Niégame cuanto quieras Capítulo 6
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Capítulo 6

Con Bjorn a su lado iba de un lado a otro de la casa. El niño no dejaba de protestar porque quería ir a jugar con sus amigos. —Ni hablar, ¿me oyes? Hoy no irás a ningún sitio sin mí.

—¿Por qué?

—¡Porque lo digo yo! —Entró en la zona del hogar donde las mujeres no paraban de trabajar para hacer una gran comida.

Por ella no habría hecho nada y el jarl habría dormido en el establo, pero su padre había puesto tal cara de horror que tampoco había que exagerar, dormirían en el salón y que se las apañaran.

No pensaba mover ni una cama de los niños para que estuviera más cómodo.

Ah, no, en el salón estarían perfectamente, así evitaría que los suyos bebieran demás para que el jarl durmiera.

Era un genio. Aunque su padre no estaba muy contento.

Hasta se había ofrecido a prestarle su cama y ella le había dicho —Padre, es joven, ¿no?

Pues estará acostumbrado a dormir en cualquier sitio.

—Pues tienes razón, hija. Quizás el año que viene ampliemos la casa.

—Sí, padre —había dicho sabiendo de sobra que su padre no ampliaría la casa ni muerto, demasiado trabajo. No lo había hecho con ocho hijos, lo iba a hacer ahora para las visitas.

Las mujeres la miraban de reojo como si temieran algo y harta dijo —¡No voy a provocar una guerra!

—Tú por si acaso no hables mucho —dijo Thora.

En ese momento escucharon el cuerno que anunciaba su llegada y suspiró del alivio porque su niño estaba bien. Se agachó a su lado y dijo —Puedes ir a ver la llegada del barco, pero prométeme algo.

—Lo que sea.

—No juegues con alguien que tenga un cuchillo en la mano, júramelo por Odín.

—Lo juro.

Sonrió acariciándole la mejilla. —No seas imprudente, cielo. Una imprudencia nos puede costar la vida.

El niño asintió. —¿Puedo irme?

—Sí, ve.

Su niño salió corriendo y Brynhild fue hasta la puerta.

Ni se había cambiado de vestido y su cabello estaba recogido en una trenza como siempre.

No pensaba hacer ni un solo gesto que indicara bienvenida porque eso solo traería problemas.

Cenaría esa noche con ellos por cortesía, no abriría la boca y al día siguiente se irían porque él lo diría en la cena.

Sonrió. Solo es una noche, una sola noche y se iría de su vida para siempre.

Su corazón se retorció en su pecho quitándole la sonrisa de la cara poco a poco.

Vio como su niño corría hacia el embarcadero como los demás y apretó los labios.

Inga se puso a su lado con su mejor vestido.

—¿No te cambias? Querrás mostrarte hermosa. ..

—¿Para qué?

Su hermana parpadeó. —Pues para hacer sentir orgulloso a padre. Con ese vestido de faena pareces una sirvienta.

—Padre ya está orgulloso de mí, no necesito un vestido para eso.

—No me has entendido… —Su hermana se había metido en la casa de nuevo e Inga puso los ojos en blanco.

—¿Pero qué mosca le ha picado? —Escuchó un silbido y volvió la cara para ver a Olef esperándola tras una de las casas.

Sonrió y corrió hacia él sujetando sus faldas, olvidándose de Brynhild y de su inquietud para abrazar a su enamorado sin que la viera nadie.

Pero sí que la vio alguien, su primo Eigil presenció como se besaban y apretó los puños con rabia antes de ir hacia el embarcadero.

Escuchó perfectamente cuando llegaba el barco y sin poder evitarlo fue hacia la puerta con las demás para ver llegar la enorme embarcación que en la proa tenía una cabeza de dragón.

Era el barco más grande que había visto nunca y no pudo evitar sentir orgullo por lo lejos que había llegado.

Su corazón se aceleró cuando vio que caminaba hasta una de las sogas y se agarraba a ella mirando fijamente a su gente.

Por mucho que lo había intentado allí estaba.

Arna se puso a su lado. —No puedes luchar contra el destino.

—La has fastidiado bien —dijo entre dientes—. Pensaba que me querías.

—Te quiero como a una hija, pero eso no me impide renunciar a ti para que sigas tu camino. Es lo que debes hacer tú con tus hermanos, niña. O enfadarás a los dioses.

Se le cortó el aliento viendo cómo se alejaba hacia el embarcadero.

Gunnar se unió a ella y la cogió del brazo haciendo que la gente se apartara a su paso como la persona importante que era en su pueblo.

Miró hacia el cielo preguntándose si lo que decía la vieja era cierto, ¿enfadaría a los dioses? —Freya, tengo tu sangre, ayúdame.

Un rayo recorrió el cielo y todos miraron hacia arriba dejando de gritar. Gimió por dentro. —¿Eso es bueno o malo? Dame una pista, que no te entiendo.

Un rayo cayó en el barco incendiando una vela y haciendo saltar a sus ocupantes al fiordo.

Brynhild hizo una mueca. Ahora tendrían que quedarse hasta que lo arreglaran.

Miró hacia arriba. —¡Muchas gracias! ¡Está claro que no me vas a poner las cosas fáciles!

¡Pues que sepas que yo no voy a claudicar fácilmente!

Thora que estaba tras ella la miraba con los ojos como platos y cuando Brynhild se volvió se puso como un tomate. —¿Qué haces ahí parada? —le espetó.

—¿Hay tormenta? Tengo la ropa secando en el prado.

—Tranquila, que ya ha parado. ¡Y me ha fastidiado la vida! —gritó antes de ir hacia el hogar.

—Acabamos en guerra, acabamos en guerra —dijo Thora muerta de miedo sacando la cabeza de la casa. Al ver el fuego en el mástil del barco y como varios hombres intentaban apagarlo gimió—. Nos van a matar a todos.

Por supuesto los hombres tardaron en entrar y cuando al fin lo hicieron, la mitad estaban tiznados, la otra mitad empapados y los suyos atemorizados por la reacción del jarl a ese mal augurio.

Esben intentaba sonreír al lado de Hrafn, que tenía una expresión feroz en el rostro que le provocó un estremecimiento en el vientre que la hizo gemir de gusto.

Incluso con la cara tiznada estaba hermoso.

Céntrate, Brynhild, que quieres deshacerte de él.

Se acercó con una bandeja de jarras y su padre sonrió.

—Oh, aquí está mi hija mayor, jarl. Brynhild, te presento al jarl Orvansen.

—Padre deja que se siente, estará agotado del viaje. ¿Qué ha pasado? Tiene muy mal aspecto.

—Hija, ¿no te has enterado? Le ha caído un rayo al barco.

Parpadeó mirando a Hrafn. —Oh, cualquiera diría que es un mal augurio. Yo que usted me iría enseguida.

Hrafn mirándola fijamente con los ojos entrecerrados cogió una jarra. —Otra vez que me ocurrió, conseguí el mayor tesoro que he tenido jamás. Yo no lo considero un mal augurio sino todo lo contrario.

—¿No me diga?

Su padre sonrió encantado. —Qué buena noticia, jarl, eso significa que tendremos negocios muy provechosos juntos.

Sin quitarle ojo a Brynhild asintió. —Eso parece.

Caminó hasta la mesa y ella alargó el pie haciéndole la zancadilla, tropezó con su padre y ambos cayeron sobre la mesa tirando una de las bandejas de cordero.

—¡A ver si tiene más cuidado, jarl! ¡Esa es una carne de primera!

—Le entregó la bandeja al primero que pilló y rodeó la mesa para ver el cordero en el suelo.

—¡Pues es lo que va a comer! —Se agachó cogiéndolo con las manos para tirarlo de nuevo en la bandeja y lo puso sobre la mesa.

—Lo que no mata engorda, ¿verdad, padre?

Esben no sabía dónde meterse de la vergüenza. —Hija trae otra bandeja.

—Tranquilo jarl, no me molesta. Además, huele estupendamente —dijo entre dientes sentándose en la silla al lado de la del jarl antes de coger un pedazo y metérselo en la boca.

—He comido cosas mucho peores, te lo aseguro —dijo sin quitarle ojo a Brynhild que no se cortaba en mostrar que no le gustaba un pelo.

Thora pasó a su lado susurrando —Odín, te suplico que nos ayudes.

Se volvió de golpe y siseó —Te he oído.

—Por favor, por favor…

—¿No te sientas con nosotros, Brynhild? —preguntó Hrafn.

Lo pensó seriamente. ¿Debía mantenerse alejada o estar a su lado y hacer que la odiara? Qué dilema. —Hija, siéntate —dijo su padre mirándola como si quisiera estrangularla.

—Tú mandas. —Se sentó a su lado quedando frente a Hrafn. —¿Y cuándo se van?

—Hija, acaban de llegar, se quedarán unos días.

—No lo creo, padre, es un jarl muy ocupado y tiene que ir a buscar caballos —dijo antes de darse cuenta.

Hrafn parpadeó. —¿Y cómo sabes eso?

Gimió por dentro porque había metido la pata hasta el sobaco. Hazte la tonta, hazte la tonta. —¿Qué?

—Que necesitamos caballos, ¿cómo lo sabes?

—Eso es evidente —dijo sonrojada.

—¿De veras? ¿Por qué?

—Porque ahora que no tenéis barco necesitáis caballos.

Varios en la mesa rieron como si fuera tonta y el jarl Orvansen entrecerró los ojos. —Entiendo.

No, no entendía nada, pero no hacía falta, con que se largara ella contenta. Gimió por dentro, qué ojos… Al menos soñaría con ellos y su manera de mirarla.

—Arreglaremos el barco y eso nos llevará unos días.

—Claro que sí, todo lo que necesites se te dará —dijo su padre—. Te ayudaremos en todo, pero si en verdad necesitas caballos tengo los mejores de toda Escandinavia detrás de esas montañas.

—Pues sí que los necesito, sí —dijo sin dejar de observarla.

—Padre, que te los pague, que pueden estar en la montaña, pero son tuyos.

Esben la miró como si estuviera loca. —No hace falta —dijo entre dientes—. Son caballos salvajes.

—Pero están en tus tierras, si paga por las ovejas que pague por los caballos.

—Si son lo que quiero, pagaré.

—Perfecto —dijo como si estuviera encantada—. ¿Es cierto que tus hombres y tu robasteis dos barcos que llegaban del sur cargados de riquezas?

Thora jadeó antes de poner los ojos en blanco y caer desmayada justo tras ella. Asombrada miró hacia atrás. —¡Ay, que te has descalabrado! —Se levantó a toda prisa y le dio palmaditas en la mejilla. —¡Qué alguien llame a Arna, que tiene pinta de que va a saludar a Odín!

Hrafn se levantó cogiendo la jarra que tenía al lado y rodeó a su padre para colocarse sobre ella. —Ha debido ser la impresión por tu insulto.