Capítulo 3 #2
Se sobresaltó volviendo la mirada hacia Inga, que se sentó en la cama preocupada. —¿Tiene calentura?
—De momento no, pero la tendrá.
—Acuéstate un poco, yo me encargo de él, estás agotada.
Negó con la cabeza.
—Sé que he sido una estúpida al no vigilarles, prometo no fallarte de nuevo. Has trabajado muchísimo estos días, casi no has dormido, déjamelo a mí.
Indecisa la miró a los ojos. —¿Me avisarás si empeora?
—Por supuesto, hermana.
Lo acostó entre las dos y se tumbó mirando el perfil del niño.
—Duerme—dijo Inga al otro lado.
Suspiró cerrando los ojos, pero no podía dejar de pensar en lo que habían dicho abajo. Miró a su hermana. —¿Qué pensarías si me fuera?
Inga la miró sorprendida—¿Irte a dónde?
—Si me casara y me fuera.
—Es lo normal, estás en edad casadera.
—Ya, pero vosotros…
—¿Nosotros? ¿Nosotros qué?
—¿Quién os cuidará?
—Nos cuidaremos los unos a los otros hasta el último. Las niñas se irán casando al igual que ellos… No sé, es ley de vida, ¿no? —Frunció el ceño. —¿Por qué lo preguntas? No pensarás quedarte soltera por cuidarnos, ¿no? Eso no es normal.
—Ah, ¿no?
—Querrás tener tu propia familia, tu marido.
—Sí, por supuesto.
—¿Ese jarl es fiero?
—Eso dicen.
—¿Es apuesto?
Sonrió. —Sí, mucho.
—Todo un guerrero.
—Eso parece.
—¿Le gustaría a madre?
—Sí, le gustaría mucho, siempre decía que eligiera un gran guerrero.
—¿Pues entonces a qué esperas?
—Parece que no me echarías mucho de menos —dijo divertida.
—Te echaremos muchísimo de menos, sobre todo Bjorn, pero pienso en Gilli y no te aconsejaría que siguieras su ejemplo. Esa mujer me da mucha pena.
Suspiró mirando el techo. —Y a mí. Renunció al amor de su vida por cuidar a su padre y a sus hermanos. Y después de perder su belleza todos la dejaron sola, ya fuera porque se encontraron con la muerte o porque se casaron con mujeres de fuera de aquí.
—Y ninguno le pidió que fuera a vivir con él —dijo Inga.
—Unos desagradecidos, eso es lo que son.
—No quiero que termines como ella. Deberías encandilar al nuevo jarl e irte con él. Además, sería una buena alianza para padre.
Se sonrojó ligeramente. —Él no quiere. Además, me ha ofendido al querer irse.
—¿Quiere irse?
—Sí, eso ha dicho. —Al escuchar unas voces abajo hizo una mueca. —Los nuestros están borrachos, otra vez, vamos a quedar en ridículo ante Orvansen.
—Últimamente padre bebe demasiado. Esa amante suya no sabe guiarle como hacía madre.
—Madre es imposible de sustituir. —Acarició su colgante. —¿La echas de menos?
—Sí, mucho.
Miró al niño. —Él no la ha conocido.
—Tú la has sustituido muy bien. —Inga separó los labios. —Entiendo lo que quieres decir, perderá a una madre.
—Y no solo él.
—Entiendo. Será duro que te separes de ellos. —La observó unos segundos. —Y no estás dispuesta a hacerlo.
—Cuando murió madre, me juré que haría lo que fuera para protegeros. —Acarició la mejilla del niño. —Odio que sufran.
—Puedes llevarte a los pequeños.
Parpadeó sorprendida. —¿Cómo has dicho?
—Sí, puedes llevártelos.
—El jarl no querrá, es su padre.
—Vamos, te encargas tú de ellos, ¿el qué los ve, unos breves momentos al día? Ni siquiera eso cuando está borracho. —Inga levantó la barbilla. —Yo me iré de aquí y te aconsejo que tú hagas lo mismo. Un día va a pasar algo muy malo.
—¿Qué quieres decir?
Inga apretó los labios. —Olef me lo ha dicho, hay algunos a los que no les importaría quitar a padre del medio. Protestan porque no atiende sus obligaciones y algunos de los jóvenes piensan que no debería ser el jarl.
Se sentó sorprendida. —¿Te lo ha dicho Olef?
—Sí, confía en mí y me lo cuenta todo. De hecho…
—Levantó la barbilla como si se diera valor.
—Nos vamos a casar. Y me da igual lo que me digas, ya tengo edad.
Nos iremos al fiordo donde viven sus tíos, necesitan ayuda para mantener su casa.
Si les ayudamos, en unos años tendremos nuestras propias tierras.
Sabía que estaba enamorada, pero era tan joven… Aunque eso no se lo podía decir porque otras se casaban incluso antes. —Madre no quería que contrajeras matrimonio tan joven.
—Tengo casi dieciséis y madre ya no está, eso es evidente. Harías bien en mirar por ese jarl tan apuesto, porque no vas a tener muchas oportunidades de conocer hombres encerrada en esta casa todo el día.
—¿Has hablado con padre de lo que pretendes?
Apretó los labios. —Olef hablará con él en cuanto se vayan las visitas. Nos gustaría casarnos con su aprobación.
—Bien. ¿Le amas?
Inga sonrió ilusionada. —Muchísimo. Y él a mí.
Eso era evidente, siempre la miraba embobado. —Apruebo a Olef, es un buen chico.
—Es un hombre, en la última incursión fue muy valiente.
Hizo una mueca porque no es que hubieran vuelto con mucho, así que tendría que creerla. Suspiró mirando al techo. —Espero que os vaya muy bien.
—¿No vas a negarte? —preguntó insegura.
—No tengo derecho a decir a quién debes amar.
Inga sonrió. —Gracias.
—Me gustaría que esperaras un poco más.
—Ya estamos…
—No sé lo que dicen los jóvenes, pero a padre nadie le va a quitar el puesto, aquí estás segura.
—No seas ingenua, si no han hecho nada todavía es por ti.
Volvió la cabeza hacia ella sorprendida. —¿Por mí?
—Porque te temen a ti.
—Qué tontería.
—No es ninguna tontería, has sabido imponerte tanto que hasta podrías ser el jarl.
Desde luego estás mucho más preparada que el idiota de nuestro hermano.
Por Odín, si eres tú la que imparte justicia y atiende a los aldeanos.
Ahora que lo pienso, si te casaras con un gran jarl a padre no habría quien le tosiera.
Nadie se atrevería con él por miedo a las represalias.
¿Ves? Sería una buena razón para casarte.
Y no te preocupes por los niños, padre te los dejaría, estoy segura.
Suspiró. —Esta conversación es absurda, no voy a casarme con nadie. Empezando porque él no quiere y siguiendo porque yo tampoco.
Inga suspiró. —Seguro que no quiere porque le has gritado.
Hizo una mueca. —Puede que sí.
—Los hombres son muy tontos, si grito a Olef me mira como un corderito o se enfada muchísimo. No hay término medio.
Divertida preguntó —¿Y cuál es el término medio?
—Pues que intente razonar conmigo.
—Ah… Así que él debe ser diplomático mientras tú le gritas.
—Pues sí, en algo tendrá que esforzarse después de conseguir una mujer como yo para compartir su vida. Que menuda esposa se va a llevar.
—Cuando los dioses repartieron la modestia a ti no te dieron mucha, ¿no?
Inga se sonrojó. —No, a mí me dieron otras cosas como unos pechos abundantes.
No lo pudo evitar, se echó a reír y se tuvo que tapar la boca con la mano para que no la escucharan sus hermanas. Inga soltó una risita y se miraron a los ojos. Brynhild se emocionó. —Te voy a echar de menos cuando te vayas.
—¿A pesar de todos los problemas que te he dado? —Miró a su hermano y sus ojos se entristecieron. —No quería que se hiciera daño.
—Lo sé. Él también hizo mal, no es un bebé como para saber que no debía haber intentado quitarle el pez a su amigo.
—¿Crees que podrá coger la espada?
—Por supuesto que sí y será un gran guerrero. Como si tengo que atársela a la muñeca para que pueda sujetarla bien, pero será un gran guerrero.
—Si tú te empeñas en ello, lo será.