaron levantando los brazos y ella sonrió. —¿Crees que podrás superarlo?

—Al menos lo intentaré —dijo divertido—. Estoy realmente impresionado.

Su padre hinchó el pecho orgulloso. —No hay otra mejor.

—Empiezo a creer que tienes razón, amigo. —Cogió su cuchillo de la mano de su amigo Ketil. —Creo que acabo de perder una fortuna. —Tiró el cuchillo clavándolo justo encima de su marca. —O no.

Esben se rascó la cabeza. —Pues aquí no hay más sitio.

—No hace falta salir, padre. —Levantó una ceja. —¿Puedes hacerlo con los ojos cerrados?

—¿Qué?

Sonrió maliciosa. —¿Acaso no puedes?

—Eso es imposible.

Todos gritaron animándola y su hermana llegó con una venda que le puso sobre los ojos.

Le hizo un nudo antes de alejarse. Los hombres Orvansen se apartaron haciendo reír a los demás.

—Tienen mucha confianza en ti —dijo Hrafn a su lado estremeciéndola por dentro porque hasta sintió su aliento en su piel—.

Veamos qué es lo que puedes hacer para no defraudarles.

Respiró hondo sintiendo como se alejaba, pero Bjorn gritó —¡Eres la mejor, hermana!

Apretó los labios antes de tirar el cuchillo. No tuvo que ver el resultado porque sus hombres se pusieron como locos. Se quitó la venda y Hrafn miraba el cuchillo en la pared como si no pudiera creérselo.

—Padre recoge las ganancias.

—Un momento, aún no lo he intentado. —Hrafn alargó la mano hacia Ketil que le dio la daga.

—Ah, que piensas hacerlo, pues no mates a nadie, ¿quieres?

—Intentaré no hacerlo. —Inga le puso la venda sobre los ojos y apretó con fuerza. Hrafn rio. —Se nota de qué lado está.

—Por supuesto.

Hrafn levantó el brazo y sus hombres gritaron indicándole que fuera más hacia la izquierda.

Asombrada vio como movía el brazo en esa dirección y Ketil gritó —¡Ahí!

—Lanzó sin dudar y quedó tan cerca de la mancha que Brynhild no podía creerlo, si hubiera sido una persona le hubiera dado de lleno.

Y todo por las indicaciones de sus hombres.

El jarl se quitó el pañuelo e hizo una mueca.

—No está mal para ser la primera vez, ¿no crees, mujer?

La verdad es que estaba sin habla y su padre se acercó palmeándola en el hombro. —Ha ganado mi hija.

—De eso no hay duda. Felicidades.

Ella asintió sintiendo algo en la boca del estómago que la hubiera impulsado a abrazarle, pero ni él quería ese abrazo todavía ni ella debía dárselo. Luchar contra sus deseos iba a ser más duro de lo que creía.

—¿Otra apuesta? —sugirió el jarl haciendo que le mirara a los ojos—. Esta va a ser mucho más interesante. —Tu saca de oro y las ovejas contra…

—¿Contra qué? Eso es una fortuna enorme —dijo su padre intrigado.

—Mi mano en matrimonio para tu hija.

Se le cortó el aliento sin ser capaz de apartar la mirada.

Esben preguntó incrédulo. —¿Qué hija? ¿Esta?

Jadeó indignada. —Parece que te sorprende, padre.

Se sonrojó con fuerza. —No, claro que no —dijo a toda prisa—. Jarl, ¿estás seguro? Mi hija es algo…

—¿Algo qué? —le espetó ella poniendo los brazos en jarras.

—Maravillosa, mi hija es maravillosa —dijo el jarl que debió darse cuenta de la conversación con sus amigotes de días atrás y se la quería quitar del medio—.

No hay mujer mejor en toda Escandinavia.

No sé si eso que ofreces es suficiente, jarl.

Mi hija vale mucho, sería como un premio para ti y estarías perdiendo.

—¡Es el mejor jarl que hay! —gritó uno de sus hombres—. ¡Sería un honor!

—Sí, sí, pero estaría perdiendo.

—Esben tiene razón —dijo Hrafn sorprendiéndoles. Parecía divertido—. Mi barco. Mi barco y mi mano en matrimonio. Por supuesto os lo haría llegar después de regresar a casa. —La miró intensamente. —Con tu hija ya casada.

—El barco —dijo su padre impresionado. Se volvió hacia su hija mirándola como si tuviera que ganar a toda costa—. Hija…

—¿Sí, padre?

—¿No te duele algo la mano? Hoy la has forzado mucho.

—Tranquilo padre, no me duele nada.

Varios rieron a carcajadas y Hrafn sonrió.

Sería cabrito, si ganaba se lo llevaría a él y el barco, ese increíble barco que costaba una fortuna.

Y si perdía adiós al oro y a las ovejas, además.

Qué dilema… Lo había hecho a propósito para vengarse por su rechazo desde que se habían visto. ¿Y ahora qué hacía?

—¿Aceptas el reto? —preguntó él ofreciéndole el cuchillo.

—No. —Todos se quedaron de piedra viéndola regresar a la mesa y sentarse para seguir cenando.

—¿Cómo que no? —preguntó él sorprendido y algo ofendido.

—Ya tengo el oro y las ovejas, lo otro no me interesa nada.

Asombrado miró a su padre que gimió. —Mi hija es muy suya. Y casi prefiero que no juegue sino está de humor, no quiero perder el oro y las ovejas.

—¿No me digas, jarl? ¿No voy a tener la oportunidad de recuperarme?

—Si no tiene ganas no tiene ganas, igual deberías tentarla con otra cosa que le interese más. —Se sonrojó con fuerza. —Que no quiero decir que no seas interesante, pero ella no parece motivada.

—Ni con el barco —dijo entre dientes.