Capítulo 5 #2
—Yo les hubiera matado a los dos —dijo Brynhild haciendo que todos la miraran como si hubiera perdido la cabeza—. ¡Los hermanos deben llevarse bien!
—¿Y si no es así? —preguntó su hermano Esben.
—Pues si no es así, más vale que hagas que sea así, hermano.
Esben se sonrojó. —Lo que digas.
Miró a la vieja. —¿Ves?
—Sí, veo muchas cosas —dijo con desconfianza.
—¿Aún vive ese guerrero, vieja? —preguntó su padre.
—Oh sí, mi jarl, aún es joven y todos los pueblos del norte le temen por su ferocidad al defender a los suyos. Le ocurre como cuando era casi un crío, unos le temen y otros le aman.
—¿Y quién es ese gran guerrero? ¿Le conozco?
—No lo sé, mi jarl. ¿Conocéis a Hrafn Orvansen?
Esben entrecerró los ojos. —Ciertamente es temible, según he oído.
—Sí que lo es si se comportó de esa manera con su propio hermano, así que cuanto más lejos mejor —dijo Brynhild ofreciéndole a su padre algo más de pollo—. Padre aliméntate, que últimamente no me comes nada.
—Sí hija, está todo muy bueno —dijo olvidándose del guerrero para coger un muslo más—. Hija, ¿después tenemos postre?
—Bollos de jalea, como a ti te gustan.
—Cómo me cuidas.
—Como te mereces, padre.
Arna con los ojos entrecerrados como si intentara resolver un problema dijo— No es tan temible como dicen. Son exageraciones, jarl. A todos los grandes hombres les pasa. —Cogió un muslo de pollo y empezó a cenar.
—¿Eso crees, vieja? Pues cuando dijeron de él que había asaltado dos barcos que llegaban de las incursiones me lo creí.
Brynhild jadeó indignada. —¿Hizo eso?
—Algo harían ellos, niña —dijo Arna con la boca llena—. Como esos que le robaron, solo defendía lo suyo.
—¿Así que le conoces, padre? —preguntó su hermano Esben ansioso—. ¿Le has visto alguna vez?
Volvió la vista hacia él con ganas de pegar cuatro gritos, pero su hermano solo estaba centrado en la respuesta de su padre. —No, en persona no le conozco. Es el tipo de hombre con el que no quieres tener problemas.
—¿Le invitamos? —preguntó él ilusionado haciendo que toda la mesa le mirara—. Nunca invitamos a nadie interesante, ¿no os morís por conocerle?
—¡No! —gritó ella levantándose—. ¡Esa era mi frase! ¡Por qué la dices tú!
Todo el salón se quedó en silencio mirándola y se puso como un tomate. —Quiero decir que más vale tener el peligro lejos, que tenemos muchas ovejas y si roba barcos es que tiene la mano muy larga.
Se volvió a sentar haciendo parpadear a su padre. —Hija, ¿estás bien?
—Sí padre, gracias. —Con la espalda tan tiesa que podría quebrársele, cogió su jarra y se la bebió del todo mientras que no había una sola persona que no estuviera atento a todos sus movimientos. Dejó la jarra sobre la mesa. —Qué sed.
—Tío, ¿podemos invitarle? —preguntó Eigil hijo.
—Es una idea buenísima —dijo la vieja.
Su tío sentado al otro lado de la mesa se levantó. —Jarl, no creo que sea buena idea, tiene muy mala fama con las mujeres y si ve a tus hermosas hijas puede encapricharse. Decirle que no puede tomarlo como una afrenta. —Y levantó una ceja señalando con la cabeza a Brynhild.
Jadeó indignada. —¿Qué insinúas, tío? ¿Que no tengo modales?
Varios empezaron a murmurar por lo bajo. Bueno, aquello era el colmo.
—Un mal gesto a ese hombre y acabaríamos en guerra —dijo su tío.
—¿No tenéis curiosidad? —preguntó su hermano.
—Oye guapo, ¿por qué no te callas? —dijo por lo bajo con ganas de estrangularle.
—¿Pero qué pasa?
—Cierra el pico, no te lo digo más —siseó antes de sonreírle a su padre—. Quizás el tío tenga razón, a ver si me da un repente y acabamos en guerra, ya sabes que soy poco tolerante con la estupidez.
—Igual tienes razón, ahora no tenemos conflictos con nadie y queremos seguir así.
Muchos asintieron dándole la razón y Brynhild sonrió encantada. —Perfecto.
—Pues es una pena que no le invites, mi jarl —dijo Arna haciéndola gruñir de nuevo—. Tengo el presentimiento de que sería una visita muy ventajosa para ti.
Su jarl se tensó. —¿Un presentimiento?
—Padre, no le hagas caso, que ya está mayor y a veces se le va la cabeza. Qué presentimiento ni qué presentimiento, se lo habrá imaginado. El otro día confundió unas hierbas y por poco la lía porque eran para hacer de vientre, esas que usas, ya sabes.
El jarl miró a la vieja asustado. —¡A ver si me matas, mujer!
—¡Pero si me di cuenta! ¡La niña está exagerando!
—Madre, es mejor que lo dejes —dijo Gunnar entre dientes.
—Antes muerta. —Dio un golpe sobre la mesa. —Mi presentimiento dice, y sabes que siempre acierto, mi jarl, que sería una visita de lo más ventajosa para nuestro pueblo.
—¿De veras? —El jarl se pasó la mano por la barba. —Ventajosa, ¿eh?
—Mi jarl, si la vieja dice eso debemos invitarle —dijo Owen—. Hay que hacer caso a los presentimientos de la curandera, siempre da en el clavo.
Brynhild se levantó. —¿Y tú qué sabrás? ¿Acaso pasas tiempo con ella para saber si se le va la cabeza?
—¡Niña! —gritó la vieja—. ¡Más respeto!
—No, si yo te respeto mucho, pero esto me huele a encerrona.
—¿Qué?
Sí, Brynhild por ahí vas bien, mira la cara que ha puesto.
—¡Queréis que me case, sé que lo habéis hablado esta mañana, que no soy tonta!
¡Queréis echarme de mi hogar y habéis buscado a un salvaje que mata hermanos para libraros de mí!
¡Sois una panda de desagradecidos! —Llora Brynhild, que será más creíble.
Leche, no le salían las lágrimas. —¡Pues no me caso y como venga ese hombre, sí que vamos a entrar en guerra!
Varios con la boca abierta miraron al jarl esperando su reacción.
—Hija, no pretendemos echarte.
—Claro que sí, os molesto en vuestras fiestas, porque os digo lo que debéis hacer y mil cosas más. ¡Pues enteraros, sin mí esta casa sería un desastre!
—No voy a negar que he considerado la posibilidad de buscarte un marido, pero se me ha hecho difícil encontrar a alguien que pueda aceptarte.
Jadeó indignada. —¿Y eso por qué?
—Será por lo que acabas de decir —dijo su tío—. Y la posibilidad de que indignes tanto a tu prometido con tu lengua que acabemos todos muertos.
Chasqueó la lengua. —No me caso, poneros como queráis.
Entonces Arna sonriendo de oreja a oreja dijo —Eso no es impedimento para que él venga aquí para hacer negocios con nuestro jarl.
Mi señor, os aseguro que serán tratos ventajosos para nosotros.
Si ella no quiere casarse que no se case, pero habrá mucho oro para nuestro pueblo.
—Retó a Brynhild con la mirada. —¿O te niegas a que la vida de los nuestros sea más prospera?
Qué lista era la vieja. —No, amiga, claro que no.
—El jarl Orvansen es muy rico —dijo uno de sus hombres—. Un año fue muy al norte a matar osos y focas, dicen que trajo tantas pieles que le hicieron muy rico. Y en sus incursiones al sur no tienen rival siempre vuelven con su barco lleno.
—Eso crea enemigos, mi jarl —dijo Arna—. Muchas malas lenguas atacando al jarl.
—Sí —dijo su padre haciendo que el corazón de Brynhild se retorciera porque por su cara estaba a punto de decir que sí, solo había que verle.
—¿Le vas a invitar, padre? —preguntó su hermano Arvid.
—Por Thor, claro que… —Miró a su hija a los ojos. —¿Prometes que si no hay relación con ese hombre con visos de matrimonio, serás cordial con él por el bien de nuestro pueblo?
Ay no, que le iba a invitar, ¡y tenerle allí iba a ser una tortura! Pero por las caras de todos cualquiera decía que no, la emparedaban fijo. —Seré cordial, siempre que él lo sea, padre.
—Que acabamos en guerra —dijo Gunnar por lo bajo.
El jarl apretó los labios. —Vieja, ¿estás segura?
—Jamás he estado tan segura de algo, mi jarl. Ese hombre cambiará nuestro futuro y nos hará ricos.
Esben asintió. —Le invitaremos.
Varios gritaron levantando los brazos.
Mientras ella gemía por dentro su padre daba un golpe en la mesa. —Veremos cómo es ese hombre. Enviaré un emisario que le diga que quiero negociar con las ovejas. Si es listo vendrá.
Sí que iría y eso era lo que temía porque ahora no sería un sueño.