Niebla mental 1
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Hay noches en las que el silencio pesa demasiado, y las sombras de lo que aún no entiendes parecen arrastrarte. El nombre de Macarena Banderas y la mirada desesperada de Daniel Miralles no dejaban de rondarme la cabeza como un eco constante.

Encendí otro cigarro , el cuarto en menos de una hora , y me senté frente al ordenador en el despacho de la comisaría .

M e tocaba otro interminable turno nocturno y la cosa andaba tranquila, justo lo que menos necesitaba para seguir dándole vueltas al tema.

La pantalla parpadeó, iluminando el cuarto oscuro mientras tecleaba "Macarena Banderas" en el buscador. Los resultados eran… inquietantes.

Encontré un par de artículos viejos de revistas de investigación, un libro escrito hace años …

Era periodista, sí . Y buena . P ero parecía que había desaparecido de la escena hacía meses .

S u último artículo había sido sobre algo relacionado con la industria farmacéutica, pero la página estaba caída.

Más abajo, una foto de ella en un evento de prensa.

La misma sonrisa que Daniel había descrito, la misma mujer que decía estar desaparecida.

Algo no encajaba, mi instinto me lo gritaba . N adie desaparece de esa manera sin que haya ruido . N adie . A menos que alguien muy poderoso se asegure de no dejar rastros.

Ramírez entró al despacho, sacudiendo una lata de refresco.

—¿Sigues con eso? —preguntó, echándome una mirada de soslayo.

—Sí.

—Gutiérrez, suelta el hueso. No hay caso.

—Entonces, ¿por qué diablos mi instinto me dice que sí lo hay? —gruñí, apagando el cigarro en un cenicero rebosante.

Él soltó una carcajada y se dejó caer en la silla frente a mí.

—Tu instinto también te dijo que aquel caso de los relojes de lujo tenía que ver con tráfico de diamantes . R esultaron ser falsificaciones de Tailandia, ¿te acuerdas?

No le respondí, porque esta vez era diferente . A lgo me decía que, si soltaba este caso, nunca sabríamos la verdad.

—Mira, si quieres ayudarme bien, sino pues nada , déjame a m í. T engo que desc ubr ir la verdad .

No dijo nada más . S e levantó, dio un trago a su refresco y se fue mascullando algo sobre locos obsesionados con cosas que no existen.

Horas después di con algo . E ra un foro .

U no de esos rincones de Internet donde la gente dice cosas que no se atreve a susurrar ni a su sombra.

Al principio, parecía un lugar como cualquier otro, lleno de conspiranoicos hablando de teorías absurdas, pero entonces apareció un usuario con el alias "Deep Code".

Su mensaje estaba anclado en lo alto de un hilo que llevaba semanas sin actividad:

—Si alguien está buscando respuestas, sé lo que ocurrió en el estudio experimental, toda ayuda es bienvenida tenemos que acabar con esto y con el verdadero causante de todo.

Me recosté en la silla, leyendo esas palabras una y otra vez . Q uien quiera que fuera Deep Code, sabía algo. Algo importante.

No lo pensé dos veces. Creé un usuario anónimo y envié un mensaje privado: ¿Qué sabes del caso Macarena Banderas?, ¿ C onoces a Daniel Miralles?, ¿ T ienen que ver con el estudio experimental que comentas?

Me quedé mirando la pantalla del ordenador, esperando que Deep Code contestara.

Había algo extraño en la forma en que escribía, algo que no terminaba de cuadrar.

Cada mensaje suyo era preciso, casi quirúrgico, como si cada palabra estuviera medida para no revelar más de lo necesario.

Pero había algo más. Un deje de emoción contenida.

Decidí probar otra táctica. A veces, la verdad, incluso cuando parece insignificante, es suficiente para romper el hielo : “ No sé quién eres, pero estoy seguro de algo: si sabes lo que le pasó a Macarena Banderas, también sabes quién es Daniel Miralles ” .

El cursor parpadeó, inmóvil, como si la otra persona al otro lado del chat se hubiera congelado.

Durante casi un minuto no hubo respuesta.

Pensé que la había perdido. Pero entonces, llegó el mensaje: “ ¿Por qué mencionas a Miralles?, te concederé mi ayuda si me das algo a cambio . D emuéstrame de que le conoces ” .

Me apoyé en el respaldo de la silla, pensando en mi siguiente jugada.

“ Porque Daniel es el único que sigue buscándola, a pesar de que todo apunta a que no existe. Me contó que trabajaron juntos en un proyecto, que estaban investigando y que no paraban de seguirles. A él le han dado una paliza y a ella la han secuestrado, supuestamente.

Dice que ella es lo único que le queda ” .

Otra pausa. Sentí el peso del silencio incluso a través de la pantalla. Finalmente, dos palabras aparecieron en mi pantalla: “Quiero inmunidad”.

Salí del pequeño despacho donde había estado interrogando a mi pantalla . M i compañero, Ramírez, levantó la vista de su café.

—¿Todo bien, Gutiérrez? Pareces haber visto un fantasma.

— Tenemos un nombre —respondí, con una mueca de cansancio—. Deep Code.

Arqueó una ceja y dio un sorbo a su café, claramente esperando que continuara.

—¿Y quién demonios es? ¿Una hacker? ¿Una espía?

—Algo así —respondí, tomando asiento frente a él—. Resulta que es la pareja de Daniel . B ueno, o era.

El café casi sale disparado de su boca.

—¿Me estás diciendo que el tipo que seguimos por un secuestro y una paliza está conectado con una hacker que también es su ex? Esto empieza a sonar a novela de conspiración barata.

—Pues ve acostumbrándote, porque la trama no hace más que complicarse.

Le expliqué lo que Deep Code había revelado sobre el accidente de Daniel y cómo, aparentemente, Venados estaba relacionado con todo . E ste escuchaba con los brazos cruzados, su expresión enriqueciéndose con cada palabra.

—Esto es grande, Gutiérrez. Demasiado grande . Si lo que dices es cierto, Venados no es solo un empresario corrupto. Está manejando un tablero que ni siquiera podemos imaginar.

—Y por eso necesitamos a Deep Code —respondí—. Ella tiene información que puede ser clave para encontrar a Macarena . P ero hay un problema.

—¿Cuál?

Suspiré, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de decir.

—Quiere que la protejamos . D ebe estar metida hasta las cejas , pero quiere que Venados pague.

Ramírez dejó escapar un silbido bajo, sacudiendo la cabeza.

—Nos está poniendo entre la espada y la pared . S i esto se filtra, no solo estaremos comprometiendo la investigación, sino nuestras propias carreras . E se hombre es demasiado poderoso y puede acabar casi con cualquier a.

—Lo sé. Pero si Macarena está viva, no podemos ignorar esta pista.

Mi compañero asintió lentamente, reconociendo la gravedad de la situación.