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Me crucé de brazos, tratando de procesar todo . Zero, el laboratorio, el artículo... todo parecía una maraña de coincidencias imposibles . P ero había algo en Daniel, algo en su manera de hablar, que me hizo pensar que tal vez no estaba tan sola como creía.
—Está bien — dije finalmente. Si Zero confía en ti, supongo que yo también puedo hacerlo . P ero más te vale no decepcionarme, Daniel.
Él rió, poniéndose de pie.
—Tranquila, si algo sé hacer, es no rendirme.
Ese chico tenía un don, no había otra manera de describirlo .
P oco a poco, sus palabras iban tejiendo una red invisible a mi alrededor, atrayéndome como si fuera una serpiente hipnotizada por el sonido de una flauta .
N o era solo lo que decía, sino cómo lo decía: con una mezcla de pasión y convicción que hacía imposible no escucharle.
Mientras hablaba de Zero, de sus teorías y de lo que sabía sobre el Proyecto Libertad, me di cuenta de que cada palabra parecía tener un propósito . N o había un solo titubeo, ni una pausa que sugiriera duda, Daniel creía en lo que decía, y esa certeza tenía un efecto inquietante.
—Zero dice que todos estamos atrapados en una especie de niebla — continuó, mirándome con esos ojos que parecían ver más de lo que yo quería mostrar — . Una niebla mental que nos impide cuestionar, actuar, ser libres . Y su idea es simple: despejar esa niebla y devolverle a la gente el control.
— ¿ Y cómo piensa hacerlo? —pregunté, aunque la parte lógica de mi cerebro me decía que no era buena idea entrar tan rápido en su juego.
Daniel sonrió, y por un momento me pareció ver un destello de desafío en su expresión.
—Con la verdad — respondió, como si fuera la cosa más obvia del mundo — . Con personas como tú y como yo, que no tienen miedo de exponer lo que está mal . P ero no es fácil, por eso necesitamos estar unidos, cada uno tiene un papel que jugar.
Me crucé de brazos, tratando de no dejarme llevar por su entusiasmo.
— ¿ Y cuál es mi papel exactamente?
Daniel se acercó un poco más, su voz bajando hasta convertirse en un susurro.
—Tu papel es el de periodista. T ienes las palabras, el alcance, tu presencia en el estudio y la escapada. F ue el primer golpe, pero hay mucho más por hacer . L a gente necesita escuchar lo que tienes que decir, Maca, porque si no lo haces tú, nadie lo hará.
Me quedé mirándolo, intentando decidir si su sinceridad era genuina o si todo esto era solo una manera muy elaborada de manipularme, pero lo que me desconcertó fue darme cuenta de que quería creerle.
—Eres bueno, Daniel — dije finalmente — . Demasiado bueno,espero que esa habilidad tuya no sea solo para convencer a la gente de que haga lo que quieres.
Él rió, con esa risa cálida que parecía capaz de desarmar cualquier duda.
—Solo la uso para las cosas importantes, te lo prometo.
A pesar de mi intento de mantenerme neutral, Daniel seguía hablando con esa habilidad suya de hacer que cada palabra pareciera una revelación . E ra como si hubiera nacido para esto: para convencer, para inspirar, para arrastrarte a su causa sin que te dieras cuenta.
—¿Sabes? — dijo, inclinándose un poco hacia mí como si estuviera a punto de contarme un secreto — .
Cuando dejé el hospital, pensé que había perdido mi propósito.
M e sentía vacío, como si todo aquello por lo que había trabajado no tuviera sentido .
P ero entonces encontré mi camino , encontré a Zero y ahora estoy aquí, hablando contigo .
Y c reo que tú también puedes encontrar tu propósito en todo esto.
Me mordí el labio, sintiendo cómo las palabras resonaban dentro de mí más de lo que quería admitir . N o estaba segura de si era su tono, su mirada, o simplemente el hecho de que, después de todo lo que había pasado, necesitaba aferrarme a algo.
—No sé, Daniel — murmuré, bajando la mirada — . Todo esto es demasiado . N o soy una heroína, solo soy una periodista que se metió en algo mucho más grande de lo que esperaba.
—Exacto — respondió él, sin dudar ni un segundo — . Eso es lo que te hace perfecta para esto . N o necesitas ser una heroína, solo necesitas ser tú misma, decir la verdad . T odo lo demás caerá por su propio peso.
Su respuesta me desarmó . N o porque fuera particularmente profunda, sino porque lo dijo como si fuera lo más sencillo del mundo.
—¿Y qué pasa si no funciona? —pregunté, mi voz más suave de lo que esperaba — . ¿Qué pasa si todo esto es en vano?
Daniel me miró fijamente, con una seriedad que no había mostrado hasta entonces.
—No va a ser en vano, porque aunque no logremos cambiar todo el sistema, cada persona que despierta, cada mente que se libera, es una victoria . Y eso es lo que importa.
Quise responder, pero antes de que pudiera encontrar las palabras, un sonido agudo interrumpió nuestra conversación . Daniel sacó su teléfono y miró la pantalla con el ceño fruncido.
— ¿ Qué pasa?—pregunté, alerta.
—Es Zero — respondió, levantándose rápidamente — . Tenemos un problema.
Mi corazón se aceleró mientras lo seguía hacia la pizarra llena de anotaciones . A lgo en su tono me decía que las cosas estaban a punto de complicarse aún más.
— ¿ Qué tipo de problema?
Él me lanzó una mirada seria, casi como si estuviera calculando cuánto debía contarme.
—Nos han encontrado.