Niégame cuanto quieras Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Tu padre últimamente está dejando sus funciones a un lado, eso es evidente por el estado de nuestro pueblo, pero ha sido un gran jarl.

—El otro día oí como uno de sus guerreros le criticaba.

—¿Y está vivo para seguir dando la lengua?

—¿No pasó por aquí para que le vieras? Le rompí el brazo de un batacazo que le metí con un tronco.

Divertida le vendó la herida. —¿Hablas de Ivar? Me parece que ya has perdido otro pretendiente.

—Bah, es idiota —dijo con rabia porque había pensado seriamente en casarse con él, pero ahora ni hablar, no pensaba unirse con un hombre que no defiende a su familia.

—Niña, a este paso no van a quedar hombres en el pueblo que quieran tu mano. Tu belleza no hace que sean ciegos, ni sordos, porque tienes una lengua… Debes ser más cuidadosa, tener más mano izquierda, la gente empieza a pensar que…

—¿Qué?

—Que eres intratable.

—¿Yo? —preguntó pasmada—. Si tengo el mismo carácter que mi madre, padre siempre lo dice.

—Ya, ya.

—¿Insinúas que mi madre no era afable, buena y querida por todos?

—Era todas esas cosas y muchas más. Algunos todavía recuerdan —dijo por lo bajo.

—Era buena persona. —No podía estar más sorprendida. —¿No piensas lo mismo?

—Sí que lo era, una de las mejores personas que he conocido jamás, pero eso no significa que cuando veía algo que no estaba bien, se pusiera como si Loki la hubiera poseído y no me digas que no lo recuerdas.

—¿Insinúas que no toleraba las tonterías? —Entrecerró los ojos y sonrió. —Me parezco mucho a ella, ¿verdad?

—Eso mismo estaba diciendo yo.

—Bien. —Se levantó y se miró la mano. —¿Cuándo puedo quitarme esto?

—Ni se te ocurra quitártelo hasta que no cicatrice.

Gruñó yendo hacia la puerta. —No creo que aguante mucho ahí, tengo que comprobar que todo está bien para la cena.

—Niña, hablo en serio, deja que trabajen las demás. ¿Por qué no vas a dar un paseo?

—¿Ahora? No queda nada para que oscurezca. Además, tengo que ir a cerciorarme de que mis hermanos ya hayan cenado —dijo saliendo de la casa. De repente metió la cabeza y sonrió—. Gracias por curarme.

Arna sonrió. —Niña, no ha sido nada.

—Eso mismo decía yo.

Cuando cerró la puerta suspiró. —Esta niña…

Su hijo salió de detrás de la cortina. —Madre, como siga alterando a los hombres, al final se enfadarán y tomarán una mala decisión. Puede que alguno pierda la paciencia y le haga daño. El jarl tendrá que matarlo y puede que no salga nada bueno de ello. El jarl podría morir.

—Lo sé —dijo preocupada sentándose a la mesa—.

Hoy hemos tenido suerte y Eigil ha dado con la clave, se ha dado cuenta de que un buen matrimonio sería ideal para solucionar el problema.

La niña tiene los humores alterados porque es muy apasionada y necesita un hombre que guíe esos impulsos.

No quiero ni pensar lo que ocurriría si un día se extralimita con el jarl…

—Tendrá que castigarla y Brynhild no se lo tomará nada bien.

—¿Qué hacemos? Hay que encontrarle un marido adecuado antes de que ocurra algo irreparable.

Gunnar se sentó a su lado y se acarició su larga barba castaña.

—Pues tendremos que hacerlo nosotros. Los hombres se han dado por vencidos antes de empezar y hace un rato escuché hablar al jarl con su amante, le decía que no se le ocurría nadie que mereciera a su hija, estoy seguro de que ya se ha olvidado del asunto.

—¿Pero quién? ¿Es cierto que ese hombre es un asesino?

—¿Hablas de Hrafn Orvansen? Madre, ni lo pienses siquiera, ese hombre no tiene corazón. Mató a todo un pueblo porque le robaron la cosecha.

—¿De veras? —preguntó asombrada—. ¿Es despiadado?

—El más despiadado. Le temen en todas las tierras del norte.

La última vez que fui a Heirst, estaba allí y la gente se apartaba a su paso como si fuera el mismísimo Loki.

Allí me enteré de quién le hizo la cicatriz que atraviesa su espalda.

Le intentó matar su propio hermano cuando tenía catorce años.

—¿Por la espalda?

—Su hermano era el mayor, pero Hrafn ya luchaba mucho mejor que él. Creyendo que en el futuro le quitaría su puesto, quiso matarle, ¿sabes lo que hizo su padre en cuanto se recuperó?

—No, ¿el qué?

—Hizo que se retaran a muerte.

—¿No castigó al mayor por lo que había hecho?

—No. Dejó que Hrafn aplicara justicia y vaya si la aplicó.

—¿Le mató?

—Le venció claramente incluso con tres años menos y le cortó la mano derecha.

—La mano de la espada.

—Le dijo que Odín decidiría su destino. Murió dos semanas después.

—Se le envenenó la sangre.

—Todos creyeron que Odín había tomado partido.

Desde entonces todo el mundo sabía que iba a ser jarl.

Y sus hombres le adoran, le consideran casi un semidios.

Su palabra es ley y no solo en su pueblo.

Me han dicho que varios jarl le tratan como a un rey.

Le agasajan y le entregan regalos para ganarse su amistad.

—Pero fue magnánimo con su hermano, no puedo creer que cambiara tanto, ¿estás seguro de lo de ese pueblo que masacró?

—Eso se dice, madre.

—No me lo creo. Alguien cruel hubiera matado a su hermano sin dudar.

—Madre, han pasado algunos años de eso. La vida le habrá endurecido.

Arna entrecerró los ojos. —Me gusta. —Se levantó decidida y fue hasta la puerta.

—Madre, ¿pero qué dices?

—Es un hombre justo. Detrás de un gran hombre siempre hay muchas historias. ¿Acaso no decían de nuestro jarl que de joven arrancaba cabezas?

Su hijo parpadeó. —¿Acaso no lo hacía?

—Bah, lo hizo un par de veces, ¿pero ves cómo la gente exagera? —Salió de la casa.

—Madre, que nos vas a meter en un lío. Como Brynhild le insulte y sabes que es lo más probable, nos matarán a todos.

—Tonterías, la niña solo le insultaría si se siente insultada —dijo llegando a la casa del jarl.

Al abrir la puerta vio como los hombres se estaban sentando para cenar y escucharon —¡Maldito puerco egoísta! —gritó su niña haciéndola gemir—. ¡Siéntate a la mesa antes de que pierda la paciencia!

Vieron como su primo dejaba el muslo de pollo en la bandeja que estaba ante el jarl antes de sentarse a toda prisa a la mesa como le había ordenado.

—Madre, que acabamos en guerra.

—Gunnar no seas agorero.

—Es una posibilidad.

Arna decidida se acercó a su jarl y este le sonrió. —Vieja, ¿te unes a nosotros? Hoy la cena es especialmente apetitosa.

—Gracias, mi jarl. Me encantará.

Brynhild sonrió. —Sentaos, sentaos…

La curandera se sentó a la izquierda de su jarl. —Es raro en ti que te animes a cenar con nosotros. —Esben estaba entusiasmado. —Estaremos encantados de escuchar tus historias.

—Pues mi jarl, tengo una que te va a fascinar.

Mordió una zanca de pollo y con la boca llena dijo —Cuéntame vieja, me entretienen mucho tus antiguas andanzas.

—No se trata de mí, jarl. Te voy a contar la historia de un gran guerrero…

Su hijo gimió a su lado y Brynhild se sentó sonriendo. —¿Un gran guerrero?

—Un gran hombre que ya apuntaba maneras cuando era un jovencito.

Empezaré mi historia cuando el chico tenía doce años.

—Su hijo la miró de reojo y ella le dio una patada en el tobillo haciéndole gemir.

Arna sonrió. —El más valiente de los suyos, tanto que su jarl, que era su padre, estaba tremendamente orgulloso de él. El mejor con la espada…

—¿Con doce años? —preguntó su jarl incrédulo antes de beber de su hidromiel.

—Imagínate jarl, la gente decía que algún dios había bendecido la semilla de su padre al engendrar a la hembra que le dio a luz.

—¿De veras? —preguntó Brynhild con admiración.

—Sí, niña. Sus dones eran tales, que cosechaba tantos amigos como enemigos a partes iguales, pero de quien no se esperaba ese odio, era de su propio hermano mayor.

Brynhild entrecerró sus hermosos ojos verdes. —Le tenía envidia.

—Una envidia negra como la noche que fue creciendo a medida que crecían los chicos.

Su jarl no se daba cuenta de lo que ocurría entre sus hijos.

Nuestro héroe quería ignorar los malos comentarios de su hermano, los golpes cuando practicaban con la espada, la herida que hizo en su pierna aparentando un descuido.

Una noche, cenando como nosotros hacemos ahora en la casa del jarl, el chico se fijó en una muchacha, era bonita y reía con su familia en una mesa apartada.

La chica le miró y cuando se inició un baile terminaron girando.

Su hijo la miró de reojo como si estuviera mal de la cabeza, pero ella le ignoró. —Bailaron y bailaron, la chica reía.

—¿Pero si vivía allí acaso no la conocía? —preguntó Brynhild confundida.

—No, no la conocía porque era una prima lejana de una de las familias que habían ido de visita —dijo molesta—. No me interrumpas, niña, que llega lo mejor.

—Continúa, continúa —dijo el jarl intrigado—. ¿Qué ocurrió después?

—Su hermano hirviendo de furia porque ya había puesto los ojos en ella, se levantó con la espada en la mano y atacó a su hermano con saña, cortando su espalda de parte a parte.

—Brynhild jadeó. —El jarl creyendo a su hijo muerto, se levantó y desarmó a su hijo mayor que soltó una risotada antes de escupir en el rostro de su hermano.

El jarl furioso hizo que le prendieran y le encerró en una celda.

—¿Qué pasó con su hijo menor? —preguntó Brynhild impaciente.

—Temieron por su vida durante días, pero su fuerza interior hizo que se repusiera.

Cuando su padre consideró que se había recuperado del todo, sacó a su hermano de la celda y le puso ante él.

¿Quieres matar a tu hermano? Inténtalo ahora.

Los hermanos lucharon a muerte y nuestro chico demostró que era muy superior, incluso después de su convalecencia.

—Varias suspiraron. —Y cuando pudo traspasarle con su espada no lo hizo.

—Todos la miraron con los ojos como platos.

—De pie ante su hermano dijo, será Odín quien marque tu destino y con un golpe brutal le cortó la mano que aún tenía la espada.

Nuestro guerrero miró a su padre y dijo yo seré el jarl de tu pueblo, padre, yo seré su líder y levantando su espada gritó con una ferocidad que ese grito recorrió los mares.

Su hermano como si hubiera sido maldecido por el mismísimo Odín, murió días después.

Su sangre ya envenenada desde hacía años, le mató con terribles sufrimientos y nuestro guerrero se convirtió en un gran hombre para su pueblo.

—Yo le hubiera matado —dijo el sobrino del jarl.

—¿Matar a su propio hermano? —preguntó Brynhild—. Hizo bien, dejó que nuestro dios de dioses decidiera su destino. Si le hubiera matado, sería algo que jamás podría olvidar, pero demostró contención e inteligencia.

—Bien dicho, hija. ¿Aún vive ese guerrero, vieja?

—Oh sí, mi jarl. Aún es joven y todos los pueblos del norte le temen por su ferocidad al defender a los suyos. Le ocurre como cuando era casi un crío, unos le temen y otros le aman.

—¿Y quién es ese gran guerrero? ¿Le conozco?

—No lo sé, mi jarl. ¿Conocéis a Hrafn Orvansen?

Esben entrecerró los ojos. —Ciertamente es temible.

—¿Le conoces, padre? —preguntó Brynhild tan interesada que ni había empezado a cenar—. ¿Has oído antes hablar de él?

—Sí, hija, y no todo es bueno —dijo mirando a la vieja de reojo.

—Exageraciones, jarl. A todos los grandes hombres les pasa. —Cogió un muslo de pollo y empezó a cenar.

—¿Eso crees, vieja? Pues cuando dijeron de él que había asaltado dos barcos que llegaban de las incursiones, me lo creí.

—Algo harían —dijo con la boca llena—. Como esos que le robaron, solo defendía lo suyo. Aplicaba justicia.

—¿Así que le conoces, padre? —preguntó de nuevo impaciente —. ¿Le has visto alguna vez?

—No, en persona no le conozco. Es el tipo de hombre con el que no quieres tener problemas.

—¿Le invitamos? —preguntó ilusionada haciendo que toda la mesa la mirara como si tuviera cuernos—. Nunca invitamos a nadie interesante, ¿no os morís por conocerle?

Todos negaron con la cabeza, todos excepto la vieja que sonreía. —¿A que es buena idea, Arna?

—Buenísima —dijo la vieja.

Eigil sentado al otro lado de la mesa se levantó. —Jarl, no creo que esa invitación sea adecuada, tiene muy mala fama con las mujeres y si ve a tus hermosas hijas puede encapricharse. Decirle que no, puede tomarlo como una afrenta.

—Yo no le diría que no. —Todos miraron a Brynhild que se sonrojó. —Sería amable al rechazarle.

—Un mal gesto a ese hombre y acabaríamos en guerra —dijo su tío.

—¿No tenéis curiosidad?

Esben negó con la cabeza. —La curiosidad mató al gato, niña. Déjate de historias que ahora no tenemos conflictos con nadie.

Brynhild miró a la vieja que sonreía por dentro por el interés de la niña, ahora sabía que tenía razón. —Pues es una pena que no le invites, mi jarl, tengo el presentimiento de que sería una visita muy ventajosa para ti.

Su jarl se tensó. —¿Un presentimiento?

—Sí, mi jarl, y sabes que siempre acierto.

—Sí… —Se pasó la mano por la barba. —Ventajosa, ¿eh?

—Mi jarl, si la vieja dice eso debemos invitarle —dijo Owen—. Hay que hacer caso a los presentimientos de la curandera, siempre da en el clavo.

Varios asintieron.

—El jarl Orvansen puede presumir de su oro —dijo uno de sus hombres—. Un año fue muy al norte a matar osos y focas, dicen que trajo tantas pieles que le hicieron muy rico. Y en sus incursiones al sur no tiene rival, siempre vuelven con su barco lleno.

Arna sonrió. —Eso crea enemigos, mi jarl. Muchas malas lenguas atacando al jarl.

—Sí… —dijo su padre haciendo que el corazón de Brynhild diera un vuelco.

—¿Le vas a invitar, padre? —preguntó su hermano Arvid.

—Por Thor, claro que sí. —Rio golpeando la mesa. —Veremos cómo es ese hombre. Enviaré un emisario que le diga que quiero negociar con él con las ovejas. Si es listo, vendrá.

Brynhild sonrió sintiendo una excitación que no había sentido nunca. Hrafn Orvansen… Estaba deseando conocerle.