Niégame cuanto quieras Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Asintió mientras que ella inclinaba la cabeza en señal de respeto. —Espero que su estancia entre nosotros sea agradable.

—Lo será —dijo con voz grave estremeciéndola por dentro.

Al levantar la mirada se dio cuenta de que no le quitaba ojo y sin poder evitarlo se sonrojó con fuerza. Di algo, di algo. —¿Desea beber algo? ¿Hidromiel?

—Mis hombres y yo lo agradeceríamos.

Sus ojos fueron a parar a sus labios y su vientre se estremeció con una fuerza que la dejó sin aliento.

—Por supuesto —dijo el jarl encantado porque aparentemente no era el monstruo que le habían contado—. Ven por aquí, jarl.

Hrafn se alejó con su padre y varios de sus hombres se quedaron allí de pie.

Y eran increíblemente fieros. Cualquiera que fuera a luchar contra ellos, saldría corriendo al verles.

Tomó aire y sonrió para acercarse a ellos a toda prisa.

—Por favor sentaos, estaréis hambrientos del viaje, espero que disfrutéis de la cena.

—Les indicó las mesas y ella dio una palmada para que les sirvieran de inmediato.

Cuatro mujeres con jarras empezaron a servirles y se dio cuenta de que un hombre rubio enorme se sentaba de tal manera que no perdía de vista a su jarl. Ese era un buen guerrero.

Se volvió para ir hacia la mesa y Thora dejaba ante los jarl una gran bandeja con una empanada. Hrafn la miró sin entender.

—No es pan, dentro está relleno de carne. Pruébala, jarl, la hace mi hija.

—Puedes llamarme Hrafn. —Levantó la vista hacia ella. —Así que cocina.

—Mi hija sabe hacer de todo y cocina como nadie de por aquí. De hecho, fue mi mujer quien le habló de este plato, lo hacía una mujer de su aldea y mi Brynhild quiso probar. Hace maravillas con el horno. Hija, ¿has preparado ese postre que me gusta?

—Por supuesto, padre. Manzana con miel y hoy me ha salido especialmente bien.

—Ven, siéntate a mi lado —dijo el jarl satisfecho.

Se mordió el labio inferior y Thora gimió antes de alejarse.

Tampoco tenía tan mal carácter, qué tontería.

Se sentó al lado de su padre y sonrió apenas antes de coger el cuchillo y cortar la empanada para su invitado.

Se incorporó para poner su pedazo en su plato.

Le miró a los ojos sin darse cuenta. —No comas demasiado, después hay lechal.

—Tengo buen apetito, no creo que sea problema.

Su padre sonrió encantado. —Sobre todo resérvate para el postre, ese postre es digno de los mismos dioses.

—Padre, no exageres —dijo sonrojada.

Su tío se sentó a su lado, algo raro en él porque siempre quería sentarse al otro lado de la mesa con su mujer. —Empanada —dijo encantado.

—Y lechal, tío.

—Orvansen tienes que venir más a menudo —dijo Eigil con confianza.

—Tengo la sensación de que cenáis así prácticamente todos los días.

—Mi sobrina nos trata muy bien.

Se sonrojó aún más porque era raro que su tío la piropeara. —Exageran.

Hrafn levantó una ceja antes de coger la empanada y le dio un buen mordisco. Ella separó los labios impaciente por saber si le agradaba. Él hizo una mueca y cuando tragó dijo —Jamás he comido nada mejor.

Su padre sonrió orgulloso. —Pues ya verás el lechal.

—Hablando de lechales, necesito ganado.

—Por supuesto, por supuesto, tengo ovejas de sobra y a buen precio, pero ya hablaremos de ello, esta noche es para disfrutar.

—Nos vamos mañana.

—¿Mañana? —preguntó Brynhild decepcionada sin poder evitarlo.

Thora volvió a carraspear desde el hogar, pero ella no le hizo ni caso esperando su respuesta.

—Sí, tenemos que ir al norte, mi pueblo necesita caballos.

Su padre confundido dijo —Pero esperábamos que os quedarais unos días. Mi hija lleva días trabajando para vuestra visita y tengo entretenimientos preparados para…

—Siento que pensarais que nos quedaríamos, vengo a hacer negocios no a festejar nada.

Brynhild entrecerró los ojos. —Es de mala educación rechazar la hospitalidad de mi jarl cuando aceptasteis su invitación.

Todos se quedaron en silencio y medio salón la miró con horror.

Hrafn parpadeó como si eso no se lo esperara. —¿Acabas de decir que no tengo educación?

—¿Mi hija? Claro que no —dijo el jarl incómodo.

—Es lo que parece —dijo ácida contradiciendo a su padre —. Cualquiera pensaría que os quedaríais unos días.

—No es responsabilidad mía lo que piense tu padre —dijo entre dientes.

—Claro que lo es. Sino haber sido más claro.

¿O no enviaste mensaje por nuestro emisario y no nos dijo que te ibas a ir nada más llegar?

—dijo empezando a alterarse. No podía irse ahora, había trabajado muchísimo para esa visita.

Lo que sentía en el interior de su pecho mejor no analizarlo en profundidad—.

Pues podías haberle transmitido que solo te quedarías un día.

Él gruñó. —Tengo que ir a por los caballos antes de que lleguen las lluvias. Tengo obligaciones y las voy a cumplir.

—¿Caballos? —preguntó su tío poniéndose nervioso—. Hay caballos salvajes en el valle del otro lado de las montañas. —Te saldrían gratis.

Eso llamó la atención de Hrafn. —¿Gratis?

—¿Pero qué haces, tío? ¿Encima le vas a regalar nuestros caballos? —preguntó molesta levantándose—. ¿Encima que nos ha insultado?

—Hija, ¿por qué no vas a ver a Bjorn?

—¡Sí, será lo mejor porque al parecer se me va la lengua!

Varios gimieron y ella se volvió furiosa. —¿A que es la última vez que os hago empanada?

Agacharon la cabeza metiéndosela en la boca a toda prisa.

—Eso pensaba —dijo yendo hacia la escalera.

Agarró sus faldas y subió los escalones de dos en dos—.

Que se va mañana —dijo furiosa, pero de repente se volvió—.

¡Se han movido hasta las camas para que estuvieras cómodo! ¡A ver si eres un poco más agradecido!

Hrafn asombrado por su exabrupto miró al jarl. —¿Pero qué le pasa a tu hija?

—Tiene los humores algo alterados, no lo hace a mal.

—¡Padre no mientas, siempre soy así!

El jarl Orvansen se levantó. —¿Te he insultado, mujer?

—¡Sí! —Bajó un escalón mientras su padre ponía los ojos en blanco.

—¿Sabes todo lo que he tenido que hacer por tu visita?

¿Por la visita de tus hombres? He despejado varias casas para que tuvieran intimidad, he limpiado, ¡hecho camas y la comida para varios días!

Hemos matado animales, recogido hortalizas, ¡he limpiado la casa del jarl de arriba abajo!

¡He preparado tu habitación como si fueras un rey!

¡Ja! ¡Pero es obvio que no lo eres, un rey tendría modales!

—Y sin más se volvió subiendo los escalones que le quedaban dejándole con la boca abierta.

Su padre carraspeó. —¿Más hidromiel?

Hrafn frunció el ceño sentándose de nuevo como parte de sus hombres. —Sí que tiene los humores alterados, sí.

—Ya te lo decía yo. —El jarl gimió. —No la casaré en la vida.

—Estabas pensando en…

—No, ¿cómo iba a pensar…? —contestó Esben a toda prisa.

—¿Y eso por qué? —preguntó como si estuviera ofendido—. ¿Acaso no soy bastante para tu hija?

—No, claro que no. Quiero decir ¡sí, sí que lo eres! —Esben no sabía dónde meterse. —Eres mucho más de lo que merece.

Hrafn gruñó antes de meterse el resto de la empanada en la boca. —Pagaré por los caballos.

Esben sonrió. —¿De veras?

—Un precio justo.

—Son los mejores caballos que encontrarás jamás.

—Bien.

Brynhild desde arriba sonrió.

—Mis hombres se encargarán de capturarlos y de domarlos.

—No te arrepentirás, ya verás —dijo su tío encantado—. Pero jarl, quiero advertirte de que la niña no se morderá la lengua, no nos la mates en un arrebato.

—Yo no mato mujeres.

—Bien.

—Pero no puedo prometer que no le cortaré la lengua.

Ella jadeó y todos miraron hacia las escaleras. Thora puso la bandeja de lechal ante ellos y Hrafn sonrió de medio lado. —Veamos cómo está este manjar.